La biblia de JDLRM 5ªParte: Arcadius

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En las entrañas de una caverna a las afueras de Iliau, capital de los ángeles en la tierra, conocida como la cuna de la luz, debido a que es allí donde la humanidad subyugada forja las armas de los ángeles, chispas iluminan donde irónicamente reina la oscuridad. Cada chispa acompañada por el sonido del golpe de un martillo sobre el metal y el yunque, y por una imagen macabra. El cadáver desollado de alguno de los herreros, el cuerpo desnutrido y moribundo de algunos niños humanos, e incluso los restos de algunos ángeles que quizás se opusieron al herrero, intentos fallidos de armas destrozadas cubren el suelo, y un atormentado recuerdo tras cada martillazo.

Durante el trance de aquel herrero, uno de los arcángeles entró en aquella caverna.

-Uriel: Hermano… ¿Qué has hecho? -La arcángel extendió su puño derecho y lo abrió dejando brotar de este una luz que iluminó toda la caverna- Has matado a los humanos subyugados… has encadenado a sus hijos, e incluso has matado a uno de los nuestros ¿Qué te pasa Miguel? ¿Por qué actúas así?

Sin embargo, Miguel no dijo nada, sino que continuó con su incansable trabajo. Tras cada golpe, una imagen del encuentro con el jinete Hambre oscurecía más y más su razón. Hasta que finalmente, Uriel colocó su mano en el hombro de su hermano.

-Uriel: Hermano… por favor, contéstame.

-Miguel: En aquella ocasión, nos dejaron marchar… tanto a mí, como a Lucifer… su deseo es que la guerra no termine nunca… tenemos que pararlos a toda costa.

-Uriel: ¿Te refieres a los jinetes? Daremos con la forma de matarlos.

-Miguel: Ya lo he hecho -Dijo el arcángel mientras repasaba con sus ojos los cadáveres a su alrededor- tan solo el odio puede forjar un arma capaz de vencer al odio, por eso quité el yugo a los herreros, por eso torturé a sus familias, para inspirarlos -Miguel introdujo el arma que estaba forjando en el agua, y una nube de vapor inundó la caverna por unos instantes- pero los humanos no tienen la fuerza para trabajar este metal, así que robé su conocimiento y lo hice mío.

-Uriel: Has incumplido las enseñanzas de madre… ya no te reconozco.

-Miguel: Las enseñanzas de Vida fueron para los humanos, a nosotros tan solo nos dejó este sentimiento de soledad que nos consume poco a poco.

Miguel comenzó a afilar su arma con ayuda de una rueda bendecida con su propio poder.

-Uriel: Y que ha hecho este ángel que yace a tus pies para merecerse este cruel destino.

-Miguel: ¿Cruel? No te entiendo hermana…

Uriel se quedó perpleja ante la incomprensión de su hermano.

-Miguel: Este ángel ha dado su vida de buena gana para garantizar nuestra victoria… esto ya está.

Miguel alzó su arma con orgullo y la indujo con la luz sagrada que Vida le había otorgado a su raza. Un arma de asta, una lanza de tres puntas separadas por escasos centímetros, dos pequeñas a los lados y una mayor en medio, bajo la cual, un hueco circular adornaba la parte superior del callado den su parte más ancha antes del filo, toda ella de un blanco cegador, nueve anillos y numerosas runas lucían en su callado. Sin embargo, a pesar de su apariencia magnánima, Uriel podía notar que su aura apestaba a sufrimiento y pesar, tanto que hizo al arcángel retroceder ligeramente.

-Miguel: Dime una cosa hermana ¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar para ganar esta guerra?

-Uriel: Haré lo que sea necesario.

Miguel se acercó a su hermana hasta estar frente a ella y colocó su mano sobre el hombro del arcángel.

-Miguel: ¿Estas dispuesta a morir a manos de los demonios?

-Uriel: Llegado el caso, moriré con honor en el campo de batalla.

Miguel atravesó el estómago de su hermana con la lanza. Uriel lanzó un grito de agonía mientras su cuerpo, poco a poco se iba desvaneciendo y su propia esencia era absorbida por la lanza hasta finalmente no dejar nada.

-Miguel: Hermanita, sabes que te quiero, y que no permitiría que te pasara nada…  

Carcajadas a cuál más psicóticas brotaban desde las entrañas de aquella caverna mientras que una llama blanca brotaba en el círculo vacío bajo el filo de la lanza. Carcajadas que helaban la sangre de cada ángel presente en Iliau. Incluso los arcángeles del bando del infierno pudieron notar en sus propias carnes la pérdida de su hermana caída.

En Gildes, el reino de los jinetes, Guerra y Hambre, también se pudo sentir el golpe.

-Guerra: El momento del despertar de nuestro hermano se acerca.

-Hambre: Tras la hambruna, solo puede llegar la enfermedad.


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