La chica que...

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La chica que se levantaba cada mañana y se miraba al espejo para reafirmar que había empezado un nuevo día. Que la vida la tenía preparada una cantidad de desdichas que ella sufriría con valentía y con una sonrisa como maquillaje, tapando todas las marcas del cuerpo que gritaban que había vivido y que estaba viviendo, aunque ella no lo crea.

La chica con cinco anillos en los dedos para recordar aquellos momentos que ya se habían marchado de su cabeza. La  que se desenvolvía en manos de una cerveza haciendo participe a todo el que estuviese a su alrededor que la vida era eso: beber y pasar el (mal) trago.

La chica que encendía muchas luces, muy pequeñas, porque así tenía más a dónde mirar y menos luz que la cegase. Por miedo a acabar con un foco en frente y que iluminase las partes más oscuras de ella misma y que no quería conocer.

La chica que ponía banda sonora a cada uno de sus pasos para silenciar unas orejas que no querían escuchar a su propia cabeza, cuando solo lo que conseguía era silenciar el exterior para ahondar aún más en su interior. La que vestía de negro más a menudo de lo que a ella le gustaría, para adentrarse en la  noche sin hacer el mayor ruido. Como todo en la vida: muy desapercibida.

La chica que siempre ha necesitado un amor para saber que tiene vida en su interior y que no es un cuento de hadas todo lo que escuchaba de su corazón. Hasta que se tuvo que enfrentar a todos sus fantasmas, a ser protagonista de todos esos cuentos que había leído con el amor que sabía que iba a durar para siempre.

La chica que introducía un pie en el agua de forma muy lenta, con el miedo en la piel a quemarse; con el miedo en la piel a que todo se congelase. Con el miedo en la piel a vivir plenamente; a descubrir quién era realmente.

La que se refugiaba en los libros para evitar hablar con ella misma en el metro, o por las noches, cuando su otra yo la esperaba sentada en la cama con ganas de conversar durante horas. La que, a pesar de sus males, salía a la calle, miraba hacia el cielo y susurrando suplicaba que todo acabase pronto.

La chica que, a pesar de la tristeza que la envuelve por vestido, se recoge su pelo y muestra al mundo sus mejillas sonrosadas, síntoma de que a veces sueña muy alto y muy fuerte. La chica que... 

La chica que el universo había elegido.


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