Mi encuentro con una sílfide

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Mis pies ya no responden. El agotamiento es evidente. La sed constante se apodera de mi mente. Ya pasaron tres días. No tengo agua y la muerte está cerca, la siento.

La boca seca, la vista entorpecida, la sensación de desgano, de cansancio le superaba. Mis fuerzas se desvanecen y el siniestro pantano me consume. El calor no ayuda, los mosquitos ya pasan de mí o quizá ya ni los siento. El olor es nauseabundo.

Me dejo caer de rodillas y me desplomo. Estaba boca arriba contemplando el lugar que se convertiría mi tumba. Es gracioso; me fugué de la prisión para escapar de un agujero repugnante y acabaré aquí en otro agujero repugnante.

Su rostro intentó dibujar una sonrisa, casi imperceptible. De pronto vio entre la maleza, una luz brillante. Sus ojos se abren y se incorpora tratando de ver con más claridad que era aquello.

—¿Qué es eso? ¿Luces? No, muy clara para ser personas ¿Me estarán buscando? —Piensa en gritar lo más fuerte que pudo, pero ahoga el grito.

«¿Y si me devuelven a prisión? No, debo esperar. No pienso volver a ese agujero de gusanos, pero... agua, necesito agua» Se debatía entre una vida de encierro o la muerte. Ninguna de las dos le agradaba. La luz comenzó a crecer en intensidad, se estaba acercando.

—¡Por dios! —Exclamo— ¡es una belleza! La más hermosa que he visto.

No podía apartar la mirada, aunque quisiera. La criatura de una belleza única, flotaba y se desplazaba con elegancia. Tenía alas, eran transparentes y se escondían entre el cabello rubio, que caía con libertad.

Levanto un brazo, un breve momento. Al parecer capto la atención de la criatura. Puedo verla de cerca. Veo su rostro, tan cálido, joven e inocente. Es el rostro de una mujer.

 —Una mujer —repite recordando un alijo de placer.

 ¿Cuánto hace que no poso mis labios sobre la piel aterciopelada? ¿y mis manos recorrer el cuerpo de una mujer?

La criatura me mira con un rostro inexpresivo. En realidad parecía feliz, le pedí ayuda, intento pedirla, pero ella no hablaba, emitía una sonido, como una música para el alma, pero no le entendía.

Ya no sé cuánto tiempo hace que estoy aquí, en el pantano, ya no distingo lo real ¿Acaso estoy soñando? La risa lo invadió nuevamente

«¿Acaso el remordimiento se personificó en una mujer? ¿Acaso el deseo y mi pasado se convirtieron en una idea de esperanza con bello rostro?»

La criatura emite ese canto como si estuviera en la lejanía. Es un sonido tranquilizador, terapéutico. Ella vuela alejándose varios pasos y un haz de luz surge de ella. De las aguas del pantano, surgieron espirales de agua que, forman un ser de agua pura y cristalina.

El ser elemental envuelve al joven inundándolo de frescura. Siente como el agua lo rodea y lo moja. Está fresca, muy fresca, el alma le vuelve al cuerpo. Es como estar en una pileta, pero en el piso. El ser se desmaterializa lentamente y la sílfide le entrega una carmañola llena de agua y se alea entre los árboles del pantano.


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