Mi vecina (2ª parte)

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El camino hasta la cala era empinado y angosto, pero contemplar mientras descendíamos su bello cuerpo vestido tan solo con aquel minúsculo top bajo el que se marcaban como estiletes sus enormes pezones y esos pantaloncitos de fina y brillante tela que apenas cubrían sus preciosas nalgas, lo hacía sin duda más llevadero. Tenía un cuerpo menudo pero perfectamente construido y la melena recogida en una larga coleta que oscilaba de lado a lado a cada paso. Un rato después alcanzamos la pequeña playa, semioculta entre grandes riscos y enmarcada por grandes paredes planas y lisas de rocas que llegaban hasta la misma orilla. Dejamos las mochilas en el suelo y extendimos una gran toalla sobre la arena, casi al mismo borde del mar, asombrosamente calmo.

Ella se mostraba sonriente y feliz y yo expectante y ansioso por saber que me depararía la jornada, cuando sin mediar palabra se acercó a mí, rodeo mi cuello con sus brazos pegó su cuerpecito al mío, y mirándome a los ojos me dio un largo y dulce beso en la boca.

Debo reconocer que aquello me dejó inicialmente descolocado, pero su pícara mirada, la dulzura de sus labios y el jugueteo incesante de su jugosa lengua con la mía, ayudaron a que enseguida me dejara llevar.

-Dios, vecino, no imaginas cuántas ganas tenía de hacer esto. Ufff, me tienes cachonda perdida desde ayer. Lo sabías?

-Algo advertí, le contesté socarronamente, mientras tomaba su cuerpo por las caderas fijándolo al mío y nuestras lenguas volvían a buscarse. Mis manos subieron entonces por sus costados, y las yemas de mis dedos rozaron sus pechos bajo el pequeño top. Solo sentir el leve contacto y ella exhaló un tímido gemido, ajustó aún más sus caderas a las mías e inició un ligero movimiento de vaivén de su pubis contra mi sexo, que provocó en mi una incipiente y ya irrefrenable erección. Mis manos tomaron entonces sus pechos y empecé a masajearlos. Eran unas tetas de locura, no muy voluminosas, pero de una consistencia solo explicable por su juventud, coronadas por unos pezones puntiagudos que enseguida comencé a frotar.

-Mmmmmm, siiiii, acaríciamelos así cielo, dijo mientras me empujaba hacia una de las grandes rocas.

-Uffff. Me tienes mojada desde ayer. Necesito que tu enorme polla me penetre ahora, susurró entre jadeos, mientras de un rápido movimiento me despojaba de la camiseta.

Entonces ella se separó un instante e hizo lo mismo con su top, dejando al aire sus imponentes pechos que saltaron de un lado al otro al sentirse libres, y en otro certero movimiento se bajo el pantaloncito, quedándose tan sólo con la pequeña braguita del bikini. Colocó sus piernas a ambos lados de una de las mías y comenzó a acariciar mi pecho mientras besaba de nuevo mis labios, mi cuello, mi oreja. Sus dedos entonces empezaron a juguetear con la costura de mi bañador. Notaba el calor y la humedad de su sexo que ella frotaba contra mi muslo. Yo estaba cada vez más excitado y dentro del bañador mi verga pugnaba ya por hacerse un sitio, cada vez más dura e inflamada. Ella entonces deshizo con habilidad el nudo del cordón del bañador y al hacerlo su mano rozó el bulto que ya para entonces se silueteaba imponente en la fina tela del bañador. Mi polla dio un respingo y no pude contener un leve gemido. Ella lo advirtió y su jugueteo con el elástico del bañador acabó como era de esperar con su mano deslizándose por completo hacia dentro hasta abarcar por completo con ella mi polla.

-Mmmmmm, está durita, cielo, me encanta, me dijo con mirada lasciva mientras con la otra mano deslizaba el bañador hacia los pies y comenzaba a masturbarme.

Aquello era la locura. Yo también deseaba que llegara ese momento desde el día anterior. Y en esos pensamientos estaba cuando se detuvo, clavó sus rodillas en la arena, agarró con sus manos mis caderas, colocó su rostro ante el empinado barrote y comenzó a lamer el glande, recogiendo con su lengua el líquido que empezaba a brotar, engullendo por completo la polla a continuación mientras su lengua saboreaba todo su contorno. Así estuvo varios minutos succionando, lamiendo entre jadeos, mordiendo, tragándosela hasta el fondo. Sin usar las manos, solo con su boca, con su lengua, con sus dientes. Se le notaba cómo disfrutaba al ver mi cara descompuesta por el enorme placer que me hacía sentir.

-Ahhhmmmmm, -exclamó mientras paraba para tomar aire-. Diosss, qué maravilla! dijo extasiada mientras contemplaba con vicio la enorme verga brillante de su saliva, consciente de que no a mucho tardar esa enorme barra de carne palpitante y dura la llenaría por dentro.....

 


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