conociendo a la Señora y señorita Carmona (parte 2)

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Me encontraba en medio de aquella cocina con el pantalón en las rodillas y mi verga caliente y dura entre las manos, masturbándome al compás de los movimientos de aquella mano que con los dedos medio y anular, frotaban el clítoris erecto de una chica de apenas 17 años en el piso de la misma pieza, Daniela y yo nos miramos fijamente yo no dejaba de recorrer mi mano a lo largo de mi pene mientras que ella con la mano izquierda presionaba sus pezones sin dejar de frotar su clítoris con la derecha, sollozaba con unos gruñidos toscos al ver que Daniela se contraía y sus piernas bailoteaban.

Daniela gemía delicioso escurriendo a chorros, su mano palmeaba en momentos su vulva y arqueaba su espalda, finalmente conectamos la mirada para detonar de manera sincronizada nuestros orgasmos, ella reventó en un rio de fluidos mojando el piso de la cocina y yo, disparé chorros abundantes de semen que deseaba llegaran a ella. Respirando agitados continuamos mirándonos fijo, el ambiente era demasiado tenso, pero una sonrisa se dejó ver en ese rostro altivo, sus ojos satisfechos me llenaron de bienestar, mi verga poco a poco disminuía su tamaño, Daniela se trataba de levantar y fui corriendo a ofrecerle mi mano para incorporarla.

Ambos frente a frente, nos miramos una vez más, despejando el nerviosismo solo soltamos una pequeña carcajada. –Si mi madre nos ve nos mata. –Dijo la pequeña Daniela mirando hacia afuera.

Con paciencia me subí el pantalón y me acomode la camisa, ella hizo lo propio entre carcajadas tenues y las mejillas sonrojadas, tomo unas servilletas y se inclinó a limpiar mi semen del piso. –Que desperdicio. –Me dijo chupando de la punta de su dedo un poco de mi semen.

Esa imagen me puso los nervios de punta, mi cuerpo cansado sentía que aún había un intento más, no perdí tiempo y me acerque por detrás a su cuerpo, mi verga con poca firmeza se pegó en su culo y de inmediato ella se apartó. –No, mi madre no permite que tome lo que es suyo.

Me acerqué una vez más pero esta vez de frente, la tomé de la cintura y baje mis manos en sus costados, subí su falda y expuse su trasero para presionarlo, lo estruje entre mis dedos y abrí sus nalgas para tocar su ano. Ella dejó salir un suspiro con la mirada temerosa pero ya sin poner resistencia. Mi boca fue a su cuello y mi saliva mojaba su piel sin censura. –Yo no le pertenezco a nadie. –Le dije con mi aliento caliente en el iodo. Ella subió los brazos y rodeó mi cuello, su cuerpo se pegó al mío y mis manos hicieron una fiesta en ese trasero.

Sin embargo, la amenaza de que la madre bajara en cualquier momento era latente, mi corazón tenía una carga de adrenalina y los pezones de Daniela me indicaban lo mismo, me fui por mis cosas en la sala y apague la luz como de costumbre al irme a mi casa, entre la oscuridad, Daniela y yo caminábamos en el patio, llegamos hasta la calle y cerré fuerte para que Bárbara supiera de mi partida.

El frio de la noche eran excitante, la soledad de la calle, una invitación a la lujuria. Mi mano entrelazada en la juventud de Daniela caminamos hasta un callejón que no tenía iluminación, un par de autos estacionados eran suficiente para cometer tan delicioso delito. Mi verga ya estaba fuera de mi pantalón, Daniela empotrada en el medallón de una camioneta exponía su delicioso culo con la falda en la cintura. Me tome unos segundos para arrodillarme, mis manos abrieron sus nalgas y mi boca lamio su delicioso coño empapado de su último orgasmo, mis manos apretaban sus nalgas suaves y con deseo insaciable devore su ano. Los gemidos de Daniela eran exquisitos y mi sangre hirviendo me hacía insoportable continuar sin penetrarla.

De un solo golpe mi verga entro en su delicado coño, me movía firmemente chocándola entre la oscuridad, una y otra vez mi verga entraba hasta topar con sus paredes vaginales, entre gemidos me pedía que apretara sus tetas para hacerla venir. Uno, luego otro y finalmente en su tercer orgasmo, mi pene expulso una abundante y dolorosa cantidad de leche. Cansados y satisfechos, recobrábamos el aliento sobre aquella camioneta.

Esa noche fue la primera de muchas, donde Daniela y yo pasábamos las tardes cogiendo de manera fugaz mientras llegaba Bárbara del trabajo, fingíamos el mismo desinterés cuando nos encontrábamos cerca, pero en cada descuido Daniela y yo nos mirábamos con deseo y ganas de arrancarnos la ropa para cogernos sin piedad hasta el sosiego.

Pero aquí me encuentro, vistiéndome en la cama de Bárbara mientras Daniela sale a distraerla y poder dejar su casa antes de provocar su furia, ambas caminan a la cochera, camino entre los sillones hasta llegar a la puerta, cruzo el patio y llego hasta la calle. Mi corazón se siente salir de mi pecho y recargado en la pared siento la libertad de estar fuera de aquella increíble aventura.

En la noche, luego de ducharme con las caricias en mi piel recibo un mensaje de Daniela.

<David, la tarde ha sido una locura. Mi madre ha notado mi excitación al recibirla, de un golpe me alzo el vestido y miró que no tenía calzones, mi color subió y enseguida corrió a la habitación. Obviamente no estabas, por lo que tuve que ingeniar una respuesta. “me desnude y me pase el rato masturbándome mamá” le dije para explicar el desorden en su alcoba. Me pregunte porque en su cama y le he dicho que en esa cama mire como tú la cogías, y que quería sentir el mismo placer que ella, me abrazo y me besó en la boca, David fue tan caliente su beso. Tomo mis nalgas y las abrió tal como lo haces tú, puso su mano en mi coño y comprobó que estaba empapado, me sonrió y nuevamente me beso en la boca. Me dijo que la había sorprendido, y que estaba orgullosa de mi. Que si quería sentir placer ella iba a dármelo. Trajo su caja de juguetes y me pidió desnudarme. Cuando estaba a punto de hacerlo. Me detuvo. Me dijo que no era el momento y que debía planearlo mejor. Que tu debías ser nuestro anfitrión y me despidió para irme a mi habitación, seguramente en un momento mi madre va a llamarte para organizar alguna perversión. David estoy tan caliente y me pone más caliente pensar que mi madre y yo te compartiremos ¡!! Te amo David, me vuelves loca…>

 

Sus palabras fueron afrodisiacas, pues mi cuerpo sentía un morbo indescriptible, mi mente estaba ansiosa de escuchar a Bárbara llamando por teléfono, caminaba por la habitación esperando la llamada como drogadicto esperando una nueva dosis. Finalmente el teléfono sonó y en la pantalla el nombre “Bárbara” aparecía.

 

-Hola David, como estas? Oye tengo algo que decirte…

 


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