AURA DE MI MEJOR AMIGA

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Mi apetitosa Nigelia Kurti:

Desde hace unos meses para acá no he podido dejar de pensar en ti. Tienes una piel maciza y al mismo tiempo delicada sinceramente eres todo un glamur. Lo que más me llamó la atención fue cuando me apretaste y gradualmente fuiste aumentando la fuerza de esa mano que me parecía inocente e incapaz. Traté de no quejarme, pero fue imposible me clavaste tus uñas en mi bichito y eso me produjo un delicioso dolor. Todavía recuerdo que tenías a cada rato que acomodarte esa minifaldita azul que desesperada quería huir de tus muslos pero que tú no la dejabas. Fue algo impactante ese beso que nos dimos y cómo nuestras manos recorrían cada vez con más confianza nuestros cuerpos, por cierto, el tuyo es monumentalmente dibujado.

Lo mejor de todo fue cuando llegó el momento del desquite, cuando mi dedo índice derecho paso rápido y con cáusticas ganas por tu cuquita caliente y húmeda. Te puse a gritar y reír al mismo tiempo, fue ahí cuando nuestras pieles se adhirieron tanto que no había movimiento que no hicieras tú que yo no emulara y viceversa. Aun estando así de pegaditos mi tallo seguía quietecito dormido mientas que tú me insinuabas con toda claridad que estabas dispuesta a ser explorada y zarandeada. Ambos disfrutábamos mirándonos y diciéndonos cosas que crispaban nuestras mentes. Yo por mi parte estaba enajenado y realmente me parecía que estaba en el gran momento de mi vida ya que siempre he admirado muchísimo tu cuerpo y tu forma de tratarme.

Había algo que nos estorbaba y es que donde estábamos no podíamos hacer nada más, aunque quisiéramos. Cuando estábamos de lo más lindo transportados y ya encaminados a ir a algún lugar donde tuviéramos un poco de privacidad, llegó nuestra ingenua amiguita Beryl preguntando si podíamos ir juntos no recuerdo para dónde pero sí sé me quedé frío ya que es un lugar exclusivo donde se permite lo que sea. Nos había estado observando y deseaba unirse al juego pero yo lo que quería era disfrutar de ti y que tu disfrutaras de mí, ella no formaba parte de mis planes pero como tú aceptaste pues yo también tuve que sumarme a la propuesta.

Déjame decirte mi buena Nigelia que nunca antes había estado con dos chicas tan atractivas como ustedes y más aún, yo a Beryl tampoco la creía capaz de ofrecerme un momento de locura ya que siempre nos hemos tratado con distancia. Fue algo fenomenal cuando tú la desnudaste despacito y ella a ti, y cuando ella te frotó las nalgas con sus suaves pechos de terciopelo. Sobre todo porque tú fuiste la me desabrochaste la camisa mientras ella me sacaba cañón que ahora sí esta empezando a tener ganas de complacer a tu cosita. Yo quería darte a ti las estocadas y Beryl lo sabía y por eso hizo lo que pudo para retardar la enclavada.

Pero entonces tú colocaste el ápice de tu lengua en el cuello de mi glande y la moviste por un buen rato sin que saliera de esa área. Fue ahí cuando se me puso más rígido que el hierro y largo como una pértiga. Todavía recuerdo cuando Beryl te dijo en medio de bufidos largos:
–– Por favor Nigelia deja que lo meta en mi cosa primero.
Mientras tú le respondías
–– Yo soy la que se lo lamo y también que le saco la leche a este monstruo y para ti lo que quede.

¡Cómo hubiera querido tener dos para darles la primera tanda a las dos al mismo tiempo! Pero Beryl me lo lamió antes que yo empezara a introducírtelo y una vez que yo te lo metí ella siguió tocándome. Ustedes juntas son toda una hazaña, y durante toda una noche y parte de la mañana siguiente poderlas tener enseñándome lo lindas que son tanto por fuera como por dentro. Un rato una, un rato otra a las dos les di mi crema, reconociendo también que las dos casi me dejan en el sitio porque son robustas e incansables. Beryl salió primero y tú la despediste tocándole el trasero. Te quedaste conmigo como una hora más y aunque ya yo podía darte otra embestida si estuvimos en la cama acariciándonos y frotando nuevamente nuestras pieles que seguían ardientes.

Te escribo todo esto porque sigo disponible para cuando me necesites.

Tu amigo que te aprecia mucho,
Gary Melky


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