La vendimia

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Uno de los días en que Paco no se echó al monte, se enteró de que buscaban personal para trabajar y fue raudo hacia la plaza mayor. En la fuente de los Cuatro Caños, junto al abrevadero, se ajustaban las cuadrillas necesarias para la recogida de la uva en las tierras del señor don José Guzmán de Tuetana.

Pasado el verano, octubre era un mes de mudanza y, a mediados, estaban a expensas de si había llovido o si el otoño llegaba con sequía. Pero aquel año hubo algunas tormentas que proporcionaron lluvias copiosas, lo que facilitó que la uva madurara temprano en las viñas.

Colgaron una nota en la puerta de la cantina a modo de información, en la que figuraban la convocatoria, el lugar y la hora. Cuando llegó Francisco, ya estaba dispuesta una pequeña mesa junto a la fuente. De pie, el capataz organizaba al grupo de personas, ordenándolas en fila para que pasaran por turno a anotarse. Sentado, iba apuntando en una cuartilla a los hombres afortunados, aceptando también a alguna mujer que había trabajado en temporadas pasadas, pues había quedado satisfecho con su desempeño. A ellas les pagaba una perra gorda menos por jornada.

Cuando comenzaba a clarear el cielo, a primera hora del día, se ponían en marcha los carromatos cargados de braceros. Al adentrarse por las tierras, ribeteadas por orillas de hinojo y retama, observaron que el terreno plantado de viñas era calizo y de un color rojizo.

En plena faena, y después de toda la mañana, mi abuelo, con los riñones doloridos, se incorporó y observó a las cuadrillas de gente trabajando entre las verdes vides. El ambiente era fresco. El aire arrastraba el aroma del mosto de las uvas recién cortadas. Los hombres, agachados para tomar los racimos, algunos provistos de ligeros sombreros de paja, y las mujeres con pañuelos en la cabeza para soportar el intenso calor. Y, en derredor, un continuo trajín de carromatos tirados por mulas transportaba kilos y más kilos de uvas hasta el lagar, y de ahí a la bodega, donde se encargaban de transformar el mosto en vino, que envejecía en barricas de roble.

 

http://www.cortorelatos.com/autor/6585/victoriano-sanchez/


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