Mi primera vez

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Lo vi a lo lejos  vestido con su uniforme de fútbol americano, sus grandes y brillantes ojos azules hacían juego perfecto con su piel blanquecina su cabello castaño claro y una seductora barbilla adornada con una hendidura en la que la madre naturaleza se notaba había apostado por un derroche de perfección. Su imponente estatura de 1:87 mt, comparada con mi 1:55 mts me hacía ver mas pequeña de lo habitual.

Por ese entonces yo gozaba de una piel tersa y lozana, unos pechos turgentes y un par de generosas nalgas bien redondas. Eso no pasó desapercibido a sus ojos que se posaron en mí de forma inmediata. Me abordó con rapidez y con dulces y melosos halagos me dejé conquistar.

A su lado conocí por vez primera un beso de amor, y me sentía la mujer más consentida del mundo, siendo él todo un adonis y yo una chica muy normal, me sentía orgullosa de ser la dueña del corazón de ese gallardo joven.

Fuimos novios a la antigua durante un año, en donde no pasábamos de unos besos apasionados y un manoseo un tanto subido de tono pero por encima de la ropa.

Aún lo recuerdo fue un 27 de marzo, en donde fue como tantas veces a casa a visitarme, pero esa vez las hormonas nos traicionaban y nos dejamos seducir por los deseos de nuestros cuerpos, y fue allí en mi cama vestida de rosado cuando me hice mujer por vez primera.

Ambos nerviosos sin saber muy bien como sería nuestra primera vez nos dejamos conducir por la excitación. Me tendió boca arriba en mi cama y con un rápido movimiento subió mi vestido hasta mi pecho, para entonces sentía su miembro erecto y casi desbordándose del pantalón.

Empezó a lamer mi sexo de una forma desenfrenada, sentía mis pezones duros como una roca, mi vagina muy mojada deseaba ser llenada con un cuerpo rígido y caliente.

Y así fue que con un movimiento gentil me penetró lentamente sin dejar de ver mi rostro observando como gesticulaba de placer, la mirada encendida viendo sus rítmicos movimientos, apenas habían pasado unos minutos cuando la naturaleza de su inexperiencia quiso que con un violento movimiento se saliera de mi cuerpo y casi instantáneamente  vertiera sobre el suelo el elixir de la vida.

No, yo no había logrado llegar a la cima, me quedé corta, estaba muy excitada , el clímax estaba muy cerca porque lo había interrumpido con su inocencia rota, y con el último aliento de su miembro aún semi erecto me monté en él y lo cabalgué como una loca...Era una carrera contra el tiempo entre su erección semi marchita y mi deseo contenido...Ahí..ahí se vislumbraba mi deseo consumado, y entonces en violentos espasmos subí al cielo en milésimas de segundo... ¡Qué placer tan sublime, fue como tocar las estrellas con mis manos!

Reposamos después de semejante desgaste de energía y fue así como nuestros nombres quedaron grabados en nuestra piel para siempre, en donde escribimos la historia que nos acompañaría por el resto de nuestras vidas sin importar si siguiéramos juntos o no, esa historia que solo la conocen al pie de la letra nuestros cuerpos desnudos.


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