Mi chico tímido 2

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Me mantenía con la cabeza baja, conversando y mirando a todos, menos al culpable de mi angustia y él también se mantenía callado y ausente sacándole alguna melodía a la guitarra.  Con la luz que nos otorgaba el fuego, le daba un brillo especial iluminado sola la mitad de su cuerpo, sus dedos que apenas se asomaban por las mangas de su polera hacían vibrar las cuerdas de un objeto que definitivamente era muy apreciado por él, su lengua que con las justas se asomaba entre sus labios y yo me sentía celosa de la relación de complicidad entre ese objeto y él.  Él la tocaba con pasión y ella en recompensa le daba las más dulces melodías.  Lo miraba y me acariciaba los labios imaginando que era el contacto de los suyos.

 

- Hace frío ¿No? 

- Aja. 

- ¿Estás bien? 

- Si, ya pasó todo... Ya estoy mejor... Muchas gracias por preguntar.

- Algunos están tomando desde muy temprano.  -Insistía. 

- Si veo a algunos que ya están borrachos.

- ¿Tú tomas?  

- Si Andresito, si tomo.

?¿Por qué me siento así?  No sé si es vergüenza o pena, pero me siento rara, es la primera vez que Andrés da un primer paso, siempre soy yo la que lo acosa y lo busca y no sé cómo actuar.  No sé si quiero gritar, reír o llorar; no sé si quiero pegarle o besarlo; no sé si quiero alejarlo o abrazarlo; solo sé que siento unas cosquillas en el cuello, que mi corazón late fuerte y que salta cuando se acerca.

 

- A mí tampoco me gusta el ron, hay vino también ¿Quieres?  - Obviamente no hay copas aquí, ni vasos.  -Explicó riéndose cuando volvió y se sentó a mi lado con la botella de vino en su mano.

- No importa.  -Me parecía algo asustado o tal vez indeciso con la botella en la mano.  Al verlo confundido y mudo me sentí con valor y me acomodé en la arena más cerca a él, estiré mi mano colocándola deliberadamente sobre la suya sin dejar de mirarlo y tomé la botella.  Andrés me miraba nervioso.

- Salud. 

- Sa.. sa.. salud.  -Se trababa al hablar.

- Ey ¿Juegan?   -Gritó alguien.

- ¿A qué?   -Pregunté.

- A la botella borracha.

- ¿¡A la botella borracha!? ¡Por Dios! No sean infantiles, eso se juega a los 13 años.  -Contesté.

- ¿A los 13 años?  -Preguntó Andrés sorprendido.

- ¿Bueno van a jugar o no?

- Yo no.   -Contesté.

- Ah entonces si no juegas tú, tampoco jugará Andrés.  -Sentenció y se fué.

- ¡Pero que grosero!  Ese jueguito solo sirve para que te chapes a quien te gusta en el mejor de los casos.

- ¿Tú has jugado eso?  -Preguntó Andrés.

- Si lo he jugado cuando tenía 13 años en los cumpleaños de mis amigas, además así fue como tuve mi primer enamorado.

- ¿Has tenido enamorado?

- Si, tres.   -Le confesé.   -¿Y tú?

- Yo no he tenido enamorada.  -Dijo avergonzado.

- ¿¡Quéééé!?  ¿NO has tenido nuca enamorada? 

- No.

- Pero has jugado a la botella borracha ¿Verdad?

- No.  -Eso si me sorprendió ¡Andrés tenia 20 años y no había ni siquiera jugado a la botella borracha!  O sea que tampoco nunca había besado a una chica... ¡Qué lindo!

- ¿Quieres jugar?  -Le pregunté pero no esperé a que me respondiera.  -Ey ¡Andrés va a jugar!

- ¿Qué? ¡No, no, no!  -Se negó al instante con su sonrisa tímida y todos los ahí presentes lo empezaron a alentar, pero él se negaba, entonces me arrodillé frente a él y lo miré a los ojos.

- ¡Vamos es tu oportunidad!  Yo te acompaño, no tengas miedo.  -Las palabras salían de mi boca pero sentía pesados los ojos y algo me quemaba el corazón.  Mi rostro sonreía, pero estaba triste.  Nos sentamos juntos en la arena y cuando la botella empezó a girar yo me coloqué detrás de él, colocando mis manos alrededor de su cintura, abrazándolo.

- ¿Qué haces?  -Preguntó asustado.   ¡Qué lindo y tierno es Andrés!  No sabía o no se había dado cuenta de que si quería que me tocara con él yo tenía que estar al frente y no a su costado.

- Eres tú quien nunca ha jugado esto.

- ¿Pero tú no vas a jugar?

- No.

- Pero si tú no vas a jugar, entonces yo tampoco juego.  -Al escucharlo decir eso solo hizo que lo abrazara más fuerte y pegara mi cara a su espalda.

?Todos se reían muy fuerte cuando tocaba cumplir un castigo, pero ahí estaba yo, tensa y arrodillada detrás de él, rogando para que no le tocara un "castigo".

- Ya no quiero jugar.  -Dijo volteando su cabeza encontrando mi mirada

-Deja que de una sola vuelta si te toca cumples el castigo y sino, nos terminamos otra botella de vino ¿Te parece?    -Solo me miraba y no decía nada hasta que las risas otra vez, voltee a mirar y la maldita botella apuntaba a él y el otro extremo a Karina.  Andrés quedó paralizado, ni siquiera volteó a ver.

-Te toca.  –A penas pude pronunciar mientras sentía que los ojos me ardían, así como el estómago.

Parecía perdido, parecía que no entendía, estaba paralizado mientras que la puta de Karina empezó a gatear hasta donde estábamos.  Andrés recién reaccionó cuando al llegar Karina hasta él le puso una mano en su rodilla.

-He dicho que ya no juego.  –Su voz sonó muy ronca y él estaba muy serio.

-Uyy ya ves Andresito la malogras.  –Empezaron a fastidiarlo y la bulla era muy fuerte pero pronto se callaron y continuaron girando la botella.

-¿Vamos por la otra botella de vino?  -Me dio la mano para ayudarme a levantarme de la arena y nos retiramos a un lugar para estar solos y conversamos durante horas. 

 

Hay tanta gente en la carpa y todos dormiríamos juntos y apretados, aunque la mitad se amanecería, acomodé mis cosas y mi mochila a modo de almohada, pero no me sentía muy bien.

-Andrés.   –Lo llamé ya que estaba al otro extremo de la carpa con una pierna cruzada y un brazo debajo de su cabeza mirando al techo.

-Dime. 

-¿Me puedes hacer un favor?

-Claro, dime.

-¿Puedes venir a dormir a mi lado?

-¿Qué?   -Se sentó y me miró.

-¡Ven!

-¿Porqué quieres que duerma a tu lado?

-Los chicos están tomando y la verdad no siento ninguna confianza.   –Le expliqué y después tomó sus cosas y se acomodó a mi lado.

Cuando se acomodó nos quedamos en silencio, se escuchaba la bulla que hacían los demás, las risas, las cosas incoherentes que decían y también la respiración fuerte de Andrés, la mía y el piso de la carpa cuando me moví para acomodarme.

Un instante antes de quedarme profundamente dormida sentí la necesidad de tocarlo así que busqué la mano de Andrés la entrelacé con la mía me giré nuevamente y pegué mi brazo al de él, casi apoyando mi cabeza en su hombro y le dije:

-No sé por que pero yo me siento muy segura a tu lado.  

 


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