Hoy le pedí permiso a mi esposa para serle infiel (1/2)

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Hoy le pedí permiso a mi esposa para montarle cachos. Tenemos varios meses separados, ella en una ciudad y yo en otra. Seguimos amándonos, seguimos casados. Seguimos con un proyecto de vida juntos. Pero quiero coger. Tengo ganas de tener sexo con alguien. Salir por allí, flirtear, coger. Satisfacer lo que me pide el cuerpo.

 

La idea es que se venga donde yo estoy. Pero justo en los últimos meses le han dado más responsabilidades en el trabajo y más plata por eso y es una oportunidad que no debe ser desaprovechada. Pero como decía quiero coger. Me lo pide el cuerpo. Me lo pide sobre todo después de que hace un mes recibí un correo de ella en el que me contaba cómo fue que se acostó con un tipo.

 

“Amor me acosté con un tipo. Sabía que debía decirte pero no sabía si antes o después de que ocurriera. Decidí que también quiero contarte cómo fue. Que no te mereces que te oculte Nada. Y quiero que sepas que te amo, que te sigo amando y que quiero seguir contigo. Pero lo necesitaba”.

 

Cuándo leí eso me quedé frío. Es verdad siempre habíamos hablado que en la situación hipotética en que uno se acostara con otra persona uno debía contarle al otro.

 

Pero ya no era una situación hipotética. Lo había hecho. Prosiguió:

 

“Lo conocí hace un par de semanas en un bar al que voy a veces luego de una larga jornada. Yo tomaba mi martini y el se Sentó al lado dejando un puesto de por medio. Estaba en la barra y el barman usual, Avelino, no estaba ese día. No tenía yo con quién hablar.

 

-¿Aquí preparan buenos los martini? Me preguntó mientras removía el hielo de lo que parecía ser un ron en las rocas.

Sonreí ante la evidentes ganas de buscar conversación.

Si, dije al fin. Uno de los mejores que he probado. Y he probado bastantes. Salud, me dijo. Alzando su vaso.

 

Lo detalle: moreno,fornido, se le marcaban los cuadritos producto seguro de muchas horas de gimnasio, más alto que yo, pero no demasiado. Y también más joven. No creo que llegara a los 30.

-Yo tomo ron. En las rocas. Si acá tenemos el mejor ron del mundo ¿Como no tomarlo? Dijo tratando de hacerse el interesante.

 

Decidí seguirle el juego .

-¿El mejor ron cómo es eso?

-Porque todo el ron venezolano tiene un mínimo de añejamiento necesario para poder llamarse ron. Es como la champaña francesa, que se puede llamar así si solo se hace con un método y un tipo de uva.- Dijo haciéndose el interesante mientras yo me fijaba en sus carnosos labios.

 

Tienes que entender amor que tenemos casi un año sin vernos. Sin estar juntos. Sin sexo. Sin tener a nadie que me haga sentir mujer. O como a ti te gusta decir, su hembra.Tampoco fue algo que planifiqué, pero que dejé pasar una a una todas las señales de contención, hasta que simplemente quise dejarme llevar. Ante tu ausencia necesitaba estar con un hombre.

 

Y si, este tipo del bar, no sería el amor de mi vida, pero sin duda si tenía pinta de una buena fantasía, de un buen semental que me cogiera como en estos días me lo merezco.

 

¿Entiendes?- me dijo cuando me di cuenta que me seguía fijando en sus labios y los que ellos podrían hacer conmigo y que algo de lo que dijo no había escuchado. Si claro. Eso es lo que llaman el impuesto de los ángeles, por eso el ron que se hace con el método de solera tiene cada vez menos alcohol.

Ya yo llevaba tres martini. El otro vaso de Ron yo había decidido acercarme a él, corriéndome de puesto.

Empecé a darle todas las señales posibles de interés: acerqué mi cuerpo al hablar con él, le sonreía cada vez más, mis piernas se abrió un poco en esa dirección hasta que por fin el puso su mano sobre mi pierna, lo dejé jugar un rato, para que sintiera que tenía un poco de control. Pero como veía que dudaba lo empecé a besar yo. Y el más que besos me devoraba con su ansiedad. Me agarraba por la nuca y nos colmamos de besos un buen rato.

-Vamos a otro lado, dije yo tomando las iniciativa.

-Estás segura? -inquirió. Muy segura, le dije.

Lo llevé a un hotel de esos de los que íbamos cuando empezamos, uno que recordaba yo tenía unos sillones fantásticos en la habitación que permitían ponerla a una en cualquier posición.

En el camino paramos para que comprara una cajita de forros y yo le dije que también lubricante.

Él debía pensar que se había ganado la lotería, o que se tropezó con una muy puta.

Mientras manejaba  ponía su mano en mi inglé. Por supuesto la situación me calentaba. Llegamos al hotel, y me di cuenta que por un momento que él tuvo la intención de pagar. No lo dejé, sabía que seguramente aquello estaba fuera de sí presupuesto.

Subimos a la habitación y era mejor de lo que recordaba, porque hace poco las habían renovado.

 

Entramos al cuarto, nos besábamos y fue allí aún estando vestidos que por primera vez le agarré sus nalgas.Eran duras, paradas. de alguien que seguro hacia mucho ejercicio.No como yo, pero bueno también tengo otros encantos.

 

Le quité su camisa y con mi mano acaricié sus pectorales, lo hacía como quien repuja la arcilla con los dedos, repasándolos y sintiendo la dureza de sus pechos bien puestos.

El desabrochó el pantalón y se sacó su miembro mostrándome lo como diciendo: “chupa aquí”.

 

Lo ví, tenía un buen tamaño y estaba semi duro . Pero sonreí y le dije:

“Para que yo llegué ahí. Esa boquita tuya tiene que pasar primero por aquí”, le dije agarrándome el pubis.

Se echó a reír. Y asintió.

-Vamos a bañarnos.Nos terminamos de desnudar. y entramos a una ducha transparente por tres de sus cuatro lados Varios jabones líquidos de distinto olor, estaban en una repisa.  El se puso a mis espaldas y me echó un poco de jabón con olor a canela por el cuello, un chorrito que al sentirlo recorrer mi espalda, empezó a erizarme la piel. . El primero con sus dedos y luego con su mano completa empezó a esparcir el jabón por mi espalda. Hasta que allí dónde la espalda pierde su nombre, me echó de nuevo otro chorrito de jabón que se dejó colar entre mis nalgas. Aquello me encanto. Pero más me gustó, cuando posó sus manos sobre mis nalgas y entre ellas para esparcir el jabón. Me agarró con fuerza y firmeza y se colocó completamente detrás de mí. Podía sentir su miembro más erecto entre mis nalgas y sus manos empezaron  a enjabonar mis pechos, mis pezones, mi vientre y por supuesto tomó con su mano mi monte de venus, apretándolo y diciéndome al oído. Esto será mío esta noche. Me estremecí toda.

Continúa...


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