La vocecilla interior 2

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La enfermera que lo había entrevistado, que también era la propietaria de la residencia, se dedicó a seguirla por todas partes para ver lo que hacía. Con ella iba otra auxiliar que debía ser la que le explicara el funcionamiento de la residencia.
- ¿Y ahora qué hacemos? - dijo Anna.
- Es la hora de los aseos, los tenemos que ir llevando a todos al water - respondió el asistente.
Anna se dirigió a una habitación donde había visto que había una grúa y la cogió.
- ¿Qué haces? -gritó el auxiliar horrorizada.
- Voy a llevar la grúa al lavabo.
Le faltó tiempo a aquella auxiliar para ir corriendo a la enfermera para decirle que "pretendía poner a los ancianos en una grúa".
- ¿Cómo? Quieres poner los abuelos colgando como chorizos en una grúa? Te gustaría que te colgaran ti así? - exclamó coléricamente la enfermera.
- Y como los pongo en el lavabo? Yo no tengo suficiente fuerza para coger a una persona de 100 kg y sentarse en la al water y luego limpiarla. Las grúas están diseñadas para ello. No les hacen ningún daño.
- Tú aquí harás lo que yo diga, que para eso soy la que paga !!.
Se quedó helada. La enfermera le acababa de enseñar su verdadera cara (que no es que resultara una sorpresa), pero que ahora ya le dejaba ver claramente cuál sería el trato que recibiría allí, mientras que la otra auxiliar la miraba con una sonrisa que mostraba lo mucho que estaba disfrutando con aquella escena. El cerebro de Anna trabajaba rápidamente intentando encontrar una salida razonable a una situación que en un segundo había transformado la realidad en un infierno. Podía responder con la misma contundencia y salir violentamente de allí uno optar por la sumisión. Pero sabía que el contrato era de tres meses, y no recordaba que pusiera nada de período de prueba ..., como había podido pasar algo así por alto !!! Si marchaba voluntariamente no tendría derecho a cobrar el paro. Pero no lo sabía seguro, debía mirar para asegurarse.
Agobiada e impotente por aquel giro violento que la ponía contra la pared se quedó sin palabras y volvió a llevar la grúa al mismo lugar de donde la había cogido.
La enfermera sabía que había triunfado y se dedicó todo el día a demostrarle que ella era la que mandaba, ordenándole cosas absurdas y contradictorias, mientras el auxiliar que se suponía que tenía que enseñar reía las gracias de su ama y contribuía al escarnio de la nueva empleada.
Cuando por fin volvió a casa fue corriendo el cajón para ver si en el contrato había indicado un período de prueba, pero no aparecía nada. Estaba condenada a aguantar 3 meses aquella tortura  

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