LA SECTA

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Hace unos cuántos años que conocí en una Escuela de Idiomas de Barcelona a un sujeto bastante singular llamado Fernando, el cual  tenía el síndrome de gigantismo cuyo defecto consiste en una deformación de la hormona del crecimiento que da lugar a que éste tenga una considerable altura física, así como unas extremidades desmesuradamente grandes; pero sobre todo aquel joven era de una preocupante infantilismo anímico.

Sin embargo Fernando a pesar de su deficiencia mental percibía el rechazo de su familia porque en primer lugar él no se parecía a su ambicioso padre, y en segundo lugar ésta sólo daba valor a lo material y no reparaba en el problema psíquico del hijo. Pues es evidente que la sacralizada familia no siempre es el gran apoyo moral de un sujeto sino que muchas veces es lo que destruye al mismo.

En consecuencia Fernando se decantó hacia el misticismo como un sucedáneo afectivo que no encontraba en sus allegados, y se afilió con una mujer de su barrio que estaba tan perdida como él en una secta cuyo fundador era un espabilado delincuente coreano que en teoría rompía con el sistema mercantilista que nos rige pero que a costa de los más incautos vivía mejor que cualquier multimillonrio.

Mas como los miembros de la secta vieron a Fernando con su deficiencia mental, y sin recursos económicos, lo abandonaron enseguida a su suerte en el aeropuerto de  mi ciudad.

Esto viene a cuento porque no hace mucho que he visto una estupenda película que está basada en una novela, la cual bien podría estar inspirada en un hecho real llamada EL VEREDICTO.

Una brillante jueza inglesa tiene que convencer a un inteligente joven de diecisiete años que sufre una leucemia para que se haga una trasfusión de sangre y tenga dentro de lo posible una calidad de vida, porque él se niega a dicho tratamiento puesto que al igual que sus padres es miembro de la secta Testigos de Jehova, y el dogma de ésta se lo impide.

Según dice el chico que los "viejos" del grupo que sólo se valen de un supuesto sentido de autoridad pero sin ningún fundamento razonable, o empírico le han enseñado de un modo dogmático que la Biblia a la que esta entidad toma al pie de la letra sin tener en cuenta que sus preceptos que vienen de una ancestral época que nada tiene que ver con la nuestra y aún tuvieran validez sin pensar en el salto cualitativo que la Humanidad ha dado en su Historia, que la sangre es vida; la da Dios y por tanto sólo Él la puede manipular o quitar.

Por fin la jueza con una lógica aplastante y a la vez apelando a lo que más le gusta al adolescente que es la música y la poesía como la veradera razón de su ser, logra que éste acceda a que le practiquen la transfusión de sangre.

Pero he aquí que cuando el chaval se recupera al menos por un tiempo, y ve que puede vivir por sí mismo sin recurrir a las indicaciones de los "viejos" de la secta dando vía libre a sus aficiones, no solamente decide prescindir de aquel grupo y de sus dogmas, sino que además se enamora de la madura e inteligente jueza por lo que la asedia sin cesar, porque ella le ha enseñado a ser una persona libre, autosuficiente. Pues es evidente que importa por encima de todo, y de cualquier creencia el factor humano en el que va  implícito un innato instinto vital que anhela realizarse en sí mismo más allá de cualquier doctrina que se le quiera imponer desde alguna institución puesto que generalmente éste va a contrapelo de su natural manera de ser.

Sin duda el joven como emocionalmente y a través de la afevtividad estaba influido por sus padres, a la vez que debido a su corta edad no tenía una conciencia clara de las cosas, había seguido la doctrina de los mismos que eran miembros de la secta.

Pero por debajo de la bien educada apariencia de los padres del joven es casi seguro que se escondía una tan pueril como enfermiza sensibilidad similar a la de mi amigo Fernando; lo cual me lleva a pensar que hay un grave déficit de educación en la sociedad tan racional como afectivo. No se nos educa de acuerdo con nuestras posibilidades ni para conocernos a nosotros mismos, sino en base a un etéreo sistema por un lado religioso, y por el otro económico por muy falso que éste sea. He ahí el descontento del hombre común. Y uno se tiene que espabilar por sí mismo si quiere ser verdaderamente libre de criterio.

Debido a este déficit de apoyo emocional y realista en muchas familias y en la sociedad, hay una gran cantidad de gente de mente débil que busca unas referencias en las sectas a las que agarrarse como a un clavo ardiendo, las cuales lo primero que hacen es practicar un lavado de cerebro a quienes ingresan en ellas y convencerles de que no piensen, de que no analicen porque si lo hacen, si se hacen preguntas lógicas acerca de sus inconsistentes enseñanzas el edificio de las mismas se derrumbaría en un abrir y cerrar de ojos, al par que se tiene que rendir una indiscutible pleitesía al carismático líder espiritual del grupo quien sobre todo ostenta un sentido de autoridad; aunque detrás de dicha postura autoritaria no haya más que humo.

Como empaticé con el joven de la película, yo también me enamoré de aquella estupenda jueza, aunque sin necesidad de estar enfermo.


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