Brillo Enceguecedor

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Había una vez una estrella cuya luz llegaba  a la tierra de una manera asombrosa, intensa, parecia un faro cercano.

Todo el mundo al llegar el crepúsculo, nos desviaba los ojos del cielo para observar el poderoso haz de luz blanca, firme como un destello ingotable; casi se podría decir que opacaba la blanca  y esperada luz de la luna llena.

Sin embargo la estrellita, no tenía la más lejana idea de su esplendor. Muy por el contrario, consideraba inútil. Más aún ni se comparaba con otras estrellitas muy movedizas, coquetas y que siempre la hacían a un lado.

Pasó el tiempo, hasta que un cohete espacial se detuvo frente a la fulgurante estrella. Era una misión que planeaba el arribo a un planeta oscuro y se necesitaría crear luz.

-Eres la estrella más luminosa- dijo el astronauta al abordar a la estrellita que muy cómodamente respondiuó: -¿Yo? ... no se equivoque, sí le puedo indicar quienes realmente poseen luz intensa. Eso sí, no son mis amigas-

-Sabemos bien a quien nos dirigimos y es a tí- insistió el astronauta. Seguimos hacia una planeta oscuro y  si aceptas serás la encargada de convertir esa eterna noche en día y eso nos permitirá investigar paso a paso ese lugar-

-¡Wuau! Qué compromiso. Hagamos el intento, pero pronto verán que no sirvo para eso- con humildad la estrella.

Esta subió a la nave. Al rato llegaron al planeta que era imposible de describir. Oscuro, más que una noche de cielo encapotado.

No bien se posó el cohete sobre el suelo, descendió la estrellita que con un paso inseguro dejaba la nave espacial. De repente... luz, brillo... era hermoso todo allí. Distinto a lo conocido, pero se podía apreciar claramente ese nuevo mundo.

No había más que reconocer a la estrellita como el nuevo sol, la responsable de los días allí.

-¡Misión cumplido! Sin errores de cálculo.- los astronautas.

Volviendo a la estrellita, se sentía rara. Era involuntaria su capacidad de imitar al sol y pensó:

¡cuántas veces ingnoramos lo que podemos hacer, nuestros valores, mientras que otros ignoran lo que nunca podrán ser y pensó con piedad en las otras estrellitas con menor cantidad de luz. Y agradecida... reconoció sus virtudes.


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