Hasta que salí de mi habitación.

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¿Quién me iba a decir que mi vida cambiaría de la noche a la mañana?

Aquel fin de semana quería ser una persona totalmente distinta, desinhibirme, volverme loca hacer aquello que nunca me había atrevido a hacer antes.

La semana anterior había roto con mi novio de toda la vida. 10 años de relación, una fecha de boda en el calendario y sin esperármelo, el me dejó.

No eres tu - , me dijo el muy cabrón. – Soy yo, necesito vivir y probar cosas nuevas-

Me quedé destrozada, pero después de estar tres días seguidos llorando, comiendo helado de chocolate y tendida en la cama, me levanté me duche me quité el pijama y pensé – Voy a hacerlo-.

Siempre quise viajar sola, así que lo hice. No quería estar rodeada de gente compadeciéndose de mí. Quería viajar sola, pegarme una juerga y acostarme con un desconocido. Sin nombres, sin sentimientos, solo divertirme. Nada más.

Miré por internet y vi una oferta buenísima para Mikonos, así que me lancé y allá que me fui.

Cuando llegué al hotel, me metí directamente en la habitación y pensé -¿Qué estoy haciendo?, ¿Qué hago aquí sola? Si soy incapaz de tomar un café sola en un bar, ¿Cómo se me ha ocurrido irme de viaje yo sola?

Estuve todo ese día en la habitación lamentándome de lo que había hecho y de lo idiota que era ¿Qué pretendía? ¿a quién iba a engañar? Aún estaba dolida por esta ruptura, solo quería huir pero no tomé la mejor decisión.

Después de 24 horas alimentándome de los snak del mini bar, decidí salir a comer. Que sensación mas desagradable, tenía la sensación de que todo el mundo me miraba, podía oír sus pensamientos, sus miradas lo decían todo – ahí va esa pobre diabla, sola, la acaba de dejar su novio, que valor presentarse sola aquí-.

No me atrevía a levantar la mirada. Hasta que alguien se me acercó y me preguntó si estaba sola, era Marco, un chico de la zona, era mono, bueno… bastante guapo, con un cuerpo curtido de gimnasio y piel morena, pelo rizado y ojos verdes. Que ojazos!

Me quede mirándolo y sin decirme nada me sacó a bailar, no sé como… pero me desinhibí y empecé a pasarlo bien. Marco me presentó a un montón de gente, a partir de ahí vinieron risas, bailes, excursiones, comidas interminables, noches que se juntan con el amanecer y sin darme cuenta, ya estaba en el aeropuerto. Esperando mi avión de vuelta a España, rodeada de un montón de gente, amigos inesperados, amigos que no se si volveré a ver, amigos que me cambiaron la vida.

No, no tuve una noche de amor de sexo sin amor, no estuve de juerga desenfrenada, no me olvidé de ese cabrón que me dejó. Pero tuve una semana increíble una semana en la que aprendí que es mejor salir que quedarse encerrado en una habitación


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