El fin justifica los medios... (Un nuevo mundo tras la puerta)

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No podía creer que tantas cosas hubieran pasado en tan pocos días, hace tres días, martes, encontré a Melanie y le hice la propuesta que cambiaría su vida para siempre, solo transcurrió un día para que ella pudiera discernirlo y tomar la decisión de ser esa persona que alcanzaría sus metas por el costo que fuera, ayer jueves se había entregado a un placer que la adentró a un mundo nuevo y hoy. Viernes, estaba a punto de debutar en la carrera de vender placer, confiando en mi ciegamente para llevarla cumplir ese sueño de verse realizada.

Esa mañana de viernes, le dije a mi esposa que llegaría tarde pues debía arreglar unos problemas en el trabajo, ella simulo una aprobación frente a mi hijo que desayunaba, pues ella sabe que en realidad iría a hacer alguna aventura de las muchas que ella me ha consentido. Tal vez a ti que lees estas palabras te llegue la pregunta del porque una esposa permitiría el libertinaje de su marido. Debo decirte que cuando hay interese más grandes algunas cosas pasan a segundo término, comprenderás que ella también tiene encuentros fuera de mi matrimonio, los cuales no me provocan celos pues ella solo sostiene encuentros con personas singulares. A diferencia mía, ella solo tiene una perversión, la pedofilia femenil, y yo, al entenderla, me comprende también, pero ocupémonos de Melanie, ella es la protagonista verdadera de estas letras.

Salí rumbo al trabajo, desde el camino Melanie me mandaba mensajes de buenos días, como una hija enamorada de su padre, tiempo después entendería que en efecto, la niña tenía un complejo de Elektra sin resolver, conmigo vio un desahogo permitido a su drenaje mental, llegue al trabajo y me encerré en mi oficina conversando con Braulio y Melanie para acordar nuestra cita de esa misma tarde.

El día transcurrió con el encuentro pactado, Salí pronto de mi trabajo y en el estacionamiento ya estaba la pequeña niña con su impecable uniforme escolar, no había que ponerle algo más, ese atuendo era lo que cualquier degenerado desearía, además, con ese rostro hermoso de modelo aunado de su cuerpo perfecto, luciría impresionante con cualquier vestimenta.

-Súbete preciosa. –Le dije con una sonrisa muy pasiva.

Ella subió a mi auto impregnándolo de su delicado aroma a flores, con un poco de nervio me dio un beso en la boca y se sentó muy firme como estatuilla de un museo elegante.

-Licenciado, ayer no pude preguntar qué es lo que me espera, solo pude escuchar veinte mil pesos y el mundo se me olvido.

-Mi preciosa niña. Es bueno saber que te espera y ciertamente ayer ya no pude detallarte como será tu actuación, mira… -Le dije acariciando sus piernas. –Braulio es un abogado amigo mío, un degenerado señor de unos cuarenta años, con un gusto por las niñas de cuerpo perfecto y rostro hermoso. Pero no es a él a quien debes impresionar.

-Entonces… ¿Qué debo hacer?

-Aunque Braulio es el maldito pervertido que quiere joderte ese culo, su esposa, Amalia, será tu verdadera anfitriona, ella paga por ver a su marido coger con otras, a veces, con otros, de modo que es ella quien quiere verte querida, aunque su marido sea el que tenga el honor de ensancharte el culo tan delicioso que tienes. Así que preciosa, debes hacer una actuación sublime, si Amalia se vuelve tu amiga, veras que tu carrera tendrá el éxito esperado, pues ella, se codea con gente muy importante.

 

Melanie se quedó pensando y no dijo nada en todo el camino, llegamos a un reconocido hotel del centro de la ciudad y acudimos puntuales a las seis de la tarde a la master suite de ese hotel con ambiente colonial.

Toque la puerta y nos recibió un caballero con camisa blanca y chaleco negro, nos dio la bienvenida extendiéndonos su brazo, llegamos al dormitorio y sobre la cama estaba sentado Braulio, desnudo, con su peinado acostumbrado de lado, y su cuerpo absurdamente pálido y delgado, producto de años fumando, a su derecha un hombre joven, moreno muy atlético, con la barba en candado perfectamente recortada, también desnudo y sin más de treinta años, Amalia de rodillas con una verga en cada mano, y un conjunto claro de encaje luciendo ese cuerpo de medidas perfectas.

-Bienvenido David, es en verdad hermosa nuestra querida compañera. –Dijo Amalia dejando a los hombres sentados y nos saludó de beso en la boca a ambos.

Ella la examino, toco sus tetas firmes y blancas, de inmediato Braulio salto a saludar a la niña con una erección gigante de un pene delgado pero largo.

-Eres más hermosa de lo que este maldito me dijo. Yo debí desvirgar ese culo pero aprecio tanto a este amigo mío que, será un honor joder el culo que David desfloro.

Melanie se quedó con Braulio masajeando su enorme palo, el otro chico permaneció inmóvil y Amalia camino conmigo a un sillón frente a la cama, nos sentamos y ella con una elegancia perfecta cruzo las piernas pidiendo al chico que nos recibió, sirviera dos copas de vino.

-Pueden comenzar. –Dijo Amalia con una voz grave y sensual.

Braulio comenzó a desvestir a la niña, prenda por prenda, su cuerpo se dejaba ver precioso y frágil ante su perversa mirada.

-¿Cómo te llamas dulzura? –Pregunto él besando su cuello. Melanie me miro y yo gire la cabeza de un lado a otro.

-Alejandrina mi señor.

-Un hermoso nombre para una mujer tan hermosa. Vamos, ven acá muchacho, acompáñame a disfrutar de este cuerpo precioso.

El muchacho se levantó dejando ver un cuerpo modesto pero moldeado, un pene grueso y moreno, ella al verlo me miro angustiada. “pórtate bien” le susurre desde aquel sillón y ella obediente tomo al chico de la cintura.

-Yo sé que esta escena no era la pactada, pero a mi esposa se le ocurrió esto y yo… no pude decirle que no a su propuesta.

El mesero se acercó a Amalia, ella le dio un estuche blanco de piel y se lo dio en las manos a Braulio.

-Solo usaras esto preciosa, ese cuello hermoso no debe verse vacío.

Abrió el estuche y en él se encontraba una cadena preciosa de oro blanco, colgando de ella, un dije en forma de gota de agua, del tamaño de una cereza pequeña con grabados dignos de un maestro joyero, topacios azules rodeaba un diminuto diamante. La pequeña putita al verlo sonrió y se motivó a ofrecer un espectáculo digno de recordarse.

-Muchas gracias señor. –Dijo Melanie a Braulio.

-Gracias a nuestra anfitriona preciosa.

Ella miro a Amalia y esta solo brindo su copa dando un gesto educado. Braulio coloco la joya en su cuello y comenzó a besar sus tetas. El chico se colocó de rodillas y chupaba el coño velludo de Melanie y con la mano masturbaba al abogado.

-esto se va a poner bueno. –Dijo Amalia retirando su calzón de encaje. –Muero por escuchar los gritos de esta chiquilla.

El mesero relleno mi copa y me puse cómodo en el sillón en espera de disfrutar el espectáculo. –Desnúdate David. –Me ordeno Amalia con una sonrisa pícara. –Encantado. –Respondí mientras me desabotonaba la camisa.

 

 

Continuara…

 

 


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