Javier

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Como un arrebato casi adolescente, así sin pensarlo, mis dedos teclearon esa frase que lo decía todo. El vino que había tomado en la cena con Leo bloqueaba mis pensamientos y hacía que mis emociones pudieran aflorar con facilidad,  pero así y todo sabía que, al apretar el botón de "enter", ya no habría vuelta atrás.   - Acabo de coger con un tipo.   Los escasos segundos que pasaron entre que el gris de los dos tildes se transformó en celeste parecieron eternos, y, cuando ví que Javier estaba "escribiendo", mi corazón se aceleró preso de la incertidumbre.   Javier es Él.
Es arrebato y calma, es intensidad y pasión.
Es profundidad y fuego, y agua y aire.
Es el que logra hacerme bucear en mis profundidades más oscuras sin soltarme de la mano.
Es el que me impulsa a no refugiarme en la comodidad de lo conocido.
El que logra interpretar lo que digo porque me escucha más allá de las palabras.
El que me desnuda sin piedad pero me alienta a encontrar mi fortaleza al mismo tiempo.
Es el que me habla a través del silencio.
El que conoce mis cicatrices más dolorosas y las acaricia con paciencia y dulzura.
El que me impulsa a derribar muros hechos por otros para construir mis propios jardines.
Es el que me ama de una manera que rompe todas mis estructuras.
Es el que me permite ser sin juzgamiento ni críticas.
El que me emociona y me excita hasta hacerme perder en los confines del placer.
El que me alienta a deshacerme de lo viejo para abrazar lo nuevo.
Es el que me susurra al oído "vos podés, hacelo, yo sigo a tu lado".
Es el que me desconcierta y sorprende.
Es con quien sueño el futuro y el amor y el sexo y las palabras y los silencios y las miradas y el todo...
Javi es Él.

Juntos estamos fuera de toda lógica posible. Juntos somos nosotros y somo él y yo. Juntos somos lo incomprensible, lo indescifrable, la pertenencia. Juntos nos escapamos de los límites de la razón mundana. Somos conexión y potencial latente. Somos la fuerza del volcán en erupción y la debilidad de los brotes en primavera.

Y así como es él, y así como somos, así entendió mi primer noche de sexo con Leo luego de un septenio sin coger.

Entendió, aún sin yo decírselo, que estoy en la búsqueda de mi misma, estoy desandando un camino de condicionamientos que me impedían ver mi luz, entendió que le grito en silencio que no se aleje, que lo necesito cerca, que lo necesito siempre.

Cuando nos conectamos, conexión álmica y profunda, el tiempo se detiene y no existe nada más.
Intercambiamos ideas, sensaciones, pensamientos, sentimientos. Nos descubrimos nuevamente en el otro y, como si hubiese recuperado un preciado tesoro, lo sentí más cerca que nunca.

Hicimos el amor con nuestras almas y nuestras mentes, aunque nuestros cuerpos no estaban cerca físicamente. Y también cogimos. Y lo sentí adentro, y lo sentí profundo. Porque, cuando me coge, siento que su ser se desborda dentro mío y llega a cada recóndito espacio de mi cuerpo.... Porque cuando me coge, le entrego mi pasado, mi presente y mi futuro...

Porque así somos nosotros, él y yo.
Un inmenso misterio.
Lentamente.
Paso a paso

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