El misterio de los sueños lucidos

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Es una delgada muchacha que lleva un bikini de rayas azul y blanco, calza unas sandalias romanas de verano, que juega al básquet con un joven chiquillo en las descubiertas pistas de una antigua escuela, cuya verja es negra y desconchada. Se oye como un chico dice y llama en voz alta el nombre de Ester, a la chica, entonces, Ester levantó las delgadas manos y con un movimiento intenso, le pasa el balón al chico, diciéndole, “hay la llevas hermano Rumano”.

-Ayer por la tarde, de 16: 30 a 16:48. Es decir 18 minutos, volví a tener un sueño lucido. Os cuento el sueño en que los protagonistas son Ester, Alteza y el hermano de Ester.-

Lo que recuerdo del sueño de ayer, es que Ester juega al básquet en bikini con unas sandalias en una pista multiusos de un colegio antiguo, en el norte de Finlandia, muy al norte. Acto osado la de Ester, sabiendo las condiciones meteorológicas del lugar. Juega con su hermano, el cual se parece mucho a un camello, por su absoluto altruismo. El Rumano, como le llama su hermana, siempre va escuchando música “Brear” para calmar la fatiga diabetes, y atar la sonaja rabia que sale de sus venas, como sale la quina del árbol. Diabetes que cogió cuando trabajaba de redero en un puerto de Azerí.

Le tocaba defender a Ester, mientras, juegan en una cacha con escarcha, un uno contra uno. Su hermano ataca mirando el aro, queriendo anotar, pero la defensa de Ester es dura, férrea. En el momento del ataque, pasó una chica ante su vista, era Alteza una conocida de Ester con cara ovoide. El rumano quedó anestesiado al ver a Alteza. Ester aprovecho el desvió de su hermano y le quito el balón de un manotazo. Ahora le toca atacar a ella, allí estaba Ester con el canijazo votando el esférico, medio encorvada con sus alpargatas marrones, esbozando una amena sonrisa, mirando al lelo de su hermano, que se había quedado ofuscado mirando a Alteza, como un principiante mira una orla en una universidad o un golazo en el FIFA. Ester se benefició de la brecha y la laguna que estaba atravesando su hermano, para correr hacía el tablero y, así incorporarse con todas sus ganas y machacar. Así, que machacó tan fuerte que en el aire se desestabilizo y cayo de espalda, golpeándose y cortándose con unos cristales que había en el suelo de la pista helada.

Inmediatamente tomaron un taxi blanco y azul de rayas, con una bandera que ocupa todo el vehículo “era un taxi patriota”. Sin un ápice de duda Alteza con voz entrecortada, levantó uno de sus brazos y dijo–taxi, por favor- medio grito- ¿nos acercas al hospital más cercano?- preguntó, esta vez con firmeza. Alteza no era una amiga superficial, nada de eso, Ester y Alteza, se conocían muy bien, desde pequeña, eran uña y carne, habían crecido junta, en la que asistían a la escuela de la mano.

Cuando llegaron al hospital, Ester se encontraba pálida, descolorida, y la espalda entumecida por el tremendo golpe. La chica tenía una toalla enroscada en la zona de la herida, entonces, alteradamente se dirigieron a recepción en donde se encontraba un recepcionista joven y guapo. Su hermano le quito la toalla que tenía sobre la herida, para que viera en primera persona la magnitud del corte producido en la espalda de Ester. El joven recepcionista quedo asustado, desencajado, inmovilizado, cuando apreció de cerca los cortes que tenía en la espalda y costado. En un santiamén y sin pestañear, abrazó a la chica inexpertamente por los hombros y, apresuradamente reclamó la ayuda de los asistentes médicos del hospital. El hermano de Ester y su amiga Alteza, vieron como el primer contacto con el simpático joven recepcionista, les había hecho creer que su curación seria poco complicada.

En el momento en que Ester se alejaba cogida del brazo del agradable muchacho Finlandés, de aquel largo pasillo interminable. Abro los ojos, y el reloj marca las 16:48.


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