Noche de tragos

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Y sí, habían transcurrido ya unos meses desde la última vez que entre líneas desfogué todo el deseo que tenía acumulado hacia él.

De pronto, un fin de semana cualquiera por casualidad llegué al bar; y justo ahí se encontraba él, con su aspecto tan interesante como intrigante, con esa mirada tan sensual, su barba que invitaba a pecar... Él fumaba su cigarro tras un muro a escasos metros de quienes compartían tragos, me senté y desde mi mesa veía ligeramente su cabeza y el humo de su cigarrillo perderse en el aire. Era inevitable mirarlo, aunque fuera de lejos quería que supiera que lo deseaba, más que que a nadie, más que a nada.

Bebí rápidamente la primera cerveza, en menos 5 minutos pedí la segunda, y mis amigos me veían intrigados, sin embargo, no presté importancia y continué bebiendo, finalmente me encantaba el cosquilleo que producía en mi parte baja el efecto del alcohol recorriendo por mis venas. En un pequeño descuido él ya estaba en la barra, pero por alguna extraña razón se rehusó a mirarme, o por lo menos no me miró tanto como yo lo hice.

Se levantó nuevamente y fue tras el muro a fumar, a esa hora yo había sobrepasado mi límite con las cervezas, y la calentura era evidente. Lo imaginaba, y mi pelvis de contraía de sólo pensarlo, quería tenerlo, quería probarlo. Sin mayor reparo me levanté, y sigilosamente fui tras el muro, él nunca se sorprendió, quizás también lo imaginaba, tal vez lo esperaba tanto como yo. Ese momento fue una mezcla de alcohol en nuestro cuerpo, el olor a nicotina, y el deseo latente. Me acerqué y sin mediar palabras lo besé dulcemente a lo cual correspondió.

Inmediatamente sentí su erección, mis labios y mi lengua fueron el detonante, y que caliente me puso eso... Muy en mi interior tenía alma de exhibicionista, por eso no me importaba nada. Seguí besándolo, desde su boca roja y deliciosa, seguí a su cuello y a partir de ahí recorrí el camino que me condujo a la gloria.

Ya entrada en esfuerzos, de rodillas sobre el césped sintético bajé el cierre de su jean, lo cual dejó expuesta una maravillosa, provocativa, tentadora y deliciosa erección...

Lentamente lo introduje en mi boca que se había hecho agua de sólo verlo, chupé con tantas ganas, con tanta pasión, que para él probablemente fue imposible disimular su cara de placer. Enredó mi cabello en sus manos, y me presionó fuertemente ante su sexo, lo sentí tan profundo, a punto de tragármelo.

Lo tomé con mi mano, pasé mi lengua desde la base y me detuve en su glande donde hice suaves movimientos a su alrededor con mi lengua, la fuerza con que tiraba de mi cabello era la respuesta a lo que le producía esa mamada.

Después de unos minutos que lata mi fueron escasos en medio del goce, pude sentir como sus músculos se contraían, lo que me indicó que ese néctar delicioso venía en camino directo a mi boca, y así fue; caliente, espeso, dulce y delicioso. Llenó mi boca con sus líquidos, y en medio de cada uno de sus corrientazos tragué hasta la última gota como si fuera un vaso de agua en medio del desierto.

Limpié mi boca, me levanté sutilmente, le guiñé el ojo y regresé a mi mesa. 


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