CHANTAJEANDO A LA DULCE IRIS

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¡TOMA YAAA! – gritó Iris eufórica al conocer la noticia que le comunicaban sus padres.

La joven, tras sacar este curso dieces en todas las asignaturas,  se había ganado unas entradas para ver el concierto de su grupo favorito.

El evento se celebraba en un pueblo muy alejado de la ciudad donde ella vivía. Casualmente, en ese pueblo vivían unos amigos de su padre, así que Iris se quedaría allí el fin de semana. Pero ahí no quedaba todo. La joven, llevaba saliendo  con un compañero de clase, que veraneaba en una casita del pueblo de al lado. Sin duda, se aventuraba uno de los mejores findes de su vida.

Ese viaje también iba a ser especial por otro motivo.  Iris y su novio todavía eran vírgenes. La familia de Iris era de ideología muy anticuada, de los que piensan que no se debe tener relaciones sexuales antes del matrimonio. Por ese motivo no se sentía preparada para acostarse con él. Sin embargo, la euforia del concierto le hizo dar el paso. Ese finde, por fin se desvirgarían.

Iris fue dos días antes de lo programado, ya que al padre de Iris le había salido un trabajo.  Juan y Felisa, los amigos del padre de Iris, recibieron a la chica hospitalariamente y la hicieron sentir como en casa.

Felisa trabajaba en horario nocturno. Cuando se marchó, se quedó un rato hablando con el marido de Felisa. Juan le dijo que había crecido mucho desde la última vez que la vio y que ya estaba hecha toda una mujer. Y no le faltaba razón. La última vez que Iris estuvo con este matrimonio fue el día de su comunión. Y de eso ya hacía 8 años.

La joven estuvo conversando un rato con él, pero lo hacía con impaciencia ya que tenía muchas ganas de salir a ver a su novio, así que la conversación duró poco. Antes de salir, le dio una información muy interesante. Al día siguiente, Juan había quedado con unos amigos para ir a tomar unas cervezas, lo que suponía que la casa quedaría vacía.

Cuando quedó con Alberto, su novio,  se lo contó y quedaron en verse allí al día siguiente.

Llegado el momento, Juan salió con sus amigos y una hora después su mujer. Enseguida, Iris mandó un mensaje a su novio que no tardó nada en presentarse.

Los jóvenes, fueron a la habitación donde se hospedaba Iris quien estaba muy nerviosa, aunque por otro lado lo tenía claro.

La pareja de novios, empezó a besarse y lentamente se fueron desnudando. Alberto, estaba muy ansioso y ella le pedía un poco de calma.

Finalmente se quedaron completamente desnudos. Ella le ayudó a ponerse el condón, lo que todavía puso más cachondo al chico al sentir la mano de Iris.  Después, se tumbaron en la cama y el chico se dispuso a introducir su pene dentro del coño de ella. Iris le avisó que creía haber escuchado un ruido. Él le dijo que eran imaginaciones suyas y que se relajara. Ella le obedeció y continuaron con la marcha.

Alberto empezó con el vaivén dentro de ella, pero cuando apenas llevaba 4  o 5 estocadas, Iris le pidió que parara – Espera, espera. ¿Eso son pasos? – Preguntó la chica.

Los dos escucharon en silencio y la cara de ambos se volvió un poema, cuando descubrieron que efectivamente eran pasos que se dirigían hacia esa habitación. Ni siquiera les dio tiempo a taparse, cuando la puerta se abrió de repente. Tras ella, apareció Juan, quien había vuelto a casa antes de lo previsto. Iris quedó tan paralizada que aún tardo unos segundos, en poner sus manos en sus pechos, para cubrirlos ante Juan. El amigo de su padre, tampoco artículo palabra y cuando lo hizo solo fue para decir “perdón, no sabía… “ y sin terminar la frase, salió y cerró la puerta. Iris estaba muy avergonzada, pero encima, si a Juan se le ocurría contárselo a sus padres, estos seguro que se enfadarían tanto que la mandarían de vuelta a la ciudad, sin poder ver el concierto. El chico se vistió y se fue corriendo de la casa.

Juan no se dirigió a Iris hasta la hora de la cena, donde solo le habló para decirle que ya estaba la comida en la mesa. Durante la cena, Iris no articuló ni una sola palabra. De hecho, la joven no se atrevía ni a mirarle a la cara.

Más tarde, se pusieron a ver la televisión. Juan rompió el hielo, haciéndole comentarios acerca del programa que estaban viendo, pero ella respondía con la mayor brevedad y con un tono de voz bajito.

Parecía que no hablarían del tema en ningún momento. Al menos, no sería ella la que abriera la conversación. Pero cuando Iris se levantó del sofá para irse a dormir, el amigo de su padre se dirigió a ella: - ¿Estas angustiada por si se lo cuento a tus padres verdad?

Iris miró hacia al suelo sin responder. El hombre maduro continuó hablando: -Lo que has hecho está muy mal. Sabes que estás bajo nuestra responsabilidad. Y mi deber ahora sería llamar a tus padres y contarles lo que he visto.

Iris volvió a mirar al suelo apenada y respondió: -Lo sé, he sido una estúpida. No lo volveré a repetir- Medio asumiendo el castigo que le esperaba.

Juan, al verla tan mal, cambió el tono de su voz y empezó a hablarle más cariñosamente: -Mira Iris, yo aunque tenga 48 años, soy un hombre muy moderno y entiendo que ya eres mayorcita y tienes tus necesidades. Yo puedo llegar a ser muy comprensivo. Además los dos sabemos, que si llamo a tu casa, enseguida vendrían a por ti y te quedarías sin ir al concierto que tanto deseas. Así que puedes estar tranquila, que no voy a decírselo ni a tus padres, ni a nadie. Este será nuestro secreto.

A Iris le cambió el color de su cara y le respondió llena de alegría: -¿De verdad? Oh muchas gracias Juan, eres maravilloso.

-Yo solo quiero que disfrutes de un buen finde, que estás en edad de pasarlo bien. Anda bonita, ven y dame un abrazo, que menuda cara de susto tenias.

Ella le abrazó muy contenta y no se cansó de repetirle “Gracias”.

Cuando parecía que la conversación había finalizado. El añadió: -Quiero que sepas, que aunque me veas mayor, aquí tienes un amigo.

Iris volvió a darle las gracias. Pero él aún siguió: -Creo que te he hecho un gran favor- a lo que ella respondió –Lo sé.

Él le dijo: -Creo que como amigos que somos, lo justo es que tú también seas igual de buena conmigo. Así que ya que yo te voy a hacer un gran favor, me gustaría que tú a cambio hicieras algo por mí.

-¿Qué puedo hacer por ti?- preguntó intrigada.

Juan le dijo: -Esta tarde he podido comprobar con mis propios ojos que ya eres una mujer. Tienes un pecho muy bonito y un cuerpecito que a cualquier hombre volvería loco.

-¿A que te refieres? – preguntó Iris con temor.

Entonces Juan le dijo: -A cambio de no contarle nada a tus padres, quiero que me hagas una mamada.


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