Dientes de Leche

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Emiliano estaba en plena etapa de cambio de dientes, claro perdía los de leche y comenzaban a asomar los definitivos, los que llevaría toda la vida.

En el colegio todos los compañeros, estaban pasando por lo mismo.

Era my común en los recreos excucharlos hablar sobre eso y preguntarse: ¿cuánto te dieron por el diente que te falta hoy? Giuliano

-Poco, no estaba mi abuelo que es el que me da monedas gordas, las más grandes ¿viste? - respondió Emiliano y continuaaban con sus actividaades de juego.

Lo que ocurría con Emi, era que para su abuelo no había más nietos, para darle plata era el único.

Un día... los chicos se reunieron y se pusieron de acuerdo en que querían ir a tomar jugos con hamburguesas. Obvio, eran varios y ninguno tenía plata.

Entondes el más pícaro de todos, que siempre lo hay, Enzo, propuso -¿qué tgal si nos pintamos más de un diente de negro? Si... parecerá que realmente faltan de la boca ¿no?. Risas estruendosas y choque de manos entre ellos, sellaron la idea.

Aunque todavía la más ocurrente, no se había escuchado y era lo que dijo  César -me vino recién al la cabeza: escuchen, para completar el truco mostremos esos caramelos con forma de diente ¿vieron?... total, los van a mirar rápido; eso no es muy lindo ver ¿eh?. Un griterío fue lo más fuerte que se podría oir.

Tenían ahora la fórmula perfecta para hacerse de unos pesos. A decir verdad los chicos ya se abusaban con esto de cambiar dientes por plata. Aparte la pedían a toda la familia. Comenzaron entonces a intentar uno por uno en casa.

Mal no les estaba yendo y cada chico que lo ponía en práctica traía ideas, de cómo mostrar y cuánto tiempo tardar para no arruinar nada.

Cuando le toca el turno a Emiliano, llega a casa, se oscurece los dientes, se mira en el espejo y la imagen  lo conforma. Parecían perdidos de verdad. Escuchó la puerta y como suponía era su abuelo. -Hola abuelo... casi llegamos juntos- -Hola hijito, bahh, como casi siempre, acaso no somos  los primeros en llegar a casa? - - Si... si-Emi algo nervioso. Le costaba redondear la situación, además tenía que hablar con la z... y esta vez no tuvo mucho éxito. No era fácil hablar como si le faltaran dientes de verdad. Cuando pasó, le salía hablar como podía y nunca lo había notado, ahora tenía que fingir. -Mirá abuelo quiero mostrarte- tratando de cecear lo mejor posible, -¿viste esos dientes que costaban salir?...acaban de caérseme y mostró su boca abierta, bajo la lampara que menos iluminaba, mientras en su mano tenía los caramelos con forma de diente... y ¡la sorpresa!... el abuelo abró la boca y respondió:-mira son los mismos dientes que me salieron a mí, pues hice tratamiento dental  y ya no me falta ningún diente- ..

-Noo- Emi -no puede ser ... ¿a tu edad?-

Si mi hijito la ciencia avanza, aún para los más viejos , así que si te doy monedas, vos también me das --¿no crees que tengo derecho a que me den algo en premio? ¡tengo dientes nuevos!... si no, quedamos a mano... ¿trato hecho?-

Jamás Emi habría podido imaginar la astucia de su abuelo. Igual había ya plata suficiente para las hamburguesas y bebidas, pues los chicos habían reunido bastante.

Ni hablar las risas de todos cuando Emi contó la historia.

-Tenés un abuelo re piola- ja ja ja

Todos a coro.


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