EN BUSCA DEL ORÁCULO 1

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El partido político en el que había militado Federico Serra durante media vida, y en el que se había entregado en cuerpo y alma hasta el punto de que había descuidado su vida personal y profesional, se había esfumado al fracasar estrepitosamente en unas Elecciones Generales. Y su carismático líder que él había admirado por encima de todo se hallaba en paradero desconocido.

En consecuencia Federico que se sentía vitalmente a la intemperie; sin ninguna referencia o doctrina a la que agarrarse, se adentró en un sofisticado edificio que tenía unas puertas de cristal que estaba situado en el centro de la ciudad en el que le dijeron que vivía un hombre muy sabio; un renovador de la sociedad llamado Lewin el cual con sus consejos podría orientarle en su confusa existencia.

De manera que Federico al percatarse de que el conserje estaba ausente y no le podía preguntar, se aventuró a subir con el ascensor hasta el primer rellano en el que se encontró con una cola de gente que esperaban ser atendidos por un facultativo.

-¿Es aquí donde está el señor Lewin? - preguntó a un hombre de edad indefinida que estaba delante suyo.

- No sé. Es la primera vez que vengo aquí - respondió el hombre.

Federico  al cabo de un rato de espera le tocó su turno y se adentró en un consultorio donde había un médico de Medicina General.

- Vaya. Creo que me he equivocado de piso - dijo Federico-. Yo busco al señor Lewin. ¿Le conoce usted?

-No me suena. Pero usted está en un Centro Médico. Y ya que está aquí permita que le haga una revisión - repuso su interlocutor.

Acto seguido el doctor le tomó la tensión arterial, a la vez que le mandaba hacerse una analítica porque intuyó que andaba alto de colesterol.

- Mire. Es importante que usted cuide de su salud, porque si ésta falla toda su vida se resentirá.

Sin embargo como Federico estaba empeñado en visitar a la lumbrera del señor Lewin, apenas hizo caso de las recomendaciones del doctor, y salió de la consulta dispuesto a preguntar a cualquier vecino del inmueble en qué piso estaba aquel hombre. Mas cuando subió de nuevo en el ascensor se encontró casualmente con su viejo amigo de la infancia llamado Roberto que iba al tercer rellano.

-¡Que alegría volver a verte, después de tantos años - le dijo Federico a su amigo dándole un fuerte abrazo-. Por cierto ¿sabes en qué piso vive un tal señor Lewin?

-No, no lo sé. Yo sólo vengo aquí por un recado - respondió Roberto-. ¿Y tu qué haces ahora? ¿Sigues con tu negocio de venta de bolsos?

-¡Ay ya no chico! Con esta crisis económica tan brutal que hemos sufrido he tenido que traspasar la tienda a un Banco! Además el partido politico en el que he militado me ha exigido una entrega total.

Roberto al darse cuenta de lo muy perdido que estaba su viejo amigo quiso echarle un cabo.

- Verás. Yo trabajo de administrativo en una empresa que fabrica cosméticos, y ahora mismo necesitamos a alguien con iniciativa que sepa introducir nuestros nuevos productos en el Mercado. Si quieres yo te puedo recomendar a mi jefe, y si trabajas para nosotros ganarás un buen sueldo más comisión - le propuso.

-¡Huy, ya me lo pensaré! Primero tengo que hablar con ese Lewin que es un tipo fuera de serie.

-Bien. Pero no te lo pienses demasiado, porque hay otros candidatos que desean este puesto. Piensa Fede que si no atiendes a tus intereses económicos, no podrás vivir la vida que quieres.

Federico volvió a subir en el ascensor y distraídamente pulsó el último botón, por lo que éste le subió hasta el ático. "¡Vaya, ahora sí que me he equivocado" - pensó.

Al instante le salió al paso un joven que vestía un chándal, el cual con mucha amabilidad le preguntó:

-¿Viene usted a inscribirse en mi gimnasio?

- Oh, no... Yo busco al señor Lewin. ¿Sabe cuál es su piso?

- No tengo ni idea. Pero si decide hacer ejercício físico este es el lugar adecuado. Aquí tengo los mejores aparatos para su disfrute - le ofreció el joven monitor.

-Bueno, tal vez en otra ocasión.

-Como quiera. Pero piense que el equilibrio físico y mental es el pilar de todo lo demás.

Federico abandonó el ático y bajó al tercer rellano donde se percató que en uno de los pisos que tenía la puerta entornada entraban y salían jóvenes estudiantes sin cesar. Él también entró en aquel lugar y se vió en el interior de una Biblioteca Pública. Y como supuso que allí le podrían informar acerca del sujeto que buscaba, se dirigió a la mesa en la que estaba la bibliotecaria, que era una chica con gafas y le preguntó por dicho personaje.

 

 

 

 

 


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