Buenas vecinas

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Me llamo Estefanía, tengo 36 años y vivo con mi hijo Diego de 18 años.

Tenemos de vecinos una joven pareja de recién casados. Ella se llama Carmina y tiene 19 años, y su marido está casi todo el día fuera en su trabajo. Yo solo trabajo 3 días en semana y Carmina está en paro.

A estos nuevos vecinos se les ve muy serios, y se visten de estilo muy tradicional. En la mujer se nota más, pues a pesar de los días calurosos de esta semana, que invitan a vestir con la piel al aire, va con faldas largas y blusas bien abotonadas casi hasta el cuello.

Nos damos los buenos días al cruzarnos en el ascensor, pero poco más.

Ayer la situación cambió. Nos cruzamos en el supermercado del barrio y vinimos juntas hasta la casa. Yo estaba bastante habladora, pues me había tomado un aperitivo antes de ir al súper.

Nos cruzamos en la zona de cosmética y productos de higiene personal. Mientras ella cogía un gel, colonia, y un paquete de compresas, yo cogí un bote de lubricante sexual y un paquete de preservativos. Carmina tenía los ojos fuera del casco mirando mis compras, y al cruzarnos las miradas se ruborizó toda su cara.

Seguimos haciendo la compra juntas. En las verduras estábamos las dos solas, yo cogí un pepino bien grande y lo balanceé con unas risas: "quien tuviera esto en la casa" y por primera vez le vi una sonrisa en su cara.

Subimos en el ascensor, y con las compras íbamos bien juntas, Carmina es más baja que yo y su cara estaba junto a mis pechos, que estaban bastante al aire por el calor, y que me gusta lucirlos. Ver su cara tan cerca hizo que se me ocurriera una pequeña broma, y al parar empotré descaradamente mis tetas con su cara, aprovechando el frenado algo brusco de nuestro ascensor. Le pedí disculpas, pero ella dijo que no las merecía, que hay que ver las paradas de este ascensor. Me pareció que no le disgustó el roce.

La invité a tomar café después de comer. Ella lo aceptó pues me dijo que su marido no llega antes de las 8 de la tarde.

Me puse algo coqueta para recibirla, con una falda corta a medio muslo, camiseta de tirantes blanca muy fina, sin sujetador debajo, y un tanga de encaje negro.

Preparé café, unas pastas y un licor de naranja que hago yo misma.

Ella también se arregló algo más, la blusa que tenía por la mañana, completamente cerrada, ya tenía unos botones abiertos y se vislumbraba algo el canalillo de sus pechos. También se había cambiado la falda poniéndose una más corta, por encima de la rodilla, enseñando por primera vez algo de sus muslos blancos, como toda tu piel.

Mientras tomábamos el café y hablábamos, se le fue su vista hacia mis pechos, que se marcaban claramente tras mi fina blusa, sonrojándose nuevamente al cazarla con la mirada.

Tras el segundo chupito de licor se fue soltando más a hablar.

Yo le dije que si tenía calor, pues un aro de humedad marcaba su blusa, se la podía quitar, que estábamos entre mujeres y había confianza.

Le gustó la idea y acto seguido se la quitó. Pues yo no voy a ser menos le dije, y también me la quité, con la diferencia que yo no llevaba sujetador.

Al fijar nuevamente su mirada, ahora con más intensidad, que se detuvo en mis pezones, apreciando su atractivo color marrón, la invité a tocarlos acercando su mano a mi torso desnudo.

- Puedes apretar que no se rompen, le dije con unas risas.

- Te ayudo a quitarte tu sujetador le dije, sin pronunciar respuesta, pero asintiendo.

-Tienes unos pechos muy bonitos, le dije, a la vez que acercaba mi mano para acariciarlos, y mi boca para besarlos.

- Los tuyos también me contestó.

Nos dimos un beso intenso en la boca, rozando nuestras lenguas, y nos abrazamos fuertemente rozando nuestros pechos.

 Tras desnudarme, me arrodillé para quitarle su falda y bragas, quería saborear el interior de sus muslos y comencé a besar y comer su chochito, estimulando todas y cada una de sus zonas secretas, agarrando fuertemente su trasero con mis manos.

Comenzó a estremecerse envuelta en un mar de palpitaciones y sensaciones ardientes, mientras la devoraba con la lengua, con los labios, con los dientes.

Nos fuimos al dormitorio, acostada una sobre la otra formando un 69, devorando nuestros sexos, mientras una oleada de espasmos recorría nuestros cuerpos, gemíamos y gritábamos.

Fruto de nuestra excitación no nos habíamos percatado que había otra persona en la habitación, mi hijo que había llegado a la casa y los ruidos le atrajeron al dormitorio.

Allí estaba frente a nosotras completamente desnudo, desafiante, con mirada lasciva, con todos nuestros sexos al descubierto. Mientras continuábamos quietas sin reaccionar al ser sorprendidas, un escalofrío subió por mi espalda con excitación y nervios. Él se acerca con una mano agarrando su miembro, que está completamente empalmado, acercándolo a la cara de Carmina, que no lo dudó y lo introdujo en su boca succionándolo sin parar, mientras acariciaba sus testículos y el interior de sus muslos.

Yo me levanté y abracé a mi hijo por atrás durante unos instantes, besándolo en el cuello, una forma de darle el visto bueno, para que se sintiera relajado y seguro en esta su primera vez, según me contó días más tarde.

Avisé a Carmina sobre la penetración anal, que cuando una no está acostumbrada siente algún dolor pero luego el placer de introducir el miembro en el culo es inmenso.

La puse arrodillada con el culo en pompa y le introduje uno de mis dedos con lubricante sabor chocolate  en el agujero de su ano hasta que estuvo suficientemente dilatado para que pudiera entrar la polla de mi hijo.

- Como me gusta lamer y besar este culo, le dije.

- Tienes un culo divino y precioso que estoy ansioso por taladrar, le dijo Diego a Carmina.

Diego introdujo el miembro lentamente en el agujero trasero de Carmina, para que la molestia inicial fuera mínima. Luego puse mi sexo junto a la cara de Carmina, que con cada embestida de la polla en su culo me introducía su lengua en mi chocho.

Fue aumentando el ritmo de la penetración poco a poco.

- Despacito ¡no puedo resistirlo!, dijo Carmina.

- ¡Si, si, rómpeme el culo!, ¡cuanto placer siento! dijo después.

 Luego la penetró con toda su fuerza una y otra vez, hasta que retiró su miembro.

Una oleada de espasmos recorrió su cuerpo.

Nuestras bocas se disputaban el esperma que despidió la polla de Diego, que resbalaba por nuestras caras, y que ambas saboreamos.

-Me alegra que haya sido este guapo y bien dotado joven quien me haya

- Cuando quieras repetir, mi culito se abrirá para recibir ese joven falo que me ha enloquecido y desvirgado por esa parte de mi cuerpo, dijo Carmina.

- Mi chochito también está ansioso por conocerte dijo Carmina.

Estefanía y Carmina se abrazan y juegan con sus lenguas y el esperma de Diego en sus bocas, mientras este se retira.

 


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