Mi primera vez con un desconocido en avión.

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- Hola, ¿me dejas pasar?
- Si, cómo no.- Recogí mis pies y pegué lo más que pude mi espalda al sillón, tuve la sensación que casi me pegaba el culo a mi cara, pero deseché la idea, llevaba tanto tiempo sin comer carne que tocaba  la obsesión.
- Voy a ser tu compañero de viaje.¿Es la primera vez que viajas a Holanda?
Miré para él con cara de pedante y le dije mirándolo directamente a los ojos, que por cierto eran preciosos, - ¿ y, que me quieres decir con eso, que me vas a dar la vara todo el viaje?. No, no es la primera vez.
-No, pero te diré la verdad, cuando estábamos en la puerta de embarque te pusiste a mí lado, me miraste pero no me viste, no estoy acostumbrado a que me ignoren. Eso a mí me pone..

- ¡Pero bueno,¿quien te crees que eres?, Brad Pitt, jajajaja!.

- No, pero no tengo nada que envidiar, reconoce que lo que tienes delante está, ¡ummmm, Irresistible!. -Me dijo pegando sus labios a mi oreja, sintiendo su aliento.

 Una ráfaga de sensaciones asaltaron mi cuerpo, mi vagina empezó a dar saltos de alegría, mis pezones se pusieron tiesos, puntiagudos, a tal extremo que llegaban a doler. Mi cuerpo reaccionaba muy al contrario que mi mente pensaba. Me había pasado los mejores años de mi vida cuidando de mi madre, hacía dos meses que había fallecido. No había tenido tiempo para salir ni ligar, era casi virgen ya que las escasas veces habían sido un desastre, todo corriendo y mal, con algún que otro compañero de trabajo.

-Ummmmm, sabes desde el primer instante supe que hoy, ummmm acabaríamos, ya sabes, ummmm....

«Nada más verte pasar delante de mí, mi cosita se puso dura. Esos pantalones te quedan ummmm, se te ve un culo bien parado y su movimiento es letal para mi. Te seguí con la mirada, trass, trass, así hacían tus nalgas, trass trass». 

«Y, esa camisa, casi transparenta tus peritas. Tus pezones te delatan, me piden que te quite la camisa aquí mismo y te los chupe, que los muerda, que tire de ellos. ¡Ummmm, si supieras como me duele mi cosita!».

Empezé como una autómata a restregar mi vulva en el sillón, era la primera vez que me pasaba algo así y no podía remediarlo.

- Así me gusta muñeca, sal de ese caparazón que te envuelve, saca a la felina que tienes dentro.- me dijo mientras metía la mano por mi camisa subiendo hasta mi teta. Empezé a respirar jadeante, el corazón bombeaba con fuerza, mi sangre llegaba hasta mi chichi, este se mojaba por momentos.

Sentí como pellizcaba mi pezón y de mi vagina salió mi primer, se puede llamar chorro. Era un orgasmo en toda regla y no me había llegado a tocar mi panocha.

- No sabía que estabas tan necesitada, si llego a saberlo te abordo antes, te habría llevado a un reservado del aeropuerto.

Esas palabras me hicieron despertar,- ¡ ¿ qué te has creído que soy yo?!. Me levanté y me fui a buscar otro asiento, pero la azafata me mandó a mí asiento, ya que el avión estaba completo y no me podía quedar en el pasillo, cuál era mi intención.

-¿Volviste?, Te voy a confesar algo, pagué a la azafata para que me sentara contigo. 

« Me apasiona esa mirada, esa rabia me pone, me estás matando. Venga muñeca, vamos al baño. Con esa carita todo el mundo pensará que estás indispuesta y que tu novio buenorro te va a consolar. Entraremos en el baño, te pondrás de cara al espejo, te miraré directamente a los ojos y te desvestiré, empezaré por la camisa, desabrocharé  uno a unos tus botones, la deslizaré por tus brazos y la dejaré caer, mis manos masajean tu espalda y te daré la vuelta para saborear esas lindas peritas. Pienso saborear cada centímetro de tu piel.

Bajaré hasta tu pantalón, cinturón y botones fuera, los bajaré y sacarás tus piernas. Y, ahí llega mi premio, ummmm, esas bragas que se marcan pequeñas, meteré mis dedos entre la costura, te rozaran tu ingles hasta llegar tu vagina. Está estará esperando, húmeda, palpitante, pero pasaré de ella y me iré a tu clítoris, este estará duro, le daré un pequeño latigazo con los dedos y sin pensarlo meteré dos dedos en tu vagina, repetiré la acción una y otra vez hasta que vea que te corres en mi mano.

En ese momento te arquearas para mi  y me expondrás toda tú panocha, yo que mientras me he bajado los pantalones y he sacado mi viril pene, te penetraré suave, girando hacia la derecha cuando entre y girando a la izquierda cuando salga. Así una y otra vez hasta que vea que convulsionas otra vez, y, en ese preciso momento te agarraré por tus caderas y bombearé con todas mis fuerzas hasta que los dos quedemos extenuados y bien corridos....

Pasados esos minutos de extenuación te pondrás de rodillas y limpiaras mi verga la cual se pondrá dura otra vez, empezando un nuevo juego...

¿Quieres ir al baño conmigo, gatita?».

 

- ¡Vamos, no aguanto más!.

 

- Manuel, te llamo para decirte que me lo pensé mejor y me quedé en Madrid, nos vemos en Navidad.

Lo siento mucho, dale un beso muy grande a los niños y a tú mujer. Te quiero hermanito.

 

 

 


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