UN AÑO MÁS-Reto Navidad-El maravilloso mundo de los libros

Por eneri
Enviado el 30/11/2018, clasificado en Varios / otros
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Por aquellos días era tradición comenzar con los preparativos Navideños. Adornar el árbol de años, tantas veces guardado y vuelto a desenvolver para que los más pequeños disfrutasen era un instante de gloria. Poder colgar las bolas descoloridas y las estrellas ya despuntadas y colocar al pastorcillo apoyado en el puente por faltar la pierna izquierda que su hermano pequeño se había comido, no tenía tampoco precio.

 

Ausencias, todas, mucha familia ya no estaba, habían partido como lo haremos todos le dijo, aquella mañana su madre.

Pero no vayamos a ponernos tristes también les repitió...

Su sonrisa forzada anunciaba llanto, seguro cómo cada año, lloraría, sin darle importancia al momento. Tomando así la caja de tiras de las guirnaldas, se la entregó a María, que alborotando más de la cuenta se la vació a Pablo encima.

La niña reía sin parar y su mamá dejó que aquella travesura sucediese Navidad tras Navidad. A partir de aquel momento sería una tradición más. De igual modo lo era besar al niño para ponerlo en el pesebre.

 

Una estancia que durante unos meses había estado deslucida, empezaba ahora a cobrar vida, los colores la iluminaban que es lo que se pretende, poner vida a nuestras vidas.

Y a pesar de las ausencias hay que continuar con el sentido humano de la Navidad. Los que se fueron estarán contentos se decía María.

-No voy a llorar mamá y si lo hago será de alegría.

-Mi sonrisa forzada anuncia llanto. Y seguramente voy a llorar. Pero cumpliendo con la tradición un año más.

 

En aquel momento Dora entró en el salón, no podía creer lo que estaba viendo. Se llevó las manos a la cabeza y pronunció su nombre esbozando una sonrisa.

María había vaciado sobre la cabeza del perro el contenido de la caja de guirnaldas. Y mirando la cara de asombro de Dora, le dijo: No te extrañes, es tradición, y ahora... Besó la figura del Niño Jesús y tomando su bastón se acercó a ponerlo en el pesebre.

 

Esa tarde pese a sus noventa años María cumplió con su vida, honrando a los que ya no estaban. Llevando a cabo una tradición que a pesar de su edad no había olvidado.

©Adelina GN

 


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