Travesuras en la bodega (Parte I)

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(Este relato contiene muchos modismos colombianos, de Bogotá más específicamente. Si tienes dudas, pregunta con libertad. Muchas gracias.)

Ella:

Soy la propietaria de una tienda de barrio, un pequeño local en el que vendo ropa infantil y artículos de aseo para los más chiquilines... una "pañalera" como llaman ese tipo de tiendas en Bogotá. No me quejo, me va bien pues siempre los padres necesitan pañales para sus bebés.

Hoy me levanté especialmente traviesa, pensando en uno de mis clientes. Es un padre reciente; hace poco llegó su hijo y viene frecuentemente a visitarme. Hemos desarrollado un cierto grado de confianza, ya superamos la etapa del "buenos días, veci" y conocemos nuestros nombres. Hacemos chistes, charlamos sobre las cosas del día. Es un hombre agradable. MUY agradable. La paternidad a veces eleva el atractivo de un hombre, ¿no les ha pasado? A mí sí, por lo menos.

Anoche tuve un sueño erótico con él y me desperté muy excitada, con mi vagina palpitante y mis pezones muy duritos. Todo en mi cuerpo me hacía cosquillas y tenía ganas de acariciarme toda, todita, toda. En la ducha lo logré en parte... mis pechos son grandes y alcanzo a lamer mis pezones, puedo acariciar mis areolas completamente con mi lengua y así lo hice hoy, imaginando que era la de Alfredito, mi cliente favorito, el nuevo padre papacito que me encanta, pero que es un territorio intocable.

¿O no?

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Él:

Ser padre primíparo tiene sus ventajas. Es decir, en ciertas ocasiones me siento admirado. No siempre, pero me pasa mucho con Clarita, la dueña de la pañalera. Hablo chévere con ella, tenemos temas en común y a veces percibo que hay una cierta tensión sexual cuando nuestras miradas se encuentran. No puedo negar que me atrae pero, aunque los hombres tenemos fama de "perros", creo que sería incapaz de lanzarme a proponerle algo, sobre todo porque amo a mi esposa y no me creo capaz de serle infiel. Clarita conoce a mi esposa desde la adolescencia pues vivimos en el mismo barrio desde hace tiempo y creo que también sería algo terrible si pasara algo extramarital y se llegara a saber. Creo que llevaré ese secreto conmigo siempre, pero tampoco puedo negar que me he masturbado varias veces pensando en ese hermoso par de tetas de Clarita, la forma en que tiemblan cuando se ríe, los escotes pronunciados que usa. No me siento sucio de pensar en eso, porque sé que quedará todo en el plano de la fantasía. Pero, joder, qué par de tetas... y la forma en que nos miramos...

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Ella:

Estoy nerviosa. He tomado una decisión. De pronto sea una equivocada, pero pienso que un nuevo padre quizás tenga pocas ocasiones de tener sexo, pues la nueva mamá estará ocupada con otras prioridades. Creo que he decidido hacer una travesura que será un regalo para ese papá. Ojalá no me salga el tiro por la culata. Y es que me encanta la forma en que me mira el escote y trata de disimular, ternurita...

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Él:

Juemadre, no hay pañales para mañana. Y ya está muy tarde, de pronto Clarita ya está cerrando. Mejor me apresuro. Y de paso aprovecho y le miro el escote. Pero disimulado, Fred, disimulado... mira que la otra vez casi te pilla mirándole las tetas. Hay que trabajar más en esa parte.

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Ella:

Uy, viene Alfredito corriendo. Se le volvieron a olvidar los pañales de mañana, seguro. Sigo nerviosa, acá puede ser la ocasión de hacer mi travesura erótica. Afortunadamente dejé más o menos lista la puesta en escena. No sé hasta dónde vaya a ser capaz de llegar. Ya veremos.

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- Alfredito, buenas noches.

- Clarita, hola. ¿Tienes pañales etapa...

- Venga, Alfredito, mejor entre y mira con calma porque ya estaba cerrando y no quiero que entren más clientes ahora. Y así lo atiendo a sumercé solito con tranquilidad.

- Listo, Clarita, gracias.

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Ella:

¿Será que nota algo raro? Ay, qué pena... y qué susto. Listo, cerrada la reja. Todo me palpita, estoy empapada.

Él:

¿Es impresión mía o Clarita está como agitada? Debió tener un día largo y duro. Como este que le tengo acá, ja, ja, ja. Fred, concentrado, parce, concentrado...

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- Y entonces, Alfredito, me decía que...

- Necesito unos pañales etapa 1 como siempre, Clarita. Y unos pañitos húmedos.

- Hmmm... húmedos. Ya miramos. Ah, pero acá no tengo. Toca mirar en la bodega. Ya vengo.

- Listo, Clarita.

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- (Ahora o nunca...) Ay, Alfredito, qué pena abusar de su confianza. Me puede ayudar acá teniéndome la escalera? Me da miedo, qué tal que me caiga...

- Con gusto, Clarita.

- Me la sostiene duro, por fa... ah, pero antes, ¿me pasa esa caja, por favor?

- Listo, Clarita... huy...

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Él, pensando:

Huy, marica, ¿qué tal la blusa de Clarita? Toda holgada... Qué rico se le ven desde acá abajo ese par de tetotas... qué downblouse tan bacano... Ops, ¿me habrá escuchado?

Ella, pensando:

Ay, Alfredito, míreme las tetas, no sea malito... sí, así... huy, eso, agárrese más el paquete, papito hermoso, así... hmmm... debí haberme puesto la falda más corta. Ya qué...

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- Alfredito, ¿le gusta lo que ve?

- Eh, oh... no sé de qué hablas, Clarita...

- Alfredito, ya no disimule. Sé que me estaba mirando los pechos, lo pillé...

- Ay, Clarita, perd...

- ...y me gustó que lo hiciera, jijijiji. Dígame la verdad, ¿quiere verlos más de cerca? ¿Quiere verme las tetas así desnudas? Sumercé quiere verme en bola, ¿cierto?

- Clarita, no lo puedo negar... desde hace mucho tiempo lo he deseado. Pero tenemos muchas cosas que cuidar...

- Lo sé, Alfredito, lo sé... pero podemos mantener esta travesura entre nosotros, ¿le parece? Y lo más probable es que solo podamos hacer esta travesura por esta vez...

- ¿De verdad, Clarita? ¿Me vas a mostrar tus pechos?

(Continúa... click en mi nombre para ver más...)


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