TERATOFOBIA Parte 2

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Dos semanas después, todo seguía como de costumbre, se presentaba al trabajo por la mañana, se divertía por las tardes y miraba los noticieros por las noches, los cuales, por lo regular, trataban sobre las protestas pacíficas hechas por las personas de bajos recursos, quienes en aquella era, ya conformaban más del noventa por ciento de la población mundial. Por su trabajo, que vendría a ser el equivalente al de un abogado de épocas anteriores, se encontraba muy lejos de sufrir la pobreza y todo lo que conlleva la falta de capital, como por ejemplo, el no poder curar una enfermedad cuando ésta se presenta o el simple hecho de comer cuando se tiene hambre. Por un rato estuvo pensando sobre estos tópicos hasta que sus ideas dieron un giro súbito. Sin más, empezó a recordar la manera en la que murió su abuelo.

El hecho ocurrió cuando regresaban de unas vacaciones. Una fuerte tormenta los sorprendió a medio camino haciendo que su abuelo perdiera el control del vehículo en el que viajaban y, como resultado de lo anterior, el automotor salió de la autopista y chocó en contra de una arboleda que se hallaba a un lado de la vía. Cuando la conmoción por el accidente disminuyó se dio cuenta de que su antecesor había fallecido a causa del choque. Con lagrimas en el rostro trató de despertar a su abuelo una y otra vez hasta que comprendió que esto no sería posible. Entonces, agarró la mano derecha del viejo y con la voz entrecortada le dijo que nunca olvidaría sus enseñanzas. Con todo y el terrible aguacero que caía no se separó del cuerpo ni por un instante ni tampoco soltó su mano. Lo encontraron hasta la mañana siguiente con principios de neumonía y otros problemas derivados del percance.

Inquieto por recordar el accidente, se fue a dormir pasada la medianoche.

Una vez que estuvo sobre su cama buscó en su mente un recuerdo que le resultara más agradable y así rememoró el encuentro que tuvo con la representación de su abuelo con la que por fin pudo compartir los logros obtenidos en el ámbito laboral y, sobre todo, agradecer el ejemplo que su abuelo le había dado para ser un buen hombre. Mientras estas cosas pasaban por su cabeza, el recuerdo de sí mismo bajo la lluvia intensa junto al cadáver de su abuelo surgió de nueva cuenta y de algún modo se entrelazó con sus pensamientos actuales. En su interior no dejaba de ver aquélla escena que tanto aborrecía y que siempre trató de olvidar. Su angustia iba en aumento con cada minuto que pasaba, no quería volver a vivir eso otra vez pero no podía evitarlo, sin percatarse de ello había caído en una especie de trance del que ya no tenía forma de salir. Por otro lado, la temperatura de su cuerpo descendía vertiginosamente, como si su organismo reflejara el escenario representado dentro de su cerebro. En su desesperación, lo único en lo que pensó fue en ir a un lado de su abuelo como lo había hecho antes. Dentro del vehículo accidentado tomó de nueva cuenta la mano del viejo y cerró los ojos esperando ser encontrado por alguien como en el pasado.

Poco a poco iba calmando sus nervios hasta el punto de creer que todo estaría bien para él, sin embargo, la sensación de tacto de la mano que sostenía con la suya cambió repentinamente. La mano ahora se sentía más delgada y rígida que con anterioridad; extrañado por esto, abrió los ojos para descubrir con asombro que estaba sujetando una mano similar a la de un esqueleto; por instinto, intentó soltar aquella mano pero ésta no cedía a sus esfuerzos y, para su horror, vio como el cadáver de su abuelo comenzó a moverse. Pasmado por lo que estaba sucediendo, no hizo nada para evitar que su abuelo fallecido -quien ahora mostraba un rostro descarnado-, se abalanzara en contra suya. El anciano, o lo que haya sido aquello, arañó la cara de su nieto con sus puntiagudos dedos huesudos desde la barbilla hasta las cuencas de los ojos, al llegar a estas, clavó brutalmente la punta de sus dedos afilados en los globos oculares de su nieto, para enseguida, proceder a arrancárselos completamente, proporcionándole un enorme dolor tanto fisíco como emocional justo antes de morir en agonía.

Al otro día, por la tarde, unas personas fueron a buscarlo a su casa, pues no se había presentado a trabajar ni contestó las llamadas que le hicieron a lo largo del día. Cuando el encargado le abrió la puerta a estas personas lo encontraron sin vida tendido sobre su cama. Ellos no salían de su asombro por haberlo encontrado muerto sin una explicación aparente. No obstante, para quienes hallaron el cuerpo, lo que más les intrigaba y llenaba de pena al mismo tiempo, era la expresión de angustia tan intensa que aún se veía reflejada en su rostro sin ojos.


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