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Me reí contigo aquel día caluroso de Junio, lo recuerdo nítidamente porque hacía demasiado tiempo qué ya no podía reir. Había olvidado cómo hacerlo, tan simple como eso.

Como consecuencia a mi permanente estado de melancolía, empezaban a asomar arrugas en mi frente de tanto fruncir el ceño, pero desde ese día estival, han ido desplazándose las arrugas a las comisuras de mis labios. Pero no me importa, porque cada vez que estoy contigo te esfuerzas para que aparque mi innata tristeza, con tu hilarante sentido del humor y tus ganas de comerte el mundo.

Percibo como se te ilumina la cara e irradias en mí un poder reanimador y balsámico. Nos reímos tanto de nosotros mismos, sobre todas las cosas, que acaban doliéndonos hasta las entrañas de placer.

Nunca te agradeceré lo suficiente, aunque te dijera "gracias" cada día sin parar, tu extraordinaria generosidad y tu perenne alegría para conmigo.


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