Escaleras de la vida parte 1

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Capítulo I

Encrucijada  Mortal.

Se encuentra en una encrucijada, escondido en medio de la oscuridad más aterradora de su corta vida. La incertidumbre de no saber que pasará hace que su corazón galope desbocado. Si se atreve a regresa a casa es seguro qué será su fin. Si se queda ahí igual destino le aguarda. Debería estar en su cama.  En casa con su madre y hermanos. Hace frío, el más ligero movimiento lo pone a temblar. A su memoria llegan recuerdos de cuando sólo estaba pendiente de conquistar a las más bonitas del colegio, sólo le preocupaba que zapatos se pondría, que marca de camisa estaba de moda, sacar buenas calificaciones para obtener lo que quería tener como obsequio de Navidad. Su vida era perfecta, ahora lo sabía y era tarde.

Está en un predicamento tan serio que ni toda la corte celestial podrá salvarlo. Lo aconsejaron y se hizo oídos sordos. Tenía todo cuanto una madre puede brindar a un hijo que ha parido con tanto dolor. "Dios sacame de esta. Por favor Diosito, no me dejen morir asi" 

Luis se dejó atrapar en el mundo más endemoniado que un joven nunca debería rondar. 

Las malas compañías son criaturas que existen para encantar a más de un joven incauto, los envuelve en una telaraña de situaciones peligrosas haciéndolo sentir que han encontrado la solución a sus problemas cuando la realidad es que con el tiempo sus vidas son un verdadero caos que en el peor de los escenarios terminan en las cárceles o en el cementerio. 

 

Capítulo II

Federico, su mejor amigo.

Luis se encuentra una tarde con su mejor amigo Federico en el estadio deportiva, están bebiendo cervezas mientras observan el partido de pelota local. El equipo anfitrión le está dando una paliza al equipo contrario, van en el octavo innings con un marcador de 07 a 02. La algarabía es ensordecedora, el ambiente festivo de triunfo ya es inminente.

Luis y Federico, aplauden, se ríen, gritan. Están disfrutando el campeonato y nada perturba su día. El equipo de béisbol local gana y la celebración no se hizo esperar. Saliendo del estadio un muchacho al que le dicen "el Borrego " aborda a Federico. Le dice que su jefe lo solicita, en ese momento Luis se percata de la expresión de angustia de su amigo, este trata de barajear al otro pero no lo consigue e insiste que lo siga. Luis le pregunta con cautela:  -¿Que pasa Fede, algún problema?  Pero su amigo le dice que no se preocupe. Que la celebración queda para después y que luego le manda un mensaje de texto. Se despide y se marcha con el otro que lo espera impaciente. 

  - ¡Muevala mijo, que no es para mañana!  

  Luis se queda afuera del estadio mientras ve a su amigo irse en la moto del muchacho. Ha pasado una semana. Federico aparece con un móvil último modelo. Luis le reclama que tenía días preocupado por él. -Tranquilo hermano, estaba cuadrando un negocio y no pude asistir a clases. 

Como todo muchacho se entretiene con el móvil nuevo de su amigo. Ese día Federico le invitó el almuerzo y luego fueron a casa de Luis a jugar videojuegos toda la tarde.

 

Capítulo III 

Tanteando en aguas profundas 

Con el correr de los meses, Luis cada día se va engolosinando con los objetos costosos de su amigo, ya para aquel entonces Federico era dueño de una Moto, ya había cambiado de móvil y tenía zapatos y ropas de marca. Pero también se veían cada días con menor frecuencia, pues siempre estaba ocupado o sino lo pasaban recogiendo en un carro con los vidrios ahumados. Una vez fue a su casa y la Sra. Carmela le dijo que se había ido de la casa. Ella estaba muy molesta y no quería saber de él. 

Fue entonces que le dijo a su amigo que quería acompañarlo en uno de sus negocios y Federico le dijo que no.

  - ¡¿Sabes amigo? yo te aprecio como si fueses mi hermano! Es mejor que lo sigamos siendo y no busque lo que no se te ha perdido.

Pero Luis insistía, sin embargo su amigo nunca lo llevo. Al mes por una terrible casualidades de la vida se consiguió con "el Borrego" que no era más que un lacayo de uno de los delincuentes que mandaban en la comunidad de "La Providencia " andaba buscando a Federico para entregarle un paquete de un negocio de su jefe, Luis se ofreció a llevar el paquete. 

-Si eso es todo lo que tiene que hacer Fede, yo puedo llevarlo. -Dice Luis sin saber en que lio se está metiendo. 

El lacayo lo observó de arriba a abajo, lo pensó por un momento para finalmente hacerle entrega del paquete, no si antes advertirle que si le pasaba algo en la entrega, no lo contaría y lo pagaría con su vida.

Luis tiene días desaparecido, su madre está que no cabe de la angustia y el dolor de saberlo en peligro. Cuando fue a entregar el paquete, fue interceptado por miembros del bando contrario de la otra pandilla de desadaptados que al verlo cruzar en bicicleta le arrebataron el paquete y robaron su bici, no supo que hacer. Lo amenazaron con un arma de fuego y no tuvo más remedio que correr todo lo que le daban las piernas siempre teniendo la sensación de que le disparaban por la espalda. A pesar de haberse salvado en un hilo, le quedaba el tremendo lío de haber perdido la mercancía. 

 

Capítulo IV.

Otro paga los platos rotos. 

Luis, asustado, sin saber que hacer, le manda un mensaje de texto a su amigo Federico para que por favor lo auxilie. Este no le responde porque ya está rindiendo cuentas por la falla de él. Está siendo interrogado y doblemente golpeado, tiene el labio partido y la piernas están sangrantes de los palos que le propinan sin ninguna contemplación. Con gritos ahogados le dice que le va a conseguir el paquete, pero que por favor no le hagan nada a Luis. Mientras Luis sigue enviado mensajes de texto. El móvil de Federico está apagado en el suelo, gotas de sangre caen en la pantalla. Luego de aquella terrible paliza, Federico casi no se puede caminar, sin embargo está preocupado pues si El Borrego consigue a Luis antes que él capaz que el mismo lo mate. Debe ganar tiempo para saber que hacer y poder salvar a Luis. 

¡Maldito imbécil!  Menudo rollo en el que nos has metido.  


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