LA IMAGINACIÓN DE AMARYLLIS

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Leila salió de la ducha cubierta con una toalla, debía entrar en su cuarto para vestirse y así ponerse a leer el informe de la Fundación COPO. La curiosidad de relacionar el nombre de la fundación con las imágenes de unas flores pudo más así que se instaló en su diván a leer. Mientras observaba aquella interminable lista de números y acotaciones un mosquito se detuvo en su areola izquierda. Bueno podía quítárselo sin descubrir su esferita y sin descuidar una que otra frase de ese informe.

Llegó a la parte que en sí le llamaba la atención, la parte que hablaba de unas platas sembradas en el patio de la casa donde funcionaba la fundación con el fin de que los visitantes pudiran mirar algo que tranquilizara sus ojos de tantas menudencias y complicaciones. Decía el mencionado informe que una de las miembros de la fundación mira esas plantas porque eso la hace sentirse relajada y hasta excitada en sus asuntos íntimos…
–– ¡Epa! no estoy leyendo sobre las cosas que esa chica hace en la cama ¿verdad? se supone que esto es informe de una fundación de ayuda a personas con… a ver…

Tras una aclaratoria a sí misma Leila vuelve ser contactada por el mosquito pero esta vez en su nalga izquierda. Justo cuando se está frotando la nalga alguien la vio por la ventana y la silbó. Seguro que fue un morboso que no tiene nada que hcer sino expiar casas ajenas. Siguió con la lectura y decía que en el dormitorio de aquella joven miembro había un recipiente con unas amaryllis. Como quiera que Leila también tiene una matera con unas amryllis se acercó la matera. De ahí salió un nuevo mosquito justo cuando ella se dispone a tocarse la piernas y aterrizó en la delgaga línea que separa las dos partes de su triángulo.

El caso es que quisiera o no tuvo que poner la toalla en el sofá para deshacerse del inoportuno mosquito. Así desnuda escucha una voz que le dice:
–– Así era como quería verte mi linda, eres lo que más he soñado.

La voz veía de una ventana en donde estaba un afortunado curioso contemplado el cuerpo de Leila y deseando que su grueso y largo atadijo ocultado y reprimido tras sus pantalones fuera ese mosquito  que se paró ahí en donde tenía que pararse. ¡Eso sí que es tener suerte! y todo gracias a una amaryllis.


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