Crónica del sobreviviente 143,666

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La estela de destrucción que dejó la invasión extraterrestre era de proporciones épicas, el 80% de la población mundial murió a causa del ataque de los invasores. Los angeles, los seres divinos de Dios llegaron en nuestra ayuda en el último minuto, dos movimientos de sus armas celestiales fueron suficientes para acabar con toda la flota extraterrestre, no tuvieron piedad, no hubo prisioneros, tampoco hubo restos de los alienígenas ni de sus armas ni de sus naves, todo fue vaporizado en un abrir y cerrar de ojos. No cabe duda que los acólitos de Dios son impresionantes.

Cuando todo terminó, una mujer sobreviviente se acercó a uno de los angeles y con lágrimas en los ojos le dió las gracias, "gloria a Dios y a su infinita misericordia, no nos abandonó en nuestro momento de mayor peligro y en su infinita sabiduría, envio a su ejército para protegernos de estos seres malvados... Gracias! Muchas gracias enviado del señor, que Dios te bendiga!"

El ángel miró a la mujer, levanto la cabeza y alzó la voz dirigiéndose a los que se acercaron a verlo. "Levántense y miren hacia adelante. Reconstruyan sus ciudades y disfruten de la vida que hemos venido a salvar. Que esto que acaba de ocurrir en los últimos días sea un recordatorio de su fragilidad, no permitan que su soberbia vuelva a ponerlos contra la pared. Y tú, mujer, no te equivoques. Hemos venido en su ayuda solo porque nada ajeno a este mundo puede perturbar los planes que nuestro señor tiene preparado para ustedes. Vivan sus vidas y no olviden este día, porque todo ese sufrimiento ni siquiera raya la superficie de lo que vendrá para ustedes, solo los más afortunados pereceran antes de que volvamos a presentarnos ante la humanidad"

Dicho esto, cientos de luces volaron hacia el cielo y desaparecieron en el silencio del atardecer. La mujer quedó muda, las palabras del ángel le helaron hasta los huesos y quedó ahí, en el suelo con la mirada perdida atrapada en un shock causado por el terror, los demás que estuvimos ahí, nos dispersamos llenos de insertidumbre.

Tiempo después las ciudades se volvieron a levantar y en cada una de ellas, en el centro se colocó un enorme reloj que calendarizaba los días y una leyenda escrita que al día de hoy dice: 3,650 días sin incidentes, agradezcan estar con vida el día de hoy.

 


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