Ya te deseaba...

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Mario es uno de mis mejores amigos, me duele que mi suerte a veces me traiga eso que tanto deseo, pero en momentos que no son los apropiados, mi amigo y yo, nos conocíamos hace unos varios años, el comenzó a trabajar en una tienda de esas que “mejoran tu vida” comenzó como un vendedor, luego fue ascendido y finalmente se convirtió en gerente, un logro del cual me hizo partícipe invitándome a cenar en su casa. Una cena pequeña pero importante, y me alegro siempre por el éxito de las personas que quiero.

Pues los azares del destino me llevaron a su casa, en ella se encontraba su esposa, sus dos hijos y Abigail, la esposa de su hermano, Abigail es una persona que en años atrás conocí, una mujer que le gustaban las fiestas y con la que amanecía bailando y a veces terminábamos tan ebrios que, uno de los dos tenía que ir a dejar al otro a su casa, sobra decir que ella y yo nos revolcamos muchas veces pero los años pasan y las ganas se sienten en momentos iguales. Y a veces… Muy superiores.

 

Llegamos a casa de Mario, mi esposa, mi hijo y yo, el nos recibió muy a gusto y su esposa con ese cálido abrazo de siempre, algunos otros amigos llegaron y unos colegas de su trabajo también estaban en la mesa, Braulio, su hermano no estaba en la casa, y Abigail estaba mirándome muy curiosa mientras mi esposa nos daba espacio, fugaces miradas y pequeños coqueteos me estaban poniendo caliente, ella ayudo a la esposa de Mario a servir la comida, cuando se acerco a mi me pego su delicioso culo en mi brazo y al servirme refresco, sus pechos se apretaron en mi espalda, de solo sentirlos recordé esos momentos en los que después de ir a bailar, nos hacíamos el amor con lujo de descaro pues generalmente cogíamos en la intemperie y donde cayera pues a esa hora ya nadie nos veía.

-Amor, me pasas otro vaso? –Mi esposa me regreso a la realidad.

-Claro mi amor, aquí esta.

Abigail se sentó frente a mí en la mesa, muchas pláticas y risas pasaron mientras comíamos pero ella seguía tentando mi pasión y estaba cayendo en su juego. Un pie toco el mío por debajo de la mesa, era su pierna que estaba tocando mi rodilla, la mesa no era tan ancha y pude levantar mi pie subiendo su hermoso vestido beige, que tenía un cierto vuelo y sentí como sus piernas apretaron mi pie entre ellas.

Mi esposa recorría a Abigail y se dio cuenta de que algo estaba pasando, entonces yo me concentre en la cena y eso disipo un poco las sospechas, cenamos, nos tomamos unas cervezas y el tiempo transcurrió, de la mesa pasamos a la sala y mi esposa y yo, nos sentamos en uno de los sillones, comenzó la música y mi hijo ya tenía sueño y pregunte a Mario si podía dormirlo y el me dijo que subiera a su cuarto y que lo acostara en su cama. Así lo hice, subí a su habitación y me quede unos minutos con mi hijo mientras se dormía, por fortuna se quedo dormido en menos de dos minutos y lo tape bien, apague la luz y al cruzar la puerta, algo me detuvo.

 

-Cuanto tiempo sin verte, no sabes lo bien que te pusiste. –Abigail estaba casi frente a la puerta, con el vestido recorrido y mostrándome sus firmes y deliciosas piernas.

-Fíjate que me estaba acordando de las cogidas que nos dábamos y se me está antojando una.

-A mi también pero…

No me dejo terminar la frase, sus manos me empujaron adentro del cuarto oscuro de Mario, me beso y me recargo en la puerta semi abierta y comenzó a desabrochar mi pantalón, sus besos me recorrían el cuello y mis manos estaban subiendo su vestido y me dejaban sentir lo suave y grande de su culo, lo abrí y mis dedos tocaron su ano por encima del hilo de su tanga. Ella gemía como puta y la adrenalina nos tenía respirando muy fuerte, abrí más sus nalgas y mis dedos recorrieron su calzón y penetre su vagina y para no variar, ella ya estaba muy mojada.

No esperamos mas y ella se puso frente a la pared parando su culo y recorriendo su vestido, yo ya tenía el pene de fuera y solo tuve que hacer a un lado su delgada tanga, la penetre y un calor sorprendente me cubrió, estaba tan lubricada que al meterme hasta el fondo, sus fluidos comenzaron a resbalarme en los muslos mojando también sus piernas, me moví fuerte y jale su pelo y ella quería gritar, tome un pañal de mi hijo y se lo di a morder, la cogía fuerte y muy caliente, de pronto una voz se escuchaba en la sala. Era Braulio, el hermano de Mario y esposo de Abigail, que la estaba buscando en la sala y pedía que fuera. Quise pararme pero ella no me dejo.

-Sigue papito, sigue que me voy a venir, sigue por favor papito. –No podía dejarla a medias y continué bombeándola fuerte.

Seguí  hasta que ella exploto de placer tan rico que sus líquidos bajaban por sus piernas hasta las rodillas, gimió ahogando sus gritos en la pared y sentirla así me hizo convulsionar. Ella al sentirlo se puso de rodillas y comenzó a darme una chupada exquisita, me masturbaba y finalmente mi semen salió disparado en su boca, cada que un chorro salía ella sin dudarlo lo tragaba y me sigui chupando hasta que dejo mi verga limpia y pulcra, un beso mas y ella salió corriendo al baño, Braulio le volvió a gritar, ella contesto desde el baño.

-Ya voy… no dejas que uno valla al baño en paz. –la veía desde la puerta y ella paso por mi puerta dándome otro besito. Puso cara de enojada y camino hasta la sala.

-Que tantos gritos carajo, uno ni al baño puede ir. -Su marido intento acercarse a ella pero Abigail se hizo la ofendida para que no se diera cuenta.

“mujeres tan cabronas”

Pensé que una mujer es tan perfecta disimulando que es increíble como lo hacen, entre nuevamente en el cuarto a relajarme, tome una toalla húmeda de mi hijo y me limpie el poco sudor que se hizo presente, deje que se me bajara lo chapeado y baje a la sala con todos.

 

-Se durmió mi hijo amor? –Mi esposa pregunto medio desconcertada.

-Ya se había dormido pero con los gritos de esta vieja, se despertó, pero ya se durmió de nuevo.

Tome una cerveza y seguí en la fiesta, bailamos y tomamos mas pero esa cogida fugaz no se me olvida, dentro de una semana hay otra reunión y espero que Abigail no falte pues con ella, las reuniones son muy agradables.

 

 


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