Chocolate con leche

Por Gaucho5570
Enviado el 24/12/2018, clasificado en Adultos / eróticos
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- Ya estoy cerca – me dije a mí misma en voz alta y me pellizqué los pezones hasta que los vi bien visibles a través de la delgada tela de seda de la camisa. No hacía frío dentro del coche pero sí afuera.

Mi esposo y yo habíamos cenado la noche anterior con Beatriz y Alejo, amigos nuestros desde hacía un par de años. Sabía que Beatriz no iba a estar en la casa por tres horas. Era mi oportunidad de encontrarlo solo a Alejo. Estacioné el auto en la calle, justo frente a la casa y me revisé el peinado y el maquillaje antes de bajarme. Caminé por el sendero hasta llegar a la puerta de calle. Llamé a la misma y me miré los pezones. El frío me había ayudado a mantenerlos visibles.

Alejo abrió la puerta y pude ver su sorpresa de verme allí. También vi que mis pezones le llamaron inmediatamente la atención porque bajó brevemente su vista para mirarlos.

- Hola Mabel, ¿qué te trae por aquí? – me dijo.

- Primero, déjame pasar que me muero de frío aquí afuera. – le respondí.

- Por supuesto, por supuesto, entra por favor.\

- Está calentito aquí – le dije. Era cierto, pero también era una excusa para sacarme el abrigo mientras caminaba hacia uno de los sillones del living. Mi culo había quedado así debidamente a la vista y me lo imaginaba a Alejo poniendo sus ojos en él. Mis pantalones lo mostraban en toda su gloria.

- Siéntate, Mabel. Dime por qué has venido – me dijo y agregó luego – Beatriz ha salido con unas amigas y no volverá por otras tres horas al menos.

- Ya lo sé, por eso he venido a esta hora. – internamente me causaba gracia que mis tetas eran como imanes para sus ojos. – ¿Tienes café para convidarme? – le pregunté.

Observé que su pantalón no podía ocultar que ya se estaba excitando. Apenas mencionó ir a buscar el café a la cocina me levanté y le desfilé mi trasero nuevamente por delante de sus ojos.

- Vine para hablar de una fiesta para el cumpleaños de Beatriz. - le dije mientras apoyaba mis codos en la piedra de la isla. Sabía que mi culo quedaba así bien expuesto a él antes de que alcanzara el lugar donde estaba la cafetera. – Pero primero te comento algo que se me acaba de ocurrir. ¿Sabes qué nunca he tenido sexo con un hombre blanco?

Casi derrama el café sobre la mesada pero se compuso. Creo que no solamente se compuso sino que visualizó lo que podía hacer y juntó valor para intentarlo porque le dio la vuelta a la isla con las tazas de café en las manos, las puso sobre la piedra de la isla y se paró a mi lado mirándome a los ojos.

- Pues estamos iguales, porque yo nunca tuve sexo con una mujer negra como tú. – Se quedó mirándome por unos instantes y decidí jugarme.

- Puedo ver que te has excitado de sólo mencionarlo – le dije y le pasé una mano por el bulto que crecía dentro de sus pantalones. – ¿Deberíamos hacer algo al respecto?

Me puso las manos en mis nalgas, me atrajo hacia él y comenzamos a besarnos a boca abierta. Retiró una de sus manos de mi trasero y comenzó a masajearme las tetas.

- Bueno, parece que vamos a saldar una deuda. – le dije mientras le abría la bragueta. Su pija tenía un gusto salobre cuando se la lamí antes de comenzar a metérmela en mi boca. Alejo me dejó hacer por unos momentos pero luego me detuvo y me hizo pararme nuevamente.

- Te quiero ver desnuda y yo voy a sacarte la camisa para empezar.

Continuamos los besos y yo comencé a masturbarlo mientras él me desabrochaba los botones de la camisa y me dejaba desnuda de la cintura para arriba.

- Eres muy bella – me dijo mientras llevaba su boca a mis pezones. Los trataba muy bien e imaginé con cierta envidia a mi amiga gozando de su pericia.

- Vamos a la habitación de huéspedes le dije – mientras tomaba mi camisa. – Comencé a caminar y Alejo aprovechó para darme una palmada en las nalgas. También eso te gusta, ¿eh?, pensé para mis adentros.

No tardamos en estar desnudos, la ropa tirada sobre una silla. Parados como estábamos Alejo volvió a mi boca, luego a mis pezones y continuó descendiendo mientras besaba todo mi cuerpo. Sus manos se deslizaban por mis costados acariciándome. Cuando llegó a mi pubis hundió su cara en el vello ensortijado del mismo y tanteó el agujero de mi concha con un par de sus dedos. Los retiró, ya húmedos, y se los puso en la boca. Puse una pierna sobre el borde de la cama para que mi vagina quedara expuesta y Alejo comenzó a lamerme el clítoris. A veces lo chupaba. No pude evitar emitir gemidos de satisfacción. Uno de sus dedos entraba y salía de mi concha en un recorrido corto. Yo sentía que mis jugos vaginales corrían por mi pierna.

- Buen trabajo, Alejo – le dije. – Pronto voy a recompensarte. – Lo dejé hacer unos momentos más sujetándole la cabeza contra mi concha. Las piernas me temblaban. – Ven, me voy a sentar en la silla – le dije.

Tiré la ropa al suelo y me senté. Comencé a masturbarlo mientras le humedecía la cabeza del pene con mi lengua. Le acaricié las bolas con la punta de mis uñas de la otra mano y me metí su pija en la boca hasta que me golpeó en el fondo de la garganta. La metía y la sacaba de mi boca con movimientos de mi cabeza. Cerré un poco la boca para sentir mejor su miembro, que tenía una dureza exquisita. Supongo que él también sentía mis faenas mejor porque gemía con placer.

Dejé de chupársela y le dije:

- ¿Vamos a la cama? Quiero que me penetres desde atrás pero nada de mandármela por el culo, ¿eh? Normal.

- Normal la tendrás, si eso quieres.

Con un simple manotazo Alejo separó las sábanas de la cama. Sin perder tiempo me puse en cuatro patas con mi vagina chorreando de la calentura que me había agarrado. Alejo pasó su poronga por mi vagina para mojarla bien antes de penetrarme pero antes la puso en el valle entre mis glúteos, moviéndola para aumentar su erección. Con cada movimiento su pija me rozaba el agujero chiquito.

- Métemela, no juegues más, métemela, quiero tenerte adentro – le dije. Apoyé mi cabeza en la cama para dejar libre una mano con la que me ocupé de mi clítoris. Un segundo después la verga de Alejo se metió entre los labios de mi vagina. Yo sentía como penetraba y penetraba en mi cuerpo. Una vez que estuvo toda adentro le dije:

- Quédate quieto por un momento, yo me moveré.

Empecé a moverme hacia adelante casi sacando su pene de mi concha, solo para moverme hacia atrás nuevamente para volver a metérmela hasta el fondo. ¡Qué bien la sentía! Había comenzado con movimientos lentos, deliberados, gozando cada centímetro de verga. Luego aceleré los vaivenes y mi culo golpeaba el bajo vientre de Alejo.

(continuará)


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