Desfiles

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Desde que somos niños de kínder, todavía sin ningún sentido del ridículo y muy poco de vergüenza, empezamos a participar en los desfiles del Día de la Primavera, es muy chusco porque desde niño casi desde bebés nos llevan disfrazados de algún animal o planta, a los escuincles nos hace ver muy cómicos y los papás se desviven por que su retoño lleve el mejor disfraz y lo fotografían o le toman video, aunque en nuestros tiempos era raro el que le tomaran video, las cámaras y las películas eran de fayuca y salían muy caras. Recuerdo que una vez un papá que traía una cámara de video como de 20 kilos y de tamaño grandísimo, era la portátil de aquellos tiempos, la conecto a los enchufes del colegio y bajó la luz de toda la escuela, allí tiene a todos los pipiolos disfrazados corriendo como gallinas descabezadas. jajajajaja

Cuando estábamos en primaria solo íbamos a desfilar cuando era las peregrinaciones de la Virgen de Guadalupe, a muy temprana hora de la mañana, la desmañanada era según para no obstruir el tráfico, íbamos como zombis cantando, bostezando, arrullándonos mientras cantábamos “la guadalupana”, y  no faltaba quien se perdía o no lo hallaban porque se había ido a la parte de atrás de la iglesia del Santuario, y se desubicaba por cambiar el trayecto, y porque la parte de atrás de la iglesia es muy diferente al frente, es oscura, como triste y da miedo, ¿a poco no?, yo por eso desde entonces no he vuelto a poner un pie en la parte de atrás.

En la secundaria ya empezamos a desfilar el 16 de septiembre, lo malo era practicar porque  sacaban de clases para ir a ensayar desde 2 semanas antes con el sol del mediodía a plomo sobre nuestras inocentes cabezas tatemadas, una hora u hora y media. ¿Como no acordarme de las órdenes del maestro que decía: “si todos caminan nadie se queda parado”?. Pues si nadie se queda parado pues todos avanzaban, no sé de donde saco esa frase tan sabía que me cae mal, seguro también le afectó el sol.

El 16 de septiembre Día de la Independencia, nos íbamos a desfilar al Centro de la ciudad desde muy temprano, para hacer un recorrido de aproximadamente de 3 kilómetros por las calles principales, en algunos puntos había gente viendo pasar el desfile, aunque vil pueblo que somos, no prohibían voltear a saludar a los parientes que estuvieran entre los espectadores. Un amigo cuando íbamos pasando por donde estaba su mamá, la saludo y el maestro inmediatamente vino a llamarle la atención y dijo: te dijimos que no saludaras a las personas o recibirías represalias,  a lo que el muchacho contestó: le tengo más miedo a mi mamá de sus represarías y se rio en su cara.

Lo más fácil era regresar en parvadas para ir a comer y así conocer a las muchachas de los colegio de mujeres que también habían desfilado. Casi nunca teníamos oportunidad de verlas a todas juntas para poder irlas checando y ponerle la mira a alguna. Antes no sé porque los colegios no eran mixtos, como si uno fuera coscolino desde chiquito. En las pizzas era un verdadero relajo porque era difícil controlar quien había pagado el buffet y quien no, todos teníamos uniforme y todos flacos y del mismo tamaño, y ellas igual todas con uniforme con los cabellos sueltos. Para el dueño era difícil distinguir quien era quien para la cuestión de la pagada del buffet y saber quién podía comer y quien comía de gorra.

Ya para las 4 pm todos nos empezábamos a ir a la casa de alguien que viviera bien ubicado, para seguir en el relajo, casi siempre le seguíamos en la Colonia República o en la Jardín para ir todavía a platicar y hacer algo diferente. Entonces el desfile tenía un propósito pero nosotros le encontrábamos otro, de ver a las adolescentes que nos pudieran gustar.

Para las 7 pm ya habíamos caminado el medio maratón fácil, porque primero lo del desfile y luego lo de la ida a las pizzas más lo que caminábamos para ir a la colonia a ver que más veíamos, los pies nos quedaban hechos trizas, pero no importaba, andábamos contentos todos a pesar de ser adolecentes que en otras circunstancias estaríamos quejándonos de lo que fuera y de todo.

En el desfile de 20 de Noviembre, solo desfilaban la escolta, banda de guerra y los deportistas destacados, era un desfile deportivo en que se hacían cosas diferentes como tablas gimnasticas, bastoneras con las normalistas, pirámides humanas, porristas con sus motas de listones de colores, carros alegóricos con caracterización de los revolucionarios, y no faltaban los ricos del otro colegio que hacían piruetas con sus motocicletas, sin comentarios envidiosos.

En una ocasión nos invitaron a participar en un desfile en Laredo Texas,  fue una bonita experiencia, desde el traslado en los camiones íbamos conviviendo, platicando y luego en el internado donde nos hospedaron, todos nos llevamos bolsas de dormir para acostarnos en el suelo, en la noche nos pusimos a platicar y a contar historias de todo tipo, pero más de terror, como debe ser. En la mañana muy temprano nos llevaron a un McDonald´s a desayunar para que no se fueran con el estómago vacío y con la caminata se fueran a desmayar. La verdad yo nunca había comido huevo tan feo como esa vez, pero ya luego me he hecho al caldo. Cuando llegamos a la salida del desfile y vimos los uniformes de las escuelas de allá, nada que ver con nosotros, nos sentíamos los primos pobres de la familia, aquellos tenías uniformes muy bonitos y con muchos botones brillantes, los instrumentos de la banda de guerra eran todos como nuevos y la verdad nosotros, ni teníamos los zapatos boleados. El calor de Laredo era inaguantable, subió la temperatura como a 43 grados. Fue una bonita experiencia pero luego luego se ve lo del primer mundo, ellos, y el tercero o cuarto, nosotros.

Si estamos hablando de desfiles ¿como no acordarnos de los desfiles chuscos que se hacían el día del estudiante aquí en Saltillo el 22 de Septiembre, en que los alumnos de la Narro se vestían ridículos, algunos vestidos de mujer con los uniformes de la Normal, otros como los personajes de las telenovelas, sus disfraces eran de personajes que estuvieran de moda como Cantinflas o el Chavo del 8. Se venían  caminando o arriba de los carros alegóricos desde su escuela que estaba a unos 7 kilómetros (se llama todavía Buenavista) hasta las calles del centro de la ciudad, casi siempre venían en estado de ebriedad, o lo iban adquiriendo en el camino. Al final algunos aprovechaban la ocasión para saquear algunos comercios ya que andaban en montón, no eran machos pero eran muchas. Qué bueno que ya se acabó esta costumbre tan tonta. Me pregunto si alguno de los que participaba en esos desfiles ¿ya se le olvidó y ahora son tan críticos con las demás personas?


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