El aleteo de la mariposa (cap. I)

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Capitulo I. Huevo.

Hace ya tiempo que la conocí, buscando refugio en las redes sociales, queriendo escapar de la realidad… huyendo de la soledad. Ahí en un oscuro rincón, alejada del bullicio de la sociedad se encontraba ella, escondida, serena, observando sin ser vista, refugiándose de aquellos que la habían dañado y querían detener sus sueños.

Casi de inmediato nos hicimos amigos, pasamos los días escribiéndonos, platicando nuestro andar, compartiendo miedos, aventuras y anhelos… compartiendo sentimientos y deseos que parecían por fin encontrar un lugar. Por las noches ella tejía aventuras en mundos lejanos al nuestro, yo era el tripulante de su hermosa embarcación, juntos ampliábamos los horizontes de nuestra imaginación, conquistábamos cada noche nuevos mundos, pero en todos estábamos solamente nosotros; a su lado aun en la distancia cualquier mundo era perfecto.

Dejamos de escribir y comenzamos a hablar, conocí su voz, queda, serena, melodiosa pero sobre todo seductora. Me perdía en cada una de sus palabras, me abrazaba con su voz, la sentía conmigo, la sentía en cada oración y la deseaba con cada conversación. Era fascinante pasar mis días conversando con ella, siempre había algo de que platicar, siempre había un lugar nuevo que visitar, una nueva aventura por contar y un nuevo secreto por guardar.

Un día las cosas fueron un poco más allá, ya habíamos intercambiado fotos, sin embargo esta vez para mi grata sorpresa pude conocer sus lindas piernas, torneadas, bien definidas, sencillamente hermosas; era imposible para mi sacarlas de mi cabeza, las imaginaba paseando por mi mente, seduciéndome con su vaivén… seduciéndome con sus caderas. Esa noche como todas las demás noches me despedí de ella y me disponía a dormir cuando un nuevo mensaje de ella había llegado después de ya algún rato… mi voz había provocado algo en ella, mi voz había despertado algo en ella. Mientras me confesaba con un tono de picardía que no había ido a dormir si no a imaginarnos juntos en la cama, a saciar con sus manos ese fuego que en ella había despertado, yo no podía evitar imaginar su cuerpo desnudo, sus piernas caminando hacia a mí, su cuerpo encima del mío, el movimiento de sus caderas mientras nos entregábamos al deseo… mientras escuchaba lo rico que había pasado el momento yo dedique a masturbarme pensando en ella, deseándola, anhelándola. No se lo pude confesar, sonrojado y sorprendido me despedí y me dedique a auto complacerme mientras nos imaginaba, frenéticamente entregados a la lujuria, penetrándola salvajemente mientras la tomaba en mis brazos, mientras devoraba sus senos, escuchando sus gemidos, sintiendo sus rasguños, sintiendo su humedad con cada embestida… pero solo era mi imaginación, y yo lo había callado.


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