LA ILUSIÓN DE UN PROPÓSITO - 2 Parte

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Después de aquel desafortunado accidente a Carmina no le quedaban más ganas de fiesta, estaba cansada y un poco asustada por toda la historia que su primo le había contado sobre Eleonora, lo mucho que se querían y de como la leyenda decía que Edgar había pasado días y días con el cadáver de su amada en la habitación, por no querer que se la llevasen.
Así que la joven cogiendo el pañuelo que le ofrecía Eduard para secarse las lágrimas se recogió en su dormitorio, no antes de que esté le advirtiera de que si escuchaba cualquier ruido extraño, no saliera al jardín, pues andaba un perro abandonado al que no habían podido dar caza los de la perrera.
Descansa amor mío y escuches lo que escuches no salgas de la habitación...
Tranquilo Eduard, así lo haré...
despidiéndose con un romántico beso en los labios que apenas duro unos segundos, pues como si alguien lo separase de ella, Eduard se apartó...
Carmina entró en la habitación y cayó sobre la cama llorando desconsolada, imaginaba el gran amor que sentía su tatarabuelo por aquella mujer, lo que sufriría y como la vida se la arrebato...
Su llanto no tenía fin, y no podía apartar su pensamiento de la bella Eleonora y de la escena de su accidente en la escalera, tan bien relatado por su primo. Por un instante le pareció escuchar el sonido de una caja de música que venia de la habitación de Eduard, a la vez que unos lastimosos sollozos que se mezclaban con una voz femenina. Alguien estaba hablando con él, no lo podía creer, como la había invitado a pasar unos días allí diciéndole que la quería cuando ya estaba acompañado...
Se acercó a la pared y puso el oído para escuchar mejor. El llanto continuaba y la voz femenina le decía a Eduard que lo quería y que no quería marcharse, a lo que él contestaba...
Por favor, Eleonora ahora la tengo a ella, déjame que la ame como te ame a ti...

La cara de Carmina se desencajaba, estaba asustada, pero no podía dejar de escuchar como su primo Eduard decía una y otra vez que la quería a ella, no entendía nada de lo que estaba sucediendo, escuchando de nuevo la voz de Eleonora que decía...

Entonces, quédate con ella, pero que sepas que solo tienes hasta las doce de medianoche, solo te queda un día Edgar...

Al escuchar, el nombre de Edgar se sobresaltó, y Carmina salió corriendo de la habitación mientras en su cabeza las últimas palabras de Eleonora escuchadas a través de la pared y en su oído, se repetían como el eco... Él es mío, mío... Y cayó rodando por las escaleras... Llegando al final de ella dando una gran sacudida su cuerpo en el suelo...

Señorita... ya hemos aterrizado.
¿Ha sido grato su vuelo?
¡Sí, perdón me quede dormida!

Todo había sido un sueño, se decía Carmina mientras levantaba el brazo haciendo el alto al taxista, ya en el interior del vehículo y acordándose del sueño, le enseñó la fotografía al conductor, al verla en lugar de decir nada desagradable sobre la casa, como en el sueño ocurrió, el hombre miró a la joven sonrió y dijo...
Allí vamos al templo del amor de Marley

Carmina se acercaba despacio a la casa y llegando delante de la puerta, esta se abrió y un Eduard ataviado con un albornoz, en el que llevaba su inicial bordada, y recién salido de la ducha la invitaba a entrar...

Bienvenida primita, pasa te enseñaré la casa, estás preciosa, como has crecido...
¡Una cosa prima! Ten cuidado con la escalera ¿vale?

©Adelina GN


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