Debo estar loco (1era parte)

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Ains… qué pesado es empezar la semana con Geometría, me quejaba mientras caminaba con sueño por los pasillos de la universidad. Tiro mis cosas en la mesa y me recuesto mi cabeza sobre ella; estaba a punto de dormirme ahí en pleno salón de clases cuando escucho una voz que dice: -¡Buenos días! Espero que estén con muchas ganas y fuerzas de empezar este curso que, aunque lo vean difícil si practican no van a tener ningún problema y les doy un consejo: Si ustedes aprueban todas sus prácticas van a aprobar el curso así tengan mala nota en los examen parcial y final.

Estaba boquiabierta mirando a mi profesor de geometría, el flechazo fue instantáneo, sentía un millón de hormigas recorriendo mi cuerpo mientras yo lo miraba caminar de un lado a otro por el salón explicando los puntos básicos del curso.

Su voz debería de ser como la de un hombre de unos 45 años pero sonaba más joven, melodiosa y armoniosa. Tenía una sonrisa tímida y aparentemente estaba nervioso. Lo miraba, lo observaba, lo analizaba, lo estudiaba mientras mordía mi lápiz y estuve a punto de romperlo cuando mi mirada se detuvo en aquel atributo tan bello en los hombres ¡Sus nalgas! Mmm una delicia, seguro deberían de tener la textura de un durazno maduro y rico. El pantalón le quedaba a la medida justa en la parte de atrás. Mis ojos bailaban entre su rostro y su cola, no se decidían por cuál era su parte favorita. -¡¡Atenta!! -Me llamó la atención dando unos golpecitos con su lápiz en mi mesa. Qué cara tendría para que se haya fijado que mi, mi mente estaba muy lejos de los principios básicos de la geometría y metida en su pantalón. Nunca me había pasado esto pero este profesor había logrado alborotar todo mi ser y mis hormonas estaban en su máximo nivel. Mmm hombros y espalda ancha, Seguro que hace ejercicios ¿Cómo será verlo trabajar en la máquina de pecho? con el sudor cayendo por su rostro colorado, exhalando por la boca, llenando de aire sus pulmones. De gesto duro y serio me llamaba tremendamente la atención ¿Te gustaría jugar al profesor y la alumna? ¿Si me porto mal me darías unas nalgadas? Mmm en mi entrepierna sentí una calidez. Me imaginé en sus piernas él sentado en un sofá cómodo y yo sobre sus piernas con la cola levantada y la falda típica de colegiala, con medias largas, dos trenzas y una tanga roja. Me estremecí y una corriente eléctrica muy fuerte me recorrió toda hasta alojarse en mi pezones. Voy a provocarlo, pensé con malicia. Sabiendo que los pezones los tenía duros y se podrían notar sobre mi polo me erguí y saqué el pecho afuera, en un instante en que nuestras miradas se cruzaron acomodé mi cabello para atrás y sé que se dio cuenta de aquel detalle en mi porque se puso rojo, sonreí satisfecha como el diablito morado de los emoticones.

¿Pero que estoy haciendo? ¡Es mi profesor! No puedo tener esta clase de pensamientos. Ains, pero no le hago ningún daño, no, no es cierto porque quiero arañarle la espalda mientras él me tiene sujeta por las caderas mientras bombea todo su ser en mí y morderle esas nalgas redondas cuando este rendido sobre la cama después de hacer el amor.

Este juego de imaginármelo me ayuda a soportar este curso que de verdad es muy pesado, pero que gracias a los coordinadores pusieron a este profe serio y rico en mi camino.

Tiene todo el tipo de ser un nerd ¿Cómo habrá sido en el colegio? ¿En la universidad le habrá ido mejor? ¿Es tímido o me parece? ¿Es serio solo en clase? Me hago miles de preguntas, pero siempre mi imaginación termina en la misma escena, los dos revolcándonos en una cama.

Se convierte en mi fantasía recurrente, su cercanía me alborota todas las células, me acelera el corazón, me hace temblar y no hago otra cosa más que pensar en él. Se da cuenta de mi existencia porque en mis trabajos y prácticas se nota mi esfuerzo y me lo hace saber. Pero hay una duda en mi ¿Despertaré en él algo? Aunque sea el deseo. Porque la verdad no me importaría tener algo con él y lo más seguro es que sea casado.

Siento que algo me impulsa, que algo me inquieta, no sé qué hacer así que después de buscar materiales camino un poco, la zapatilla se me desamarra y me detengo a arreglar el problema. Entro a un supermercado y me lo encuentro en la cola, con su gesto amable y su sonrisa tímida, lo miro y el corazón se me acelera, decido dejar las cosas que iba a comprar y salgo detrás de él sin que me vea, está solo y se dirige a la cochera. El camina delante mío y no sé qué hacer ¿A caso estoy loca? ¿Lo estoy acosando? Mejor me doy vuelta antes de quedar como una loca, pero el destino decidió cuando el profesor se detuvo a recoger unas monedas y yo me tropecé con él. -Disculpe. -Dijo inmediatamente mientras me ayudaba a pararme. Quise abrazarlo como una escena romántica de las películas de Hollywood, pero di un brinco. -Disculpe profe. -Le dije, venía distraída (viendo su cola, no me atreví a confesar) Me sacudí las manos, pero al instante decidí seguir por todo mi pantalón. ¿Todo bien? ¿No estoy sucia? Le pregunté -Todo bien. Dijo rojo y me hizo sonreír. ¿Estaba nervioso? Sus palabras entrecortadas me decían que sí y el corazón se me aceleró tanto que lo sentía en la garganta. Nos miramos, pero él la apartó rápidamente. Mi mente trabajaba a mil por hora, mientras yo le hacía algunas preguntas sobre el curso para ganar tiempo y el las respondía cortantemente y muy rápido. Me parece que si le gusto igual que él a mí, pero debe de tener muy presente de que no se puede involucrar con una alumna, pero no quiero ser yo quien se arriesgue, no quiero ningún rechazo. Así que decidí despedirme de él. Me ofrece su mano, pero yo le doy un abrazo pegando mi pecho al de él.

Después de ese hecho la actitud del profesor cambió drásticamente, era más serio aún conmigo. Mantenía su distancia, uhm digamos que de un par de kilómetros. Mientras que yo me sentía más estimulada, lo miraba más a veces seria, a veces le sonreía, a veces lo ignoraba y muuuchas veces me lamía los labios cuando me daba cuenta de que también me miraba.

Cuando me tocaba crítica, estaba más serio aún y yo también, solo ahí la relación profesor alumna no me permitía tener pensamientos húmedos.


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