Sur

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De todas las canciones de los poetas y músicos del tango, yo elijo “Sur”. Hay muchas canciones importantes, pero para mí “Sur” representa lo mejor, una canción para siempre. La música lleva la firma de Aníbal Troilo, Pichuco, mi gran maestro. Los versos de Homero Manzi son de una belleza enorme, un hombre de ideas claras, de mucho carácter, guionista de películas que cuando se puso a escribir canciones resultaron inolvidables. Con Troilo escribieron “Barrio de tango”, “Romance de barrio”, “Discepolín”, “Che bandoneón”, “Sur”, y por ahí alguna otra. No han escrito mucho, pero todos son clásicos. En una entrevista que vi por televisión, el gran compositor Héctor Stamponi (“Chupita”, le decían) contó que Ernesto Sabato una vez dijo que daría a cambio toda la literatura que había escrito por ser el autor de “Sur”. Me conmovió mucho.

La primera vez que escuché “Sur” debía tener unos 14 años. La escuché por Edmundo Rivero: era esa primera grabación de Pichuco que iba a ser eterna. Yo era pibe. Nací en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, y en mi casa se escuchaba mucho tango. Empecé a tocar y a estudiar allá, y a los 17 me vine a Buenos Aires. Ahí empecé el trato con los músicos y maestros de acá, pero ya tenía cuatro años de experiencia tocando el bandoneón en orquestas locales y también empezaba a escribir.

Entré a la orquesta de Pichuco más de 20 años después de que escribiera “Sur”. Recuerdo que para él era una canción muy querida, una pieza escogida, y elegía mucho a quién se la daba, no se la confiaba a cualquier cantor.

“Sur” es una canción hermosa que ha sido grabada por todos los intérpretes, la mayoría de los músicos alguna vez sintió un afecto y una inclinación a tocarla. Yo la grabé en una versión muy especial, una suite instrumental para cuerdas y orquesta, con una orquesta enorme de 28 músicos, en 1977. Era un homenaje a Troilo. También estaban “Garúa” y “Pa‘ que bailen los muchachos”, pero “Sur” era el corazón de ese homenaje. Después la grabé como director acompañante: con el Polaco, con Floreal Ruiz; y no hace tanto también con Bianco. El arreglo más importante que hice fue para la Orquesta Sinfónica del Capitolio de Toulouse, en Francia, en 1992. Dirigí la orquesta para el concierto de año nuevo de 1997 y volví a escribir íntegramente todos los arreglos para una versión de “Sur” que cantó Jairo.

La canción es un tercer género. No es poesía, ni música; las dos conforman algo nuevo que surge de esa unión. Y “Sur” es una canción para siempre, única. De todos los versos de Manzi me quedo con el que dice que él la espera en la vidriera. Es romántico y nostálgico, habla de un Buenos Aires que se fue y de las novias que esperaban tras las persianas. Pichuco siempre fue un porteño, vivió muchos años en el límite del Abasto o de Palermo. En cambio, Homero vino de Añatuya, en Santiago del Estero, llegó a los 6 o 7 años y se instaló en Parque Patricios y se transformó en un cronista de su barrio. Prefirió dejar para otra oportunidad el ser poeta de libros y escribir canciones hermosas en un lenguaje popular.

“Sur” se estrenó en 1948 y es una de las obras cumbres de nuestra canción. Les preguntaría a muchos músicos quién era el ministro de Economía de la Nación de aquel entonces. Seguramente no muchos lo recuerden, y yo tampoco. Pero sé que fue el año en el que se estrenó “Sur”. Es la trascendencia especial que tienen algunas obras. No es el destino de todas. “Sur” tiene cerca de 60 años y nos va a sobrevivir a todos.

Raul Garello


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