Encuentro clandestino

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Era una mañana bastante agradable a pesar de lo soleada, pues mis días favoritos siempre se han caracterizado por un toque de frio y una claridad tenue.

Ahí estaba yo, fuera de su oficina esperando cumplir la cita que por años el destino nos arrebató.

Finalmente lo tenía en frente, tal como lo recordaba; con su barba prolijamente organizada, sus pestañas rizadas cuidando esos hermosos ojos color miel, sus labios rojos, su encantadora sonrisa, camisa de líneas azul y blanco que resaltaban de manera perfecta el color de su piel... Era él, mi viejo amor, mi deseo reprimido, el dueño de los mejores orgasmos que algún día experimenté.

Fuimos breves, compartimos un café, una charla de pocos minutos porqué los dos sabíamos lo que realmente deseábamos. Dejamos el café a medias, y decidimos caminar, tomados de la mano como si los años no hubieran pasado, como si el uno fuera el presente de otro.

Después de haber caminado algunos minutos nos adentramos en un callejón sin salida, en ese momento por primera vez desde que lo volví a ver sentí que el corazón se quería salir de mi pecho pues sabía que sucedería... Nos encontrábamos envueltos en un majestuoso y lujurioso beso, podía sentir su lengua chocar con la mía, sus manos apretando mi cadera mientras intentaba hundirme en su pelvis para poder sentir su erección.

En ese momento el tiempo se detuvo, no importaba nada más, ni que estábamos en la calle, ni las personas yendo y viniendo con sus afanes diarios, no, sólo importábamos nosotros y las ganas de consumar el deseo que sentíamos; seguimos besándonos apasionadamente, cada vez con más rudeza y más deseo.

Al salir del callejón decidimos buscar un sitio para los dos, donde no hubiese interrupciones, ni personas observando como demostrábamos esa desenfrenada pasión.

Al entrar a la habitación las ganas de hacerle el amor me ganaron la pelea, escasamente permití que cerrara la puerta para lanzarme sobre él y continuar con el beso que habíamos empezado minutos antes, éramos libres de hacer con el otro lo que quisiéramos. Mientras lo besaba empecé a tocar su sexo por encima del jean el cual con cada toque se hacía mas duro, suavemente entre besos en el cuello y caricias a su pene me fui abriendo camino para llegar a él, desabroché su camisa, besé su pecho, llegué a su ombligo, luego a su pelvis y en un intrépido movimiento bajé sus pantalones sólo para apreciar lo que sería mío, enseguida baje su bóxer y mi boca se hizo agua.

De rodillas y con su sexo en mi boca, pude lamerlo, chuparlo, saborearlo, disfrutarlo, mientras él presionaba mi cabeza con su mano, haciendo que su erección se hundiera profundamente en mi boca. Que placer me producía este hombre. Me levanté lentamente, planté un generoso beso en sus deliciosos labios, y tomé su mano guiándola a mí humedad.

Estábamos en la cama, mientras sus dedos se deslizaban dentro y fuera de mi mojada vagina, con la otra mano apretaba con fuerza mi seno y al mismo tiempo mordía el pezón del otro, que sensación tan indescriptible ahí estábamos haciendo el amor como nunca, como siempre.

Sin avisar penetró mi ser con toda su fuerza, que exquisito momento, tenerlo una vez más dentro de mí, embistiéndome como si fuese la última vez... Por momentos se movía rápido y al instante lentamente, me estaba torturando, algo dentro de ambos estaba a punto de estallar.

Aún sobre mí, y con su mirada clavada en la mía, entre gemidos, gritos y sollozos, aumentó la velocidad de su penetración, se mordía los labios del placer que eso le causaba, envolvió su mano en mi cuello y lo apretó con delicadeza, pero con pasión... Yo no aguantaba más, estaba a punto de llegar a la cúspide de mi deseo, le suplique que se corriera dentro de mí a lo que él accedió sin refutar.

Sentí todo de él en mi interior, en ese momento mis piernas empezaron a temblar, y un hormigueo comenzó a recorrer mis pies, hasta llegar a mis muslos y de ahí pasar a mi vagina para abrirse pasó a un río de sensaciones, era ese orgasmo que tanto recordaba, era él.


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