UNA HISTORIA NATURAL

Por franciscomiralles
Enviado el 04/08/2018, clasificado en Cuentos
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" No sé lo que me ha sucedido que de rpente, de estar en un lugar con abundante vegetación,

alguien, posiblemente otros gigantes de dos patas; peludos y de piel blanca, me ha 

depositado en este gran recipiente repleto de agua.

La verdad es que mi nuevo habitáculo se me antoja pequeño, y tengo poco margen para

moverme; no estoy demasiado cómoda. No obstante desde este miserable patio se vislumbra

un cielo azul cubierto de nubes que son barridos por el viento.

Por tanto saco la cabeza al exterior y oteo con la mirada la superfiie del patio, que no es un

recinto demasiado grande. Sin embargo a pesar de estas limitaciones que no se pueden

comparar con el maravilloso sitio en el que vivía antes rodeado de vegetación y frente a un

ancho mar, me voy familiarizando con mi nuevo entorno y exclamo para mis adentros "¡Que

grato es el sol que bruñe con sus cálidos rayos la superficie el agua del recinto en el que

estoy!"

¡Alarma, alguien viene! Es uno de los gigantes peludos, de pien blanca que me ha  traído aquí.

De súbito e entra un miedo cerval porque no conozco sus intenciones. Lo más seguro es que

venga a devorarme como es natural; de la misma  manera como también me zampo de vez

en cuando a los seres que son inferiores a mi. Así que debo de ocultarme sí... Y sin pensarlo

dos veces escondo la cabeza dentro de mi verdadera "casa"; me encierro en mí misma y de

ese modo me parece que estoy más segura.

Aunque no le vea siento la presencia, la resoiración del gigante, mie ntras que yo no oso

moverme. ¿Qué me hará? Poco a poco al ver que nada me sucede decido asomar la cabeza

y plantar cara a la situación, pero sin demasiada confianza de lo que me pueda ocurrir. Y veo

que el sujeto me observa con curiosidad. ¿Es que nunca ha visto a alguien como yo? ¡Cuidado!

De repente se inclina hacia mi, y con una de sus extremidades me agarra, y me levanta hasta

el nivel de sus ojos. Ahora sí que estoy a sus expensas y me veo impotente ante su fortaleza

física.

Pero el gigante parece que no tiene ningún deseo de hacerme ningún daño; sólo emite unos

sonidos muy raros con la boca, que juzgo que sean su modo de comunicarse con sus iguales.

Y aún no comprendiendo el significado de lo que expresa, me percato por sus gestos, su

mirada de que siente algo bueno por mí.

¡Y esto es todo un descubrimiento, un insólito acontecimiento! porque aprendo a discernir una

actitud de otra; de lo bueno y de lo malo. No todo el mundo superior a mí tiene porque ser

necesariamente amenazante. Lo más grande no siempre es sinónimo de peligro.

De todas formas, la manera de ser de este sujeto no la comprendo, ya que en mi mundo los

seres más grandes suelen aprovecharse de los más pequeños que invadenb el "hábitat" de

éstos y que son incapaces de adaptarse a él. Es así como se mantiene nuestra comunidad.

Por otra parte los seres inferiores se ven obligados a desarrollar sus defensas, o un camuflage

para proteger sus frágiles vidas, y conservar el equilibrio de su  especie que es en definitiva

lo que a todos nos importa sin excepción.

Pero a todo esto, ¿qué Fuerza misteriosa guía a este gigante de dos patas para que sea tan

benévolo conmigo?

Él me devuelve a mi habitáculo, y a contunación me echa una sabrosa comida de marisco

la cual devoro con fruición. Mas cuando éste se va, yo instintivamente quiero dar vía libre a

mi libertad. Tengo que conseguir salir de este recipiente...¡Uf; cuánto cuesta salir afuera!

Pero por fin ya estoy en tierra firme. La perspectiva desde ahí se ve distinta; parece más

amplia de lo que es en realidad. A ver, a ver... ¿De qué puedo proveerme en caso de

necesidad? ¿Qué recursos esconde este árido patio? Como no veo a nadie, corro veloz de un

extremo a otro; y en mi recorrido ya he visto algunos posibles alimentos.

Pero el peligro se encuentra en todas pàrtes. Pues en otro momento en que ha venido por

sorpresa otro gigante de dos patas que es más viejo que el anterior, al verme en un rincón de

aquel patio, me ha cogido con una de sus extremidades, y me ha depositado de nuevo en

aquel recinto con agua. Pero para que no me vuelva a escapar, coloca una tabla encima del

recinto, sin que yo pueda ver la luz del sol.

Ahora me siento angustiada. Pasa el tiempo lenta, muy lentamente, y tengo los miembros

entumecidos; apenas puedo moverme. Asimismo estoy en la más absoluta oscuridad; es una

oscuridad opresiva, densa y deprimente que me aplasta. Quizás nunca pueda llegar a tener

descendientes que es a lo que aspiramos las hembras como yo.

Transurre un tiempo indefinido y todo sigue igual. Existe la vida animada por la luz del sol, y

en su vertiente contraria la oscuridad, la nada. ¿Seráasí la muerte; o por el contrario llegaré

a fusionarme en la fuerza misteriosa del "ente" que anima a mi gigante benefactor?

Pero cuando menos me lo espero mi corazón da un vuelco de alegría, siento una inusitada

esperanza porque sé que viene alguien. ¿Será el joven gigante de dos patas?

Éste al ver mi apurada situación libera mi habitáculo de la pesada tabla, me cambia el agua;

me da nuevamente de comer, y tomándome con una de sus extremidades, me zarandea

arriba y abajo; arriba y abajo produciéndome un terrible vértigo, y emite un extraño sonido

respecto a mi.

- FLO- RI- TA. - expresa.

¡Y con que sonido tan feo me ha llamado! Vamos, decirme a  mi "FLORITA", cuando lo que yo

soy es una hermosa tortuga de agua!

 

 


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