Ya no soy una niña... II

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Caminando con una erección lastimándome, mis deseos me van consumiendo, uno de los meseros me despide y abre la puerta hacia el foyer, camino mirando de reojo que caminas también con prisa, bajo las escaleras eléctricas y al llegar a la base veo tus deliciosas piernas blancas y suaves comenzando a bajar, llego al lobby de este majestuoso hotel, la recepción está vacía y ordeno una habitación rápidamente, el proceso es inmediato y te espero en el elevador lejos de las personas que pudieran conocernos. Mi pulso está al límite y mis manos tiemblan de deseo, los tacones de tus zapatos suenan imponentes en el mármol provocándome con cada golpeteo una descarga de furor.

Presiono el botón del elevador y las puertas se abren ofreciéndonos la ante sala a un encuentro delicioso, te ofrezco mi mano y con perversión en los ojos entrelazas tus dedos con los míos, entramos y sabiéndonos solos, nos abrazamos nuevamente para sentir el hervor de nuestros cuerpos, mi pene estruja tu abdomen, mis manos recorren la desnudez de tus piernas y suben tu vestido hasta tu cadera, mis dedos tocan tus deliciosas nalgas y te presiono contra la pared de cubículo. Tus pezones erectos me acarician el pecho, tus labios desesperados no dejan de besarme respirando muy fuerte, tus manos en mi cuello suben y bajan en mi nuca desarreglándome el cabello. Subo el vestido a tu cintura y mi mano diestra se lanza sobre tu sexo, el calor me sorprende haciéndome gemir, mis dedos comprueban la humedad de tus bragas, hábilmente las recorro para deslizar mis dedos entre tu vulva, un gemido agudo es el detonante a una descarga que moja mis dedos, te beso presionando tu vagina que escurre mojando tus muslos.

Veo tu cara que, sonrojada, parece apenarse de la premura con la que se ha dado esa reacción exquisita, mis dedos llegan a mi rostro e inhalo profundamente el aroma de tu orgasmo, comienzo a besarte y el elevador se detiene, nos arreglamos la ropa y simulando seriedad nos colocamos frete a las puertas, es el piso 12 y una pareja de ancianos entra consciente de la escena. El aroma de tus fluidos pone en evidencia que nos deseamos y la pareja de ancianos intenta parecer inmutable. El ascensor sigue su rumbo y llegamos al piso 16, las puertas se abren y caminamos de la mano a nuestra ala de habitaciones.

Camino junto a ti y en el pecho siento una deliciosa perversión al saber que llevo a la cama a esa niña hermosa e inocente, sin demora llegamos a la habitación que he rentado, introduzco la tarjeta y el cerrojo se libera para darnos la bienvenida. Nuestros ánimos se disparan y entramos con la mirada ardiendo en deseo.

-La vida me ha recompensado tantas plegarias, quiero que este momento sea eterno y me haga suya una y otra vez hasta dejarme seca de tantas satisfacciones. Quiero que me trate de una manera ruda, quiero sentir su imponente hombría, hágame gritar de placer con su trato, que hoy quiero ser suya a plenitud.

Comprendiéndote y dejando salir mi perversión, te llevo a la pared para presionarte nuevamente para besarte, mis manos presionan tus senos y mi boca hambrienta te chupa el cuello de lado a lado, te presiono con mi pene hasta hundirlo en tu abdomen y tus manos solo presionan mi nuca, al tiempo que gimes y deliras de placer.

Mis manos recorren tus piernas, elevando tu vestido hasta llegar a tu cadera, tus nalgas exquisitas son presionadas con ganas con mis manos, que las abren para dejarme tocar el agujero de tu culo, un impulso te hace contraer las nalgas y eso me hace excitar hasta el delirio. Mi mano diestra recorre el cierre de tu vestido desde tu costilla hasta tu costado izquierdo, solo basta un pequeño movimiento para que ese hermoso vestido caiga en el suelo. Tus tetas firmes y excitadas resaltan desnudas pidiéndome a gritos ser mancilladas con mi lujuria, junto con mis manos ambas montañas mi boca se lanza con descaro a chuparlas y morderlas con intensa fiebre.

Tus gemidos me provocan lamer y besar a discreción, el mundo no existe, solo hay en mi mente tu cuerpo y el mío en comunión perfecta, y mis fuerzas solo se encaminan a hacerte disfrutar del deseo. Extasiado te llevo a la cama, y te desplomas boca arriba abriendo las piernas. Sin demora me aviento a consumir el aroma de tu sexo, mi boca muerde tus labios vaginales por encina de esas empapadas bragas, consumo tu esencia y presiono fuertemente tu sexo notando la erección de tu clítoris, tus muslos me aprietan la cara.

A pesar de mi deseo de contemplar cada instante, mi deseo me obliga a poner mis manos en tus costados, las cuales jalan sin piedad tu última prenda y dejan al descubierto tu sexo perfecto, contemplo la humedad de tus labios, que con erotismo abro con mis dedos, veo tu clítoris erecto esperando ser chupado y no tardo en hacerlo, tus piernas se alzan y exponen también el agujero de tu culo, es exquisito, mi lengua recorre tu vagina y entre gemidos escurres con un flujo delicioso. Mis dedos, índice y medio se abren paso entre tus labios deslizándose por tu húmeda cueva, mi lengua se deleita con la erección de tu clítoris y en ese momento comienza una dulce penetración que me emociona al son de tus gemidos.

Mie dedos entran y salen empapados de tus jugos, mi lengua lame sin piedad mientras que tus tetas son pellizcadas por tus manos, tu cuerpo entra en convulsiones y entonces acelero mis embates, tus gemidos son un delirio de emociones y tu sexo se inflama en medio de espasmos, me convierto en tu verdugo y muevo mis dedos con toda velocidad y fuerza, parezco arrancarte el clítoris con mis succiones y tus gritos invaden la habitación, tu cuerpo se arquea y un último grito llega con la explosión deliciosa de un nuevo orgasmo. Mi mano y boca se empapan de un flujo caliente y de olor delicioso, suelto tu clítoris y mis dedos entran con una velocidad más moderada, tu cuerpo se convulsiona y mis ojos ven a esa niña inocente siendo ultrajada bajo mis deseos, la imagen de tu cuerpo infantil me devuelve las fuerzas descargadas en ese ataque.

Una palmada fuerte en tu pelvis, es el acto culminante de ese manoseo, me incorporo y voy a tu boca que totalmente abierta intenta recobrar el aliento, tu pecho se infla y comprime, producto de estar recuperando las fuerzas, tus ojos aun no vuelven y tus pezones tan duros son la evidencia de que has disfrutado el derramamiento de tu néctar.

Tus ojos vuelven a la normalidad y me miras con profunda satisfacción, te beso con la ternura tu rostro me inspira, mis manos recorren tu cuerpo desnudo y tus manos aun sin fuerzas intentan acariciarme.

-Levántese por favor. No me niegue la oportunidad de apaciguar mis fantasías, he soñado con desnudarlo tantas veces que, si una prenda no se la quitan mis manos no podría perdonármelo.

Con nerviosismo, tus manos abren mi saco para tirarlo en el suelo, te muerdes los labios, Que delicia!!!

 

Continua...

 


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