LENGUAJE CORPORAL

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Fui allí buscando resolver mis dudas, quería saber, mis preguntas sin respuesta de quién fue y había sido Ramón, creaban un cerco, dejándome encerrada en el... 

“Jalando del hilo se llega al ovillo” o, eso es lo que dice el refrán. Hay tantos y tan variados, que era difícil elegir uno en concreto. Pero solo aquel satisfaría mis dudas, las mismas que me asaltaban a causa de mi lenguaje corporal...
Mi amiga me recomendó un especialista, un médico al que pudiese contar lo que me estaba ocurriendo, aquello que con mentiras disfrace para todos como una arraigada depresión. Cargaba con aquel secreto mucho tiempo y era hora de contarlo...
Espere a que todos mis amigos que la verdad no eran muchos, no solía ser muy sociable, estuviesen de vacaciones, Angie me había dado la tarjeta de una de sus amigas con las que fue a la universidad. Hacía tanto que ya no la encontraba, rebusque como una loca por los cajones de la cómoda, apartando de un lado a otro todo lo que estaba allí dentro. Me estaba poniendo nerviosa, todo mi cuerpo se erizaba, estaba desistiendo la búsqueda, cuando al final, al fondo del cajón la encontré. Llamé y tomé cita para esa misma tarde. El periodo vacacional permitió que la falta de pacientes facilitase el que Raquel, la psicóloga pudiera atenderme... Me preguntaba o mejor me estaba convenciendo de que tendría que contarle toda la verdad, mostrarle claramente toda mi vida y sincerarme de lleno, no sería fácil, pero estaba convencida de que era la única solución...
Entré presentándome como la amiga de Angie, su amiga, me tendió su mano, pero terminé abrazándola era mi tarjeta de visita, siempre acababa enroscando mis brazos en señal de cariñoso saludo cuando conocía a alguien. Como era de esperar no tardó en pedirme que me tumbara en el diván, empezando de aquel modo a preguntar sobre mi pasado. Le conté mi infancia, restregando mi espalda por aquel tapizado, y que quedé huérfana de padre a la edad de cuatro años. Qué él era un científico con grandes éxitos en el campo de la medicina que dominaba y que sus logros en las investigaciones le llevaron a enfermar, desapareciendo muy rápido de nuestras vidas. Hubo una de las preguntas que me incomodo bastante, ladeé con rapidez la cabeza y me quede mirándola fijamente a los ojos, dándome ganas de arrebatar de un manotazo aquel papel en el que estaba escribiendo. También le hice sabedora de que mi madre mantuvo aquel hecho cubierto de dudas, y que tan solo me desveló un dato a la hora de su muerte, diciéndome que cuando llegase el día tendría que descubrirlo en la casa de la montaña.
-Allí empezó todo, me dijo...
Después de aquella primera sesión hubo otras, la mayoría con sesión de hipnosis, en la que al entornar mis ojos y quedar dormida, y según Raquel me contaba al despertar, relaté la muerte de mi padre balbuciendo con el habla de una niña, lo más peculiar era que al llegar al testimonio de mi madre sobre la casa de la montaña, mi felicidad era plena y de ello la doctora deducía que era allí donde tenía que enfrentarme a mis miedos y dudas respecto de lo que sentía y sospechaba que me ocurría. Y allí estaba en la cabaña del matasanos Ramón, como todos le llamaban, ahora medio destruida. Desde allí vi por la ventana la luz de unos ojos de gato, una penetrante mirada felina que me invitaba a entrar. Me apresure no quería que la noche me sorprendiese, a pesar de que la noche era el momento de más satisfacción para mí. Entré en la cabaña viendo como delante de mí se posicionaba un gato negro un tanto desaliñado, con un pelaje poco cuidado y una mirada penetrante, el felino se acercó emitiendo un maullido silencioso, como pidiéndome, por favor, que lo acariciase. Luego entrelazo su cola entre mis piernas abrazándolas cariñosamente, Tuve que a hacer un gran esfuerzo para no sentarme con el allí en el suelo, aquellos movimientos me resultaban familiares, me sentía como si estuviese al lado de alguien de mi propia especie. Había pasado un buen rato cuando recordé que en una de aquellas sesiones mi subconsciente desveló una conversación que escuché de mi madre con un compañero de mi padre, en el que hablaba de un sótano y un libro de notas... Bajé por aquellas estropeadas escaleras extendiendo mis brazos como para comprobar el ancho, casualmente el gato hacía lo mismo con sus bigotes. En todo momento observada por el que se veía curioso y feliz mostrando su cola toda alta... Conseguí encender aquel viejo quinqué y buscar con el por las viejas estanterías donde estaban los libros de mi padre... Y una vez lo encontré comencé a leer...

Ahora comprendo mi comportamiento...
Mi padre había muerto en plena investigación, eso es lo que habían dicho, pero allí escrita estaba la verdad... Las primeras notas eran de mi abuelo Ramón, su padre al que llamaban el matasanos, las fórmulas heredadas por mi padre le llevaron a probarlas con él mismo, haciendo que tuviese que desaparecer y esconderse en la cabaña de la montaña... Ahora seguía mirándome fijamente y advirtiéndome con su lenguaje corporal, como terminaría mi vida y el experimento que un día comenzó mi abuelo Ramón.

©Adelina GN


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