DESESPERACIÓN MÉDICA

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Agosto, martes, 16 Hs.

La doctora Emily se preparaba para recibir a su primer paciente en su consulta particular oftalmológica, el éxito obtenido con su profesionalidad ya hacía tiempo que habían conseguido el suficiente dinero para su operación.
Pero una llamada aquella tarde cambiaría todo pronóstico…
Su teléfono móvil la avisaba con insistencia de que tenía que contestar, era su médico en Washington.
-Dime George, saludaba Emily cordialmente a su amigo…
No volvió a hablar, se despidió de su interlocutor pronunciando un “de acuerdo”. Mientras se miraba en el espejo y sorbía de aquel humeante café. Allí viéndose reflejada en él, Emily hacía el ademán de dar un puñetazo al ver su rostro deforme, las cicatrices y el parche tapando su ojo derecho, le recordaban aquél fatal accidente.
-Ahora todo tendrá que esperar, hablaba en voz alta…
¡Maldita mi suerte!Tenía que ser ahora cuando se volviesen atrás en la donación…
Su rostro se desencajaba por minutos, la rabia en aquel instante no la dejaba apartar su mano del ojo sano, que casi lastimando manoseaba.
La consulta estaba en la habitación contigua y Emily escuchó como la enfermera le indicaba que había suministrado la anestesia a la paciente para extraerle un cuerpo extraño alojado en el lagrimal.
Una sensación de serenidad se apoderó de ella y pasó a la consulta, allí se encontraba la joven con la que podía conversar mientras se calzaba aquellos guantes de látex. La conversación fue corta, y ya con los utensilios adecuados en las manos, Emily se dirigió a reparar aquel percance sin la mayor importancia en su paciente. Pero antes preguntó a su ayudante…
-¿Qué ojo es el enfermo?
-El derecho doctora, contestó la enfermera…
-De acuerdo, contestó Emily…
Cuando al minuto se escuchó un aterrador grito del que fueron testigos los que estaban en la sala de espera…
Y una sonriente Emily alzaba su trofeo frente a la cara de terror de su ayudante, mientras la paciente gritaba…
¡¡Mi ojo… mi ojo!!

© Adelina GN


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