Seguramente al sol ya no quede nada. Parte 3

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El día a día era cada vez mas difícil, lo sabíamos, pero aun así tratábamos de afrontarlo, el señor Sol cada vez estaba más tristes, la señora Queso lo ignoraba y que por eso estaba triste, me reía. La noche llego y la señora Queso se posiciono en lo más alto para que podamos apreciar su belleza melancólica. Regresábamos al refugio improvisado, una cueva, solo había una salida para evitar se cazados por las bestias, colocábamos cañas, rocas en la entrada de manera que dificulte el ingreso a intrusos no deseados, simple pero efectivo. Entonces ocurrió un fenómeno que nos tomo por sorpresa un fenómeno que se decía que destruía hogares y familias, un terremoto. Tratamos de escapar pero la entrada estaba difícilmente obstruida, un arma de doble filo, pensó el hombre muy tarde. Los efectos del terremoto no se dieron a esperar, la entrada de la cueva fue cerrado por un derrumbe, no entramos en pánico. Nos calmamos y pensamos, dimos por sentencia que debíamos de despojar las rocas, nos tomaría tiempo pero, ¿seria efectivo?, no lo sé, solo asentí. Deposite mi confianza en él. Quizás sea muy egoísta por estar en su cuidado cuando lo mejor para el seria que me abandonase o acabase conmigo. ¿Es egoísta querer vivir a costa de otros?. No quiero morir, por mi, por él, por ellos; mi familia.
DÍA 1: Tratamos de sacar las rocas, el hombre, yo y mi hermano. Mi hermano me ayuda a cargar las rocas, el hombre me mira pero no dice nada, ¿día o noche?, no me importa, nos cansamos y descansamos, comemos.
DÍA 2: Por la falta de caza, y carencia de animales, cazamos roedores de la cueva, es difícil , nuestras raciones son reducidas, comemos lo mínimo, seguimos sin encontrar una rayo de luz.
DÍA 3: Seguimos intentándolo, por mi falta de masa corporal, a causa de mi edad no puedo ayudar demasiado, me siento un estorbo, solo reduzco su raciones.
DÍA 4: El hombre suspira cada vez más al verme con mi hermano. Mi hermano no come por dármelo a mi, acepto la ración de mi hermano .... soy escoria, ¿verdad?.
DÍA 5: La ración durará solo esta noche, seguimos sacado rocas parece que ya casi lo logramos, lo sentimos, calculando la cantidad de rocas que hemos movido con la dimensión de la cueva, estamos cerca, hay esperanza. Lo comparto con el hombre para que no pierda las esperanzas. Me sonríe, pero sus ojos están vacíos. Le temo.
DÍA 6: La comida se acabo podemos resistir unos dias más, seguimos sacando las rocas. Mi hermano no pierde las energías. El hombre ya no nos mira.
DÍA 7-8: Seguimos sacando rocas y durmiendo.
DÍA 9: Perdemos las fuerzas , el cansancio es demasiado para mí, el hombre sigue sacando rocas, no me mira, mi hermano trata de darme ánimos, no le respondo, no quiero gastar energías. Duermo. Duermo. Duermo .... puedo escuchar que el hombre dice "hay luz" rió con esperanza, trato de abrir los ojos pero es imposible. Duermo.
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Cuando te conocí durmiendo, me recordaste a mi hijo, hijo que perdí por culpa de este mundo, era de noche no teníamos comida, le decía que continuase que aún podemos seguir, pero el cansancio lo derroto, me miraba, lo miraba. Vi en sus ojos que perdía las esperanzas, los cerraba, llevábamos días sin comer, era normal que esto pasase, era inevitable, no era mi culpa, no lo es, todo lo que le paso a mi hijo fue culpa de este mundo, si, ¡si eso!, yo no tenia la culpa, ¿no?. Me vi empujado por la crueldad del mundo para hacerlo. No era mi culpa ..... ¡no lo era!, debía de sobrevivir, él ya había perdido las esperanzas, si, eso, yo aún no lo perdía, tenia derecho sobre el. Lo tenia. Se que mi hijo hubiera hecho los mismo, por él, por su madre. Ese día sobreviví, a costa de perder todo lo que tenia, viaje por el mundo buscando acabar con este sufrimiento, pero siempre que intentaba morir algo me detenía, ¿miedo a morir?, ¡claro que si!, debía morir como lo hizo mi hijo, por alguien, eso. Continué mi viaje sin rumbo, hasta que te encontré durmiendo, me recordaste a él, no su físico, no su edad, sino porque tenias esperanza, algo que había perdido y creía que si tenia cerca yo también podría sentirlo. La melancolía y tristeza me invadió, lo pude ver, hasta que despertó y se percato de mi, se asusto y corrió. Pensé, si, es mi castigo. Pero corrí tras él, ¿por qué?, ¡no lo sé!. Me halle enfrente de él sin nada que decir, nos miramos, y le hable. Nos conocimos y viajamos, hasta que llegamos a esta cueva. El derrumbe. Se lo que debo hacer.
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Estaba parado enfrente del pequeño, con un silencio total. Había podido abrir una brecha para que pueda salir una persona, no había opción, es un sacrificio necesario. Me senté junto a el, lo vi, llore en silencio no quise despertarle. Se lo que hizo, recuerdo cuando empezamos a viajar, el llevaba una mochila sucia, no me dejaba tocarlo, un día pude ver en su interior y todo encajo. ¿Cómo pudo un niño sobrevivir tanto tiempo solo?, ¿ qué comía?, no sabia nada de cazar. Pero cuando vi su mochila lo entendí. Debía de hacerlo.
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Cuando viajaba con mi familia los cuatro; papá, mamá, hermano y yo, eramos felices, pero como papá decía "la felicidad no alimenta", papá actuaba un poco raro cuando nos veía comer, sabía que él no comía por darnos a nosotros. Los días continuaban y la comida se acabo. Los días continuaron pero mamá ya no estaba. Todos sabían el por qué, pero nadie dijo nada. Teníamos comida, eso era lo que importaba, ¿no?, podíamos seguir viviendo. Los días continuaban y se acabo la comida. Los días continuaban pero papá ya no estaba. Si. Teníamos comida. Los días continuaban y se acabo la comida. Hermanito no despertaba, debía de hacerlo, si no lo hacia yo, ¿él lo haría?, si, debo ser fuerte, por papá y mamá, que nos miran desde algún lugar con el señor Sol. Hice lo que debí. Eso, el mundo no es complaciente. No es de color rosa. Y la felicidad no alimenta.
El señor Sol estaba triste, la señora Queso ya no le miraba, el señor Sol perdía sus ganas de seguir, ya no veía al niño radiante. Los días ya no serán como antes, todo ha cambiado.
Los rayos del señor Sol caían y bañaban la piel de la persona que había estado mucho tiempo sin salir de la cueva, se tapaba la cara porque el señor Sol lo cegaba. Respiro hondo, vio su mochila que cargaba, miro la cueva, estaba oscura. Lloró. Se limpio la cara y continuo su viaje. Se dijo así mismo "¡hice lo correcto!". Él hubiera hecho lo mismo. ¿Cómo lo se?, porque eramos iguales ... victimas de este putrefacto mundo que no perdona las caídas.

Fin


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