Desde pequeño, supo manejar a la perfección los recursos naturales que le brindaban los bosques que rodeaban el pueblo que le vio nacer. Durante una etapa de su vida dedicada al pastoreo, supo aprovechar cada materia prima hasta su último ápice de utilidad. Mi abuelo elaboraba escobas rudimentarias hechas con ramas de brezo.
Las escobas de brezo se utilizaban tras las faenas del trillado que se llevaban a cabo en las eras, para barrer y amontonar el trigo una vez separado de la espiga. El suelo de las cuadras y corrales quedaba totalmente saneado tras realizar una exhaustiva labor de barrido, pues el cepillado que ejercían las duras y flexibles cerdas de brezo facilitaba el desprendimiento del estiércol que acababa compactándose en la solera de los establos. También se utilizaban en las tareas del hogar, especialmente en la limpieza de escaleras, portales y entradas de las casas.
El material lo recolectaba en el sotobosque de los pinares, donde la sombra de los árboles, junto con el *ramoneo ejercido por las ovejas, provocaba los efectos deseados sobre el crecimiento y la mayor flexibilidad del ramaje de los brezos. Recolectaba el material vegetal con las medidas adecuadas para dejarlo deshidratar durante un período de mes y medio.
Juntaba varios matojos de brezo y los ataba con un delgado cordel para sujetarlos. A continuación, comenzaba a enrollarlos con un alambre fino y flexible, dándole varias vueltas. Luego los dejaba en el suelo y, pisando el matojo con los pies, tensaba el alambre para atarlo firmemente. Finalmente, con el hacha, recortaba el sobrante.
Preparaba un palo de madera de fresno, limpiándolo de restos de corteza e imperfecciones con una hacha de mano. Hincaba el palo en la gavilla, golpeándolo por un extremo contra el suelo para propiciar que se clavara en el penacho. Mi abuelo sabía que era importante que la penetración se realizara lo más aproximadamente posible al centro de la base del cepillo.
Estaba orgulloso de mantener vivas sus viejas costumbres y tradiciones.
Nota de autor
Ramoneo: pacer, pastar, rumiar
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