Lo engañé con su hermano... Y con el otro también parte 1

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El sexo con Orlando había entrado en la monotonía… Me sentía insatisfecha y mis perfiles en tres diferentes websites de ninfómanos me daban toda la razón. Aún no me atrevía a engañarlo piel con piel, pero mientras mi esposo trabajaba yo me la pasaba pajeándome por webcam con otros pervertidos de vergas gordas, acentos extranjeros y mentes aberrantes como la mía, que me pedían desde meterme el palo de escoba en el culo, hasta follarme bien duro y hasta el fondo mi cepillo para cabello.

No me malinterpretes, amo a Orlando y es mi vida, pero el sexo era aburrido… Es como hacer una transacción… Durante la semana cenábamos en nuestro apartamento, tomaba una ducha, se acostaba y entre 10:30 y 11:00 de la noche alzaba mi pijama, chupaba mis tetas, me dedeaba dos minutos y me la metía en misionero por espacio de 25 a 30 minutos. Pero no siempre fue así… Hasta nuestro tercer aniversario de matrimonio, el sexo era grandioso… Pero algo pasó ahora que llevamos cinco años de matrimonio… Ambos somos jóvenes, no tenemos hijos y no me engaña, eso lo comprobé.

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Siempre pensé que José Daniel, el segundo hermano de mi esposo, era muy sexy y su popularidad con las chicas me daba toda la razón. Tenemos la misma edad, por lo que mi relación con él siempre fue de camaradería… Hasta que en un caluroso verano, durante una visita a casa de mis suegros entré a su cuarto y lo vi desnudo. Estaba recién salido de la ducha por lo que aún podía ver las gotas de agua resbalando por su cuerpo atlético. Me quedé inmóvil en la puerta apreciando sus nalgas duras, piel trigueña, tremenda espalda y piernas velludas.

Al darse la vuelta me encontré con una verga gruesa, con venas con un hermoso tono verde y una cabezona color roja… “¡¿Por Dios Roxanna que ya nadie conoce la palabra privacidad?!”, exclamó tomando la toalla y cubriendo su sexo.

Su llamado de atención me estremeció, sacándome abruptamente de mi fantasía por lo que respondí entre avergonzada pero cachonda, guardando mis manos dentro de los bolsillitos del vestidito veraniego de lunares rojos que llevaba puesto: “lo siento, tus papás están en el auto con Orlando. Van por víveres al super y quieren saber si vas con ellos”.

“¿Y… tú quieres que vaya cu-ña-di-ta?”, preguntó soltando la toalla.

“Por favor no”, susurró mi puta interna…

Salí corriendo de la habitación y dije a mi marido y a mis suegros que “José Daniel dormía porque la puerta estaba ajustada y escuchaba sus ronquidos”. Ellos partieron con el compromiso de que yo adelantara la comida… Y eso hice jejeje.

Cuando volví, mi cuñis continuaba desnudo sentado en el espaldar de la cama. Percibí una pizca de nervios de su parte, como si reevaluara las cosas. ¡Pero no, yo no podía dejar que la moral ganara!… Estaba putamente cachonda y quería comerme esa polla… ¡Tenía que ser satisfecha!

De inmediato alcé mi vestidito, me subí sobre él y lo besé como ninfómana. Metí mi lengua en su boca y al encontrarme con la suya comenzamos un juego erótico de saliva, mordidas y mucha succión… Podía saborear la menta en sus labios y oler el exquisito gel de baño en su cabello, eso me hizo estallar de placer. Mientras José Daniel me tomaba por los mulos con una mano y con la otra se regocijaba apretando y masajeando mis tetas color canela, yo frotaba mi pelvis en su desnuda polla. El encaje de mi ropa interior me proporcionaba más placer, por lo que en cuestión de segundos empapé mis bragas.

“¡Roxanna me vas a volver loco!”, exclamó…

“¡Eso quiero!”, le respondí con vehemencia…

Él necesitaba sentir mi sexo y soltó mis tetas para jugar al explorador… Corrió a un lado mi tanga de encaje blanco y le dio un pequeño jalón a mi clítoris… ¡Wowwww! Eso me hizo gritar y pude sentir cómo la sangre corría más en mi concha… Él me tocaba haciendo círculos con sus dedos inundados de mis jugos, mientras yo seguía frotándome con su polla…

“¡Ay no pares por favor!… Tócame… Hazlo como no lo hace el pendejo de tu hermano… ¡Enséñale a ser hombre!”, lo motivaba y también a mí…

“¿De manera que el presumido de Orlando no te da trato de puta?... ¿No te coge como te lo mereces?... ¡Es hora de darte buena verga!”, me dijo al oído…

José Daniel hundió su inmenso y largo dedo del medio dentro de mi concha haciéndome perder el aliento. Lo movía tan rápido que yo me estremecía por lo que clavaba mis uñas en su espalda. Desesperada, quité su mano de mi coño y con urgencia comencé a restregar la cabeza de su verga en mi clítoris hasta que por fin me pude sentar sobre ella.

¡Joder, qué sensación! Su polla estaba tan dura, palpitante y caliente que me sentía en la gloria. Comencé a cabalgarlo sin piedad mientras gemía de placer… Quedé hipnotizada por la forma en que me miraban esos preciosos ojos verdes cuando suplicaba verga y sonreía de placer.

Mientras continuaba con el contacto visual, empecé a moverme más y más rápido. Saltaba de arriba abajo, intercalando mis caderas con movimientos circulares y de izquierda a derecha. Agregué más emoción liberando mis apretados senos del vestido y poniéndolos en su cara.

“¡Cómete mis tetas!”, le ordené…

José Daniel mordió mis senos y no tuvo piedad con mis pezones, los mordiscaba, masticaba y jalaba. Esa sensación puso mi piel de gallina, regalándome un delicioso orgasmo que contrajo los músculos de mi coño, creando más fricción para la verga de mi cuñadito y haciendo que se derramara todo, todito, integro dentro mí… Vació toda su leche dentro de mi coñito aceitoso mientras me apretaba con fuerza y gritaba: “¡Aquí tienes tu leche caliente perra!”.

Tras unos segundos sentada sobre él, sintiendo el palpitar de su verga quise tomar una ducha. “Acompáñame… Debemos lavar un poco nuestro pecadito”, le dije sonriendo.

Me quité las bragas, y el vestido lentamente en frente de él. José Daniel estaba maravillado con mi cuerpo de 27 años y la forma en la que se derramaba su leche de mi concha. Ya en la ducha lo besaba y tallaba su espalda. Sentí que su polla tomaba nuevamente potencia, por lo que me arrodillé a mamársela. Tenía mis jugos, su leche y ese delicioso saborcito a él.

Me puso de pie, me aprisionó contra la división del baño y de espaldas nuevamente me la metió, esta vez bombeando con más fuerza, como si quisiera destrozar mi conchita. Mientras me clavaba sentía el agua fría en todo mi cuerdo y sus manos calientes apretando mis tetas.

“Aquí viene la segunda tanda de leche cuñadita ahhhhhhhhhhhh”, derramó su juguito salado en mi conchita. Con un beso finalicé nuestro primer encuentro y salí rápido de la ducha.

Diez minutos después ya estaba en la cocina, vestida, sin bragas (se las regalé a José Daniel como trofeo) y esperando a mi esposo. Tras unos segundos, la voz chillona de mi suegra dijo:

“¡Roxanna! Trajimos todo para la comida y nos encontramos a Emilio en la puerta”…

Continuará...


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