¿RECUERDAS?

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Esa tarde estaba sola. Todos habían salido a ocuparse de sus quehaceres cotidianos ¿recuerdas?

Te llamé. No podía contener mis ganas de ti. Te pedí venir y cediste de inmediato. También tenías ansias de mí.  La emoción inicial de saberte pronto conmigo me produjo la primera oleada de calor y de humedad. Quería que todo fuera especial.

Primero pensé en ti, en tus labios besando los míos. En tu lengua deliciosa buscando a la mía y tu sabor llegó a mi memoria. Cerré los ojos y seguí recorriendo nuestros encuentros. Tus manos acariciando mi cuello, rodeando mi nuca para asirme hacia tí y besarme con esa pasión desbordante que me hace gemir.  Sentí otra oleada y me sorprendí tocando mis senos. Halando mis pezones y sollozando. ¡Cuántas ganas tengo siempre de ti! Por un momento sentí tus manos en mis tetas y tus labios besando mis pezones duros y cálidos. Un nuevo gemido.

Ya estaba en la ducha desnuda y el primer chorro de agua sobre mi cuerpo provocó un primer anhelo de tenerte dentro de mí. Volví a sorprenderme, pero ahora mis dedos exploraban mi vagina. Me masturbé por un rato. Total, aún tenía tiempo. Cada vez que mis dedos entraban en mí recordaba a los tuyos revolviéndose y buscando mi entero placer. Gemí de nuevo y exploté. Así, cómo te gusta. Terminé de ducharme y busqué ese baby doll rojo que me regalaste. El de encaje, con tanga abierta y, de sólo pensar en lo que vendría, clamé por ti.

Te esperé sentada en el sillón de la sala, porque sabía que ahí nunca habíamos dado rienda suelta a nuestra pasión. Pensé en tus brazos fuertes, en tus piernas bellas y en tu verga. Y la quise adentro. La quise conmigo. La quise para mí. Recuerdo que estaba muy ansiosa. Cada segunda era eterno esperando a que llegaras. ¡Te deseé tanto!

Llegaste y mi corazón saltó tan fuerte como mi vientre. Me excitaba lo que ya era inminente. Abrí y noté el deseo en tus ojos, en tu aroma, en tu sonrisa pícara y ya asomado en tu pantalón.

Entraste. Cerraste la puerta con seguro y me miraste. Me sonrojé al ver tu lujuria. Tomaste mi mano y suavemente me llevaste a ti. Tus manos rodearon mi nuca y me besaste así, con suavidad al principio y un poco más de seguridad luego. Te abracé y el roce de mis manos por tu espalda te hizo suspirar.

Eso me encendió tanto que sentí la humedad de mi vagina mojar la pequeña tanga. Lo notaste y tus besos fueron más profundos. Comenzaste a lamer mi cuello. Mis orejas, mi nuca y entonces sentí tu verga elevada, palpitante y fuerte.

-Mmmahh-.

Me agarraste el cabello aún húmedo con una mano mientras la otra buscó mis tetas ya rígidas, cálidas y cuyos pezones dejaban ver mis ganas de tu cuerpo. Avanzamos hacia el sillón y allí me sentaste en el espaldar. Mis manos buscaron tu falo a punto de estallar. Estaba duro, como me gusta. Duro y ya hinchado. Sentí un primer asomo de orgasmo y casi lloré de deseo.

 Eso te excitó y tú verga se mojó. Mi aroma ya era incontrolable y sabía que te encantaba. Desabroché tu pantalón y saqué de tu bóxer ese pene que tanto placer me ha dado y del que depende mi cuerpo. Me lo llevé a la boca y comencé a besarlo, a lamerlo, a chuparlo. Me lo comí como te gusta. Me lo comí completito. ¿Recuerdas?

Tus manos no dejaban de revolcar mi cabello y acariciar mis pezones. Yo no paraba de mojarme. Me subí al sillón y supiste lo que quería.  De inmediato bajaste tu mano y buscaste mi chocha. Estaba caliente, mojada y dispuesta a recibirte cuando y como quisieras. Metiste tus dedos sólo un poco. Curvos, hacia arriba y dejaste que viniera y que un chorro de líquido te mojara la mano. Ya no podía más. Te necesitaba dentro de mí.

Abriste mis piernas y comenzaste a chupar mi clítoris ansioso. Lamiste, mordisqueaste y chupaste mi sexo con entero placer mientras yo sólo gemía y te pedía verga.

Abriste más mis piernas, te acercaste y te abracé con ellas. Me cargaste hasta el sofá y allí me tumbaste. Miraste mi tanga abierta al medio y tú asta entró por allí a mi cueva. ¡Casi muero! Estaba muy mojada y tú verga, muy caliente, hizo que me viniera por primera vez. Me clavaste aún cuando sabías que mi orgasmo estaba a medio tiempo. Me clavaste con saña, sin piedad. Yo gemía, me convulsionaba de placer y mi cuerpo temblaba sin control. ¿Recuerdas?

Esperaste a que terminara ese primer orgasmo para sacar tu pene. Me quitaste y te sentaste en el sofá. Abriste mis piernas y me clavaste en tí. Llevabas el ritmo. Me dominabas. Me subías y bajadas a tu antojo. Te lamía si me lo pedías, te comía la verga si me lo decías, te mordía, te chupaba y por ese instante eterno fui tuya por completo. Me besaste cuando y como quisiste. Otro orgasmo interminable. Me lamiste y te comiste mi chocha, mi clítoris, mis tetas. Me diste dedo sin compasión y me volviste a embestir así... fuerte... duro... sin compasión.

Cuando ya no podías aguantar, me volviste a comer el coño y yo me retorcí bajo tu completo dominio. Luego me clavaste otra vez dándome orgasmos infinitos.

Te pedí que te vinieras. Quería que ahora fueras sólo mío. Estaba cabalgándote o tú me hacías cabalgarte y te pedí que te pusieras sobre mí. Me recostarse, abriste mis piernas y me miraste, sentiste mi aroma y me clavaste de nuevo. 'Así...así...más...más papi, más... Quiero que te vengas adentro...anda papi, soy toda tuya... Aaahhhh...aaaaaaaahhhhhh...aaaaaaaahhhhhh...Así....asíííí...máaaaaaaas...aaassiiiiiii...'

Te viniste en una atómica explosión y eso me trajo el último orgasmo de esa faena.

Gemiste, y tú gemido fue glorioso. Me inundaste de tu leche caliente y espesa y nos quedamos ahí, disfrutando de los aromas tan anhelados en ausencia del otro.

¿Recuerdas?


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