El Extraño Caso del Libro en Blanco. Primera Parte.

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     Siempre he adorado mi trabajo, pues me llena de grandes satisfacciones, no así de dinero. Soy detective en el área literaria y mi trabajo consiste en investigar, atrapar y encarcelar a los delincuentes literarios que últimamente abundan como plagas en mi ciudad.

     El día ha transcurrido de manera apacible, salvo mi peculiar secretaria Mixhit que hoy se ha presentado con el cabello teñido de azul-pitufo y para variar ha pasado la mañana tecleando y no en la computadora sino en su celular, mandando y recibiendo mensajes de texto "¿Será que ya tiene otro pretendiente? "

     La muy pícara tiende a cambia de "novio" a cada rato, ha tenido más pretendientes que yo casos en la agencia detectivesca literaria en lo que va del año. 

     De repente. -Pum, pum, pum. . . Se escuchan en la puerta principal con tanta insistencia que el retumbe llega hasta mi oficina lo que me obliga a levantarme de mi escritorio mientras pienso "caramba, acaso no ha visto el timbre de la entrada" abro la puerta de mi oficina y le digo a Mixhit  que si no escucha que nos van a tumbar la puerta. Ella se levanta apresurada y en lo que abre, hace su entrada una hermosa dama de aspecto fino pero vestida de manera humilde; casi se lleva por delante a mi atolondrada secretaria que logra torearla con elegancia, aquella mujer viene derecho hacía mi.

     - ¿Es usted el detective Augusto Librón? -Sin esperar repuesta continua de manera desbocada. -Me han dicho qué es muy bueno en su trabajo. No se preocupe por el pago, estoy dispuesta a pagar lo que sea...

     En eso la freno pues creo que va a atropellarme con tanta palabras y aún desconozco el motivo de su visita.

    -Detengase un momento señorita, efectivamente soy Augusto Librón, para servirle. -Confirmó al fin mi identidad ante la dama.

    Dirijo la mirada a mi secretaria y le pido que le traiga un vaso con agua para calmar un poco sus nervios. Ya todo calmado, procedo a indagar que asuntos la ha traído hasta mi agencia, ya que ni siquiera ha dicho su nombre. 

     -¡Disculpe mi entrada! -Expresa sonrojada lo que acentúa más los hoyitos en sus mejillas. -¡Que pena con usted y la señorita!  -A mi mente viene "señorita Mixhit, ni en mi sueños " en eso ella prosigue. 

     -Mi nombre es Atenea Medina, viuda de Letrado, estoy desesperada. Usted representa mi última esperanza. 

     Superadas las primeras impresiones. La hermosa dama sigue con lo que la ha traído hasta la agencia tan intempestivamente. Según cuenta, su esposo fue uno de los custodios de las colecciones más importantes del mundo literario y a morir de repente hace siete meses, los libros que estaban a su cargo fueron entregados a otro custodio sin embargo dejó expreso como última voluntad que su joven esposa fuera la nueva custodia de la Colección de Cuentos de los Hermanos Grimm, pues estos siempre ha sido protegido por miembros de la familia Letrado durante muchas generaciones y quería que continuará así. 

     Esta majestuosa colección de cuentos es la original, es decir que no es para nada infantil, pues son las recopilaciones que hicieron los hermanos a través de sus investigaciones por los diferentes pueblo que recorrieron en busca de la literatura oral  y en su mayoría son historias de horror nada que ver con las nuevas versiones que sacaron para los niños. 

     El caso es que hace unas semanas atrás, el supervisor de su difunto esposo le había pedido como está establecido en los cánones de los custodios, que periódicamente se debe revisar la colección para verificar que se encuentra bajo resguardo, sana y salva. Según la dama era rutina y nada más. Se dirigió a la estancia donde se encuentra la cámara de cristal reforzado y blindado con más de siete seguros mecánicos que sólo abren mediante un único código que sólo ella conoce.

      En fin desde el exterior de la cámara se puede divisar los diversos ejemplares que componen la Colección de los Hermanos Grimm. Ejemplares estos que estan hecho de piel sus cubiertas con inscripciones bañadas en oro fundido del mayor quilate que existe en el mundo. Antes de continuar con su historia intervengo. 

     -Sra. Letrado, sería tan amable de ir al grano, trate de omitir los detalles irrelevantes en su exposición. 

     Me mira con recelo y aclara tajante. -Necesito que esté al tanto de todo tal como sucedió. Todo es relevante Sr. Detective. Ya lo verás. 

     -Mil perdone, continúe usted. -Expongo resignado.

     -Como le estaba diciendo, al abrir la cámara de cristal, verificó que todo este en orden para proceder con la supervisión y me percató de algo horrible ante mis incrédulos ojos.

     -El último libro de cuentos estaba completamente en  blanco. -Haciendo  énfasis en su última frase -todas las palabras habían desaparecidos de sus hojas. 

    -¿Entonces, cómo hizo para aprobar la supervisión?

     -Tengo mis mañas y conseguí persuadir a Supervisor de cancelar la inspección hasta la próxima semana. Es debido a esto que acudo a usted. 

     De ahí en adelante le dije a mi secretaria que tomará todos los datos posibles para la investigación de parte de la viuda Letrado, para organizarlos y comenzar con la línea investigativa a seguir. 

    Primero necesito saber ¿quién más podría tener acceso al código de seguridad de la viuda?, resulta qué al parecer la viuda es la única que posee la clave y nadie más. Segundo, verifico en su residencia quienes pueden ser posibles sospechosos entre los empleados y quienes frecuentan a la viuda, nada, tampoco doy con nada extraño. Al parecer muchas de sus amistades ya no la visitan como antes y de los empleados muchos han sido despedidos.

     Tercero, hago una revisión exhaustiva de los cuentos en la cámara de seguridad con la ayuda de mi buen amigo y experto literario  Juan el Alquimista y logramos certificar que la Colección de Cuentos el auténtica; incluso las que tiene las páginas en blanco. Cada hoja es un misterio que necesito develar con suma rapidez sino no cobraré.

     Me dedico en cuerpo y alma a profundizar cada detalle con ayuda de la joven viuda, a quién aún no descartó como sospechosa, pues a quién más le interesaría desaparecer las historias de los hermanos Grimm.

     Sigo con las interrogatorios, descartó y vuelvo a poner como sospechosos y los vuelvo a descartar y en su mayoría ha salido bien librados. 

 

                                                              Continuará. . .

 

 


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