Confesión en terapia

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Llevo diez minutos de sesión con Celeste, ella siempre me deja hablar de lo que deseo pero esta vez la noto inquieta, tal vez espera que termine de contarle lo de la sesión pasada.

-¿Qué tal tu viaje a Lima?

-Bien, tranquilo, relajado.

-¿Lo viste?  -Me rio fuertemente ante su curiosidad descubierta

Había solicitado una cita con Celeste dos semanas antes de que sucediera todo el escándalo en el que me vi involucrada indirectamente y aquella vez le conté la verdadera razón por la que llegué a terapia la primera vez, aquella razón que no mencioné en un año, aquella razón que me sumió en una profunda depresión, aquella razón con nombre y apellido.

-No, bueno si; lo vi de lejos.  En el supermercado.

-¿Qué pasó?

-Nada, yo estaba viendo unas cosas que iba a comprar cuando lo vi en la caja, mirando su teléfono y sonriendo.  Me imaginé que tal vez esa sonrisa tenía nombre o que estaba quedando para alguna cita caliente en Tinder.

-¿Por qué pensaste eso? pudo haber sido algún mensaje gracioso de algún amigo.

-Si, tal vez; pero esa sonrisa era diferente, se le notaba la ilusión en los ojos.  Lo quedé mirando hasta que pagó y se fue.

-¿Qué sentiste al verlo?

-Me dio nostalgia la verdad, pero después llegó a mi el recuerdo de la última vez que lo vi y le deseé todo el mal que a un ex se le puede desear:  Ojalá te enamores de alguien tan egoísta como tú.

-¿Tienes un mal recuerdo de él?

-Para ser franca el recuerdo que tengo de él es el de aquella noche en donde fuimos a ver a ese comediante mejicano que tanto me gusta, aquella noche en que se avergonzó de que fuéramos amigos.

-Pero ustedes tenían una relación.

-Así es, y esa relación ya había terminado hacía más de un año.  Cogíamos cada vez que yo iba a Lima, porque él siempre ponía mil excusas para no venir a Piura, sin embargo, hizo varios viajes incluso al extranjero.

-¿Y por que no pudo venir a Piura piensas que no te quería?

-No lo pienso, estoy segura.  Yo estaba enamorada de él e hice mil sacrificios por verlo.  Cuando una persona está enamorada hace lo imposible para ver a su pareja.

-Hablas en pasado, entonces ya no estás enamorada de él.

-No lo sé, espero por mi bien que no.  Lo que sí sé es que ya no siento esa angustia por él, esa desesperación.  Cuando decidí terminar con todo lo que sentía tuve la esperanza de que él me detendría como yo lo había hecho con él, pero muy en el fondo sabía que no lo haría y no me equivoqué, pasé noches en vela recordándolo, muchas veces estuve a punto de escribirle, pero fui fuerte y no lo hice porque en mi mente siempre estuvo aquella noche… ¡se avergonzó de mí!  Aquel día habíamos tenido sexo en la mañana y cometí el grave error de despedirme de él con un beso en los labios, no suelo arrepentirme de lo que hago, pero de aquel beso si me arrepiento con toda el alma, le sorprendió se le notó y no sé si fue mi idea, pero estuvo a punto de limpiarse los labios, no quise mirar.  ¿Sabes?  Dentro de todo le agradezco que me haya tratado tan mal aquella vez porque de ahí saqué fuerzas para alejarme.  Aquella vez había ido sin pasaje de regreso porque pensaba quedarme, pero a tiempo me di cuenta de que él no debía de ser la razón de tan drástica decisión.  Me quedé en Lima cinco días y el único día en que nos vimos se portó como el patán que debe de ser.

-Siento dolor en tus palabras.

-Tal vez, pero también indignación.  ¡Se avergonzó de mí!  -Me reí.

-¿Qué te causa gracia?

-Que a pesar de eso seguía enamorada de él ¡Qué idiota he sido!

-Y cambiando ¿Cómo estás con respecto al otro tema?

-¿Cuál tema?  ¿Lo que salió en el periódico?

-Exacto.

-Libre al fin.

 


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