MIRANDA LIBRE Parte 7

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Lo intentaba cada mañana, se juraba a sí mismo que no volver con los suyos sin haber ganado un jornal. Pero, muchas veces tuvo que romper su juramento, puesto que a menudo regresaba al albergue, ya anochecido, con las manos vacías y el corazón roto. 
Sólo descansaba de la batalla, en los brazos de Miranda, lamiendo sus heridas y oyendo las inocentes risas de sus gemelos. 

Como última esperanza, trató de ponerse en contacto con Gabino, bajó a los astilleros, preguntó por las tabernas junto a los embarcaderos, pero fue en vano, nadie sabía nada del capitán, parecía que se lo hubiese tragado la ballena Moby-Dick?. Por otra parte, hacía mucho que no sabía nada de él, una cosa estaba clara, conociendo al patrón, y como se las gastaba, andaría en algún asunto turbio. 
No era difícil encontrar en los suburbios de Bilbao, a chusma y carroñeros dispuestos a vender al capitán, por unas sucias monedas.
En épocas de miseria, aparecen miserables por todas partes, y quien tiempo atrás se jactó de una gran amistad con Gabino, hoy lo vendería por unos gramos de nieve. 
Sólo supo, que las autoridades portuarias andaban tras él, por un tema del contrabando, pesca ilegal y otros asuntos más turbios si cabe. Eso hizo que Sebastián dejará de preguntar por el patrón, puesto que su ignorancia a la hora de indagar, ponía en sobre aviso a todo el mundo. Sobre todo, a los topos que se infiltraban entre pescadores y faeneros del bajo Nervión. 

Una mañana como cualquier otra, Sebastián, se levantó temprano como siempre, con sumo cuidado de no despertar a su pequeño, que dormía con él, lo volvió a arropar y le acarició suavemente sus cabellos. Miró a su mujer que dormía plácidamente, abrazada al otro querubín, se acercó a ella y le susurró al oído, que se iba a dar una vuelta y luego volvería. Con eso, daba por hecho que ella, aún dormida, estaría pendiente del otro gemelo. 

Salió del albergue justo antes del amanecer, sólo lo vio salir, un antisistema que solo hacía que fumar porros todo el día.
Caminó despacio siguiendo el curso del Nervión, hacia Barakaldo, con la esperanza de conseguir algo de dinero. 
Todos los días pasaba lo mismo, iniciaba su búsqueda cargado de optimismo, con la esperanza de que ese día, sí. Se mentalizaba que algo bueno estaba por llegar, y repetía un mantra de auto motivación que le acompañaba todo el camino. 
-Hoy es el día, ahora toca mejorar, ya llegó el momento esperado, porque estoy a punto de encontrar trabajo, todo se va a solucionar. 
Se repetía sin cesar el necesitado Sebastián. 
Se detuvo en innumerables sitios, pidiendo un puesto, rogando trabajar o finalmente, suplicando cualquier faena, pero no salía nada. Es más, casi en todas partes lo recibían con un:
- Lo siento, es imposible, está semana hemos despedido a seis más de la plantilla. 
Y lo peor era que decían la cruda verdad la mayoría de ellos. Por todas partes, a todas horas. 
Todo el que tenía algo de dinero ahorrado, se retenía de gastarlo, al no mover sus finanzas, no fluctuaba la economía y como resultado abocaba a miles de empresas al despido de la mitad o más de su plantilla. Se respiraba miedo en la clase obrera, salvo en los barrios burgueses o en zonas residenciales, que la preocupación, estaba en el número del hierro que tenían que pedirle a su cadi. A los demás mortales, inclusive Sebastián, les quitaba el sueño, no saber qué iba a ocurrir con sus vidas, no en un futuro, sino mañana. 

Tanto anduvo Sebastián, pues fue a dar con sus miserias, a lekubarri, su antiguo barrio. Se acercó a saludar a sus antiguos vecinos. 
Subió con cierta emoción la cuesta que daba a su calle cuando se cruzó con un paisano suyo, de Guinea, y de Barakaldo. 
- ¡Hermano! Le gritó el hombre. 
-¡Hola negro! ¿Cómo estás?
-Bien, bien, aguantando como en clavo ardiendo. 
-¿cómo van las cosas por aquí?
-Pero, ¿No te contaron?
-¿Contarme qué?
-pues que no fuiste el único al que engañó el "desgraciao".
-¿El único engañado?
-¡Si, con tu piso!, cuando os citaron en el banco y os lo precintaron, todo fue un engaño perpetrado por el cabron del director de la sucursal, para que os fuerais sin poner resistencia. 
Sebastián estaba atónito, si lo pinchaban no le salía sangre. Y el negro continuó:
-Ah, y que sepas que no fuiste el único al que engañó el bueno de don Alberto. Casi toda la calle, está embargada y desahuciada por ese mal nacido y sin escrúpulos. ¿No se gastará su dinero en medicinas?
-No sabía nada de eso. Con lo que estamos pasando, no tengo otro pensamiento que ocuparme de los míos. 
-Pero eso no es lo peor, si no que el desgraciado, vendió todo el paquete de viviendas desahuciadas a una inmobiliaria de fondos buitre, Cerbelus creo que se llama. Esta, incapaz de sacarles beneficios se desentendió por completo de los pisos, y ahora están en manos de una mafia que los okupa, reventando las cerraduras y alquilándolos por una miseria. 
Sebastián, no podía hablar, no podía creerlo. 
-¿y el mío? Le preguntó con la inocencia del que espera un trató exclusivo para su piso.
-Pues claro, o ¿qué creías? Le respondió el negro con ironía. No te imaginas la cantidad de enemigos que tiene ese tío en el barrio. Don puto Alberto. 
Ahora que por lo que tengo entendido, ya está pagando por todo el daño que ha producido a este pueblo. Leí ayer en una esquela del diario, que mañana estará en el tanatorio de Barakaldo por la muerte de un familiar suyo. No sé quién será, pero me da lo mismo, con tal que el cabron lo sufra.
Pero vamos, acompáñame, tomamos unos vinitos en el merendero, y te cuento. 

Así hicieron los paisanos, y se puso al día Sebastián. Sólo interrumpió la charla un boletín de noticias locales que sonaba por la radio, y que el dueño del merendero se encargó de subir el volumen. 
-Noticia de última hora. Se ha producido un incendio en un albergue a las afueras de Bilbao. Según un portavoz del Ayuntamiento, se desconocen las causas. Varias dotaciones de bomberos han acudido al lugar y continúan en estos momentos con las labores de extinción. De momento se desconoce si hay víctimas. Estaremos informando de los avances en nuevos boletines. Gracias. 
Sebastián se puso como loco, gritaba y preguntaba llorando si Alguien tenía forma de acercarlo hasta allí. 
-¡Mi mujer y mis hijos están allí! Gritaba como loco. 


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