Recuerdos Húmedos

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El frío de mi cuerpo pide calor, te pide a ti, pide nuestras noches de satisfacción, y como no lo va a hacer, si nuestra última noche juntas represento todos los deseos ocultos y más oscuros que se puedan tener, aún recuerdo con claridad aquella ocasión:

- ¡Sam, quiero coger como si el mundo se acabara en dos horas! – dijiste desde la habitación. No sorprendida por tu espontaneidad, sonreí al imaginar cómo brillaban tus ojos en ese momento, seguro se notaba en ellos el fuego arder y tu piel habrá cambiado de color, de rosa pálido a un tono rojizo haciendo juego con tu cabellera.

- ¡Vamos Sam, que esperas para jugar! – gritaste.

Al entrar en la habitación, te encuentro sentada en el borde de la ventana, con esa sonrisa maliciosa, que hace juego con tu lencería negra, de finos encajes, dejando entrever cada parte de tu piel. Me dirijo hacia a ti, y el juego empieza.

- ¡Esta vez tú serás la sumisa y yo quien de las ordenes, esta noche saciaras mis más oscuros deseos!

- Sí mi Lady, estoy a sus ordenes - respondes.

- ¡Abre las piernas e inclínate hacia atrás, préndete del borde de la ventana y acomódate!  - te ordeno.

Me arrodillo y empiezo a recorrer ese lienzo perfecto, en el cual voy plasmando una y mil veces nuestro encuentro. Mis labios recorren tus piernas y me voy adentrando cada vez más en lo prohibido. Siento como te estremeces y puedo escuchar las notas que provienen desde lo más profundo de tu sexualidad. Me detengo ante la majestuosidad de tu entrepierna, haciendo a un lado con mis dedos esa lencería que me avisa que estoy ante un viaje sin retorno. Mi lengua se posa en tu pelvis rozando los bordes de los labios vaginales, incrementando así tus gemidos y el ritmo de las caderas. Aprovecho el momento e introduzco un dedo en tu vagina, estas tan mojada y caliente, que haces a mi vagina empaparse y gotear. Introduzco otro dedo y te ahogas en un gemido. ¡Ay Apollonia, verte disfrutar me excita aún más!. Con la mano izquierda por encima del bralette agarro tu seno, lo acaricio, estrujo y pellizco el pezón, mientras que mis dedos entran y salen una y otra vez de ti, así mismo mis labios besan tu vientre, conjugando todos los sentidos en uno solo.

- ¡Oh Sam, vamos por favor, no pares, sigue! - Me dices – en tan solo un instante gemidos y gritos se escuchan por doquier llevándote al más primoroso orgasmo! – ¡Fuck Sam!, me destruyes - dices con una sonrisa liviana.

- Vamos, ven a la cama, hay que continuar. Inclínate hacia adelante, arrodíllate y déjame tu esplendoroso cuerpo por detrás, cierra los ojos y respira lentamente – te digo.

Con una pashmina de seda amarro tus muñecas a las barandas de la cama y con otra amordazo tu boca. – esta vez no te vendaré los ojos.

- Alza las caderas que vamos a jugar con el vibrador mariposa – levantas la cabeza y puedo ver como tus ojos se abren y entre dientes suplicas que no lo haga. – Lo siento Apo, pero esta vez yo mando y tu obedeces ¿recuerdas?, pero tranquila, yo también utilizaré uno para que la tortura sea mutua.

¡EMPECEMOS!

Mis labios se posan en tu espalda y puedo ver cómo te erizas, arqueándote y enseñando ese bello culo puesto en cuatro, mis dedos acarician tus pezones mientras mi lengua sube y baja por tu espina dorsal. Ambas estamos tan excitadas que por las piernas chorreamos tan exquisito liquido transparente que permite el desplazamiento de mis dedos sin dificultad entrar y salir en mi vagina masturbándome, entre tanto; con la otra mano apretó tus nalgas, hundiendo mis uñas en ellas. – Suelto la mordaza de tu boca y puedo oírte gemir ¡Ah, Sam, más, por favor! – dices.

- ¡No Apo!, no te vas venir hasta que yo quiera. - y puedo ver como en tu rostro se forma una mueca de frustración, queriendo más.

Acostándome debajo de ti, puedo ver como cuelgan tus tetas y sin más, succiono uno de tus pezones, haciendo que agites las caderas. – Agarro el control del vibrador aumentando la velocidad, inmediatamente tus caderas responden y son un vaivén de movimientos, mi vibrador también esta encendido y el placer hace que te muerda con desmedida lascivia, arrancándote un gemido. Esta vez juego con las velocidades del aparato que sacude y satisface nuestras ganas y nos tiene bajo control, un sube y baja de sensaciones nos dominan, el eco de los gemidos se escucha en la habitación y puedo jurar que los vecinos están escuchando como nos dejamos llevar hasta que sin más nos corremos.

- ¡Sam, mi vagina esta al borde de un colapso sensorial! - dices fatigada.

- Y eso me encanta Apo, vamos que todavía no acaba el juego, falta la mejor parte.

Como la sumisa que eres obedeces y el juego continua. Temblorosa, sin fuerza y sudorosa, te acuesto boca arriba, dispuesta a obtener lo que quiero nuevamente. El vibrador está bien,

- ¡Pero me gustas más tu Apo, y te voy a follar a ti!, así que, desatando tus manos, te giro sobre la espalda, busco tus labios y los beso con desesperación, nuestras lenguas se entrelazan y juegan entregándose la una a la otra.

Me subo en tus caderas, acomodo mi vulva con la tuya, encajan perfectamente y con movimientos circulares se frotan entre si llenándonos de morbo y ganas de más. Después de besos, caricias, mordiscos y saborear tu exquisita vagina - imploras - ¡Vamos, muévete más rápido! - dices. Agarro tu cuello estrujándolo, beso tus pechos saboreando las gotas saladas de sudor que los cubren, muevo mis caderas rápidamente escuchando el sonido del placer humeante. Levanto tu pierna hasta mi cuello, quedas más expuesta ante mí, con movimientos ligeros haciendo fricción en nuestros clítoris y mis dedos entrando y saliendo de ti, siento como nuestros cuerpos se estremecen vibrando al compás, dejándose llevar por el corrientazo que recorre cada parte de nuestro ser, ¡Sam, Sam! me vengo, no puedo más – gimes. Y sin pensarlo te corres en mi vagina, expulsando a chorros una sustancia transparente; mientras mis labios se posan en tu vagina para saborearte y succionar tus fluidos expulsados. - Que rico sabes Apo.

Puedo ver como tu piel esta con ese tono rojizo que asegura una noche de placer, tus labios inflamados de tanto besar, tus pechos rojos y mordisqueados con ligeros morados, y tu vagina hinchada, sensible y húmeda pidiendo una tregua para poder descansar.

Finalmente, bajas las caderas, descansas las piernas, sonríes, suspiras y me besas. Nos acostamos desnudas en la cama, sudorosas, con el olor a sexo impregnado por doquier, quedándonos dormidas en seguida.

Autor: Apollonia.


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